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“En la hora del miedo, en ti confío” (Sal 55)

En los momentos de miedo, de peligro o de angustia, ¿qué puede hacer el hombre inerme frente a las amenazas de sus aguerridos adversarios? Sólo puede confiarse a Dios y confiar en Su auxilio, superior a todos los demás, porque tiene el primado sobre toda la Creación. Es la situación que está viviendo hoy gran parte de la humanidad, que ha rechazado al verdadero Dios por “libre” elección; pocos tienen la suficiente fe para invocarlo en una sociedad como la nuestra, en evolución hacia la apostasía, la anarquía y el caos. El joven David, armado con la honda, pudo vencer al gigante Goliat, armado hasta los dientes, porque tenía de su parte a Yahveh, el Dios Omnipotente.

Del Evangelio se aprende que cuando el dueño de la viña, al final de la jornada de trabajo, entrega el salario a los obreros, recompensa con la misma moneda a los de la última hora como a los de la primera, los cuales protestan, considerando injusto su actuar (cfr. Mt 20, 1-16). Es fácil que le suceda así todavía hoy a la humanidad, que, frente a los eventos apocalípticos, decida inclinarse por la parte del más fuerte, esto es, por la parte de Dios, que no rechaza nunca a nadie, a excepción de aquellos que quieren permanecer hasta el final con satanás.

Sabiendo, sin embargo, que Dios nos ama inmensamente y que envió a su Hijo Jesús a salvarnos, mediante Su Pasión, Muerte y Resurrección, estamos tentados tal vez de aprovecharnos de Su Misericordia, cuando retrasamos a menudo a mañana los buenos propósitos de conversión y de reconciliación, corriendo el riesgo de pedir perdón fuera del límite de tiempo.

Hoy, el gran riesgo para los creyentes es este: en el clima de presunción, de optimismo y de buenismo acerca de los últimos tiempos, se es propenso a negar el justo valor a muchos signos sobrenaturales presentes en el mundo, dirigidos claramente a preparar a la humanidad a afrontar los últimos tiempos.

Muchos hombres de Iglesia, siguiendo la estela del Concilio, han crecido en semejante clima de indiferencia y ambigüedad, de modo que ponen en duda incluso los milagros evangélicos, la presencia real de Jesús en la Eucaristía y Su misma divinidad, con mal disimuladas simpatías hacia Lutero y los protestantes…

Estamos también a la espera de algunas novedades acerca de la Eucaristía, que podrían provocar un cisma en la Iglesia, por ahora sólo solapado.

La Fe combate y elimina el miedo 

Hemos entrado ya en los últimos tiempos, que pocos reconocen porque los medios de comunicación no hablan de ello, y se tiene la impresión de que esté prohibido hablar de ello, según el pensamiento único dominante.

Según un criterio cronológico, los acontecimientos futuros podrían desarrollarse de la siguiente manera:

a) Diferentes combates irreparables en las altas esferas causarían un doloroso cisma en la Iglesia.

b) Presencia al mismo tiempo de dos Papas (de los cuales uno emérito) en la cima de la Iglesia.

Estos acontecimientos se desarrollarán, de todos modos, con diferentes variantes, según la respuesta de la gente y del juicio de Dios, el único capaz de resolver con justicia nuestros problemas. Los “grandes” del mundo se creen que pueden dominar los acontecimientos, mientras que todo está bajo el control de Dios, que intervendrá en el momento oportuno para alterar sus planes: lo que parecía preparado para el movimiento decisivo y victorioso se convertirá para los secuaces de satanás en su definitiva derrota.

Estos acontecimientos descritos aquí y allá en las profecías bíblicas, pero ignorados por los exegetas modernos, según la prudencia cristiana deben en cambio tenerse presentes para poderlos afrontar en el momento oportuno. Este comportamiento “indiferente” de las autoridades religiosas y laicas induce a la sospecha de un pecado de omisión por parte de los responsables que tienen en cambio el deber de informarnos y de no obstaculizar a aquellos que tienen la responsabilidad moral de avisar al pueblo de Dios.

Es evidente que, siguiendo las pistas del texto manipulado del Tercer Secreto de Fátima, publicado el 26 de junio del 2000, los hombres de la Jerarquía, autores de las manipulaciones, se ven obligados a continuar en el equívoco, generando confusión en los creyentes, cuando estos en cambio tendrían el derecho de conocer la verdad.

