En Roma se celebrará una conferencia para restablecer la claridad teológica mariana


Virginia Coda Nunziante explica que el encuentro a celebrarse en octubre se aunarán doctrina y devoción reafirmando la cooperación singular de la Santísima Virgen en la salvación y su perenne lugar en la vida católica.

Virgen con el Niño Jesús en un nicho de la fachada de una iglesia romana, con elementos renacentistas y barrocos

Edward Pentin

El mes entrante tendrá lugar en Roma una importante conferencia con el objeto de ratificar la singular función de la Santísima Virgen María en la economía de la salvación y ayudar a los fieles a perfeccionarse en su devoción a la Madre de Dios.

La conferencia, titulada De Maria nunquam satis (todo lo que se diga de María es poco) se celebrará los días 7 y 8 de octubre. En ella se reflexionará sobre el misterio mariano en la doctrina, el culto y la historia.

Entre los ponentes figurarán el cardenal Raymond Burke, el cardenal Gerhard Müller, el teólogo pontificio dominico P. Wojciech Giertych y el mariólogo alemán Manfred Hauke.

La finalidad del encuentro es «arrojar luz enlazando doctrina y vida de piedad», poniendo de relieve que, como decía San Bernardo de Claraval, «Nuestra Señor abre amplios horizontes a la sabiduría y la misericordia de Dios», explica Virginia Coda Nunziante, una de los organizadores.

En la entrevista que nos concedió el pasado día 3 al National Catholic Register, Coda Nunziante, presidenta de la asociación pro vida italiana Famiglia Domani y creadora de la Marcha por la Vida que se celebra anualmente en su país, nos da más detalles sobre el encuentro y explica que la intención no es provocar controversia a raíz de la degradación de títulos marianos efectuada el año pasado, que tanta polémica ha suscitado.

Según explica, la intención del encuentro es restablecer la claridad teológica en torno a María, recalcando que la devoción mariana «no es un adorno opcional en la vida católica, sino una dimensión intrínseca de ésta». Coda Nunziante alberga la esperanza de que en estos tiempos de tanta vaciedad espiritual cada uno de los asistentes descubra «la manera en que Dios dispuso que María participase en la obra de la salvación, que la Iglesia siempre la ha honrado y que recurrir a Ella ayuda a seguir a Cristo más de cerca cada día».


Virginia, ¿por qué nos hace falta en estos momentos una conferencia como De Maria nunquam satis, y cómo surgió la idea?

Surgió de la iniciativa de varias asociaciones católicas y de particulares deseosos de homenajear a la Santísima Virgen María. Vivimos unos tiempos en que la figura de Nuestra Señora está en peligro de ser marginada en la reflexión teológica y la vida espiritual, en tanto que su misión exclusiva en la historia de la salvación queda a veces menguada o eclipsada. Por eso, nos pareció necesario reiterar de forma clara y serena la singular cooperación de la Madre de Dios en la obra redentora y devolverle el lugar que le corresponde en la vida de la Iglesia.

La conferencia, que tendrá lugar los días 7 y 8 de octubre en el Pontificio Instituto Patrístico Agustinum de Roma, no tiene por objeto culminar una reflexión, sino servir de punto de partida. Tenemos la esperanza de que contribuya a suscitar un auténtico movimiento mariano capaz de integrar