Esperamos una respuesta del cielo

La condición psicológica de los creyentes, más o menos reprimida, no es tanto la de la resignación pasiva frente a las mentiras sugeridas por el Maligno, sino más bien la espera paciente de una respuesta del Cielo al gran sufrimiento de la Iglesia, la Esposa de Cristo, claramente “ocupada por los enemigos”.

Las personalidades “más informadas” sobre las profecías modernas son sin duda aquellos “altos prelados” que han manipulado en el Vaticano el verdadero Tercer Secreto de Fátima, soltándonoslo como el texto genuino depositado en el Vaticano por Sor Lucía, antes de los años 50. Varios expertos, cultores y devotos de Fátima, con hipótesis convincentes, exponiendo sus argumentos en diferentes publicaciones, han declarado que el texto oficial validado por el Vaticano en el 2000, no puede ser el texto completo del Tercer Secreto. Al ser imposible aquí citar ni uno solo de los argumentos aportados por los diferentes autores, podemos referirnos simplemente a un dato práctico pero significativo: un texto de inestimable valor histórico y religioso, esperado con extremo interés desde hace más de cuarenta años en todo el mundo, “revelado” en junio del 2000, incompleto y manipulado, ha sido muy poco comentado por parte del clero, que se ha sentido engañado por un texto “inverosímil”.

La pregunta más lógica, que circulaba inmediatamente tras la publicación del texto fue la siguiente: “¿Era acaso necesario esperar cuarenta años para conocer este secreto?”.

Una falsedad histórica que pesa aún hoy sobre los hombres de poder y sobre la sociedad a nivel mundial y que ofusca la credibilidad de los exponentes más cualificados de la Iglesia católica. Es necesario implorar al Cielo para que use clemencia en sus proyectos de Justicia: el engaño de estos hombres – vendidos al Maligno y en el saco de los dominadores de este mundo tenebroso – corren el riesgo de perdición eterna y necesitan nuestras oraciones para inducirles a convertirse.

Los exponentes de la Jerarquía y sus amigos políticos de alto rango, de diferentes nacionalidades, que, por vías confidenciales, conocen el verdadero texto del Secreto tienen la obligación moral de darlo a conocer al mundo, para evitar para sí mismos la condenación eterna y para la entera humanidad atenuar las catástrofes.

El mal difundido en todos los sectores privados y públicos está superando toda medida y es considerado hoy una condición normal de nuestra sociedad, por lo que ya nadie lo condena; se está cumpliendo la profecía bíblica de Isaías: “¡Ay de vosotros que llamáis mal al bien y bien al mal!” (Is 5, 20).

Lo más grave desde el punto de vista moral es esto: al haber marginado a Dios y el Decálogo, ya no hay freno a la inmoralidad, a la corrupción, a la injusticia: vamos hacia la desesperación, la catástrofe, el caos, la autodestrucción.

Si las perspectivas futuras del mundo son por lo menos catastróficas, es también verosímil que ninguna autoridad política o religiosa nos advertirá, sino que serán los acontecimientos mismos y los signos del Cielo los que nos despertarán del torpor de la indiferencia y de la apostasía.

Si no existiera la viva esperanza, que en la perspectiva cristiana se convierte en certeza, de la intervención de Dios en el momento decisivo, la humanidad estaría perdida.

Fe, fiducia y confianza 

El don de la Fe, que nos ayuda mucho a vivir en nuestro tiempo, es un gran tesoro que debe custodiarse celosamente para enriquecerlo y testimoniarlo. Un tesoro que debe defenderse contra todos los enemigos que lo insidian: un don precioso especialmente para los jóvenes insertados en una sociedad cada vez más corrupta y guiada con todos los medios hacia la desesperación y la muerte, por medio de las discotecas, la droga, el alcohol, el sexo, la corrupción, las mafias, el ocultismo, las doctrinas orientales, las sectas secretas, el espiritismo, el satanismo, la astrología, el juego, etc.

Si nos dirigimos hacia la época delineada por las Escrituras proféticas, deberemos estar relativamente “cercanos” a los tiempos descritos por San Pablo en la primera Carta a los Tesalonicenses, en la que se lee:

“Con respecto a los tiempos y a los momentos, hermanos, no tenéis necesidad de que os escriba: en efecto, sabéis bien que el día del Señor vendrá como un ladrón en la noche. Y cuando la gente diga: “Hay paz y seguridad”, entonces, de improviso, caerá sobre ellos la ruina, como los dolores de una mujer encinta, y no podrán huir. Pero vosotros, hermanos, no estáis en las tinieblas, de modo que aquel día pueda sorprenderos como un ladrón. En efecto, sois todos hijos de la luz e hijos del día; nosotros no pertenecemos a la noche ni a las tinieblas. No durmamos, pues, como los demás, sino vigilemos y seamos sobrios” (1 Tes 5, 1-6). En este fragmento se pueden advertir al menos tres elementos esenciales:

a) “Paz y seguridad” serán proclamadas en el tiempo en el que Jesús intervendrá para salvar a la humanidad, esclava de los adeptos de satanás.

b) Los hijos de la luz no serán engañados por la mentira como los hijos de las tinieblas, sino protegidos por los ángeles del Señor y destinados a repoblar la tierra.

c) Los elegidos no duermen como los demás, sino vigilan, permaneciendo despiertos y sobrios a la espera del Señor, que vendrá de improviso, como el ladrón de noche, cuando menos te lo esperes.

El gran silencio sobre las profecías de los últimos tiempos no será muy probablemente roto por las autoridades religiosas, que, más bien, lo impondrán, pero ni tan siquiera por las autoridades políticas que ejecutarán las órdenes emanadas por el Gobierno Único Mundial, que está a la cabeza de una élite exclusiva identificada con los máximos exponentes de las Finanzas mundiales (Mammona).

Política, religión, finanzas, ejército, diplomacia, servicios secretos, medios de comunicación, internet, etc. son medios indispensables para dominar el mundo: si hoy existen aplazamientos o retrasos en la actuación del gran proyecto mundialista, está claro que no todos los gobiernos están de acuerdo sobre semejante proyecto.

Por tanto, asistiremos en el futuro a los probables efectos colaterales de semejante ambicioso proyecto, que debe actuarse por todos los medios: golpe de Estado, dimisiones forzadas, asesinato de políticos, separación misteriosa de líderes prestigiosos, atentados terroristas, raptos, chantajes, etc.

¡Las nuevas generaciones las verán de todos los colores, pero habrá también una gran movilización de los medios de comunicación a favor del Gobierno Único Mundial, con el chantaje artificioso de la crisis económica, la imposición obligatoria del microchip, el multiplicarse de las calamidades naturales, de las epidemias, del hambre, de las amenazas nucleares!

En esta situación de dimensiones globales, ¿hay quizá algún punto débil?

Cristo, Apocalipsis, apostasía, rechazo de Dios, crisis moral, etc. se oyen raramente en las noticias periodísticas a las que estamos acostumbrados: ¿por qué no se habla nunca de estas cosas?

El silencio general acerca de los últimos tiempos excluye totalmente el problema del más allá, acerca de la salvación eterna de las almas: es señal de que los dueños de este mundo están preparando el gran golpe, intentando tomar desprevenidos a los creyentes en Jesucristo Salvador. ¡Es un silencio culpable! 

Si por casualidad algún “ingenuo” se refiere a un tema inherente a la Iglesia católica o al Evangelio es acallado inmediatamente y considerado un zombi. Dios y el Decálogo han desaparecido en pocos años del léxico.

Desde hace muchos años, el Cielo ha prometido una señal que llamará a todos los hombres a la conversión al verdadero Dios, antes de la catástrofe final. Será una señal grandiosa e inequívoca de la presencia del verdadero Dios.

Marco

(Traducido por Marianus el eremita)




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Mateo 5,37: "Que vuestro modo de hablar sea sí sí no no, porque todo lo demás viene del maligno". Artículos del quincenal italiano sí sí no no, publicación pionera antimodernista italiana muy conocida en círculos vaticanos. Por política editorial no se permiten comentarios y los artículos van bajo pseudónimo: "No mires quién lo dice, sino atiende a lo que dice" (Kempis, imitación de Cristo)

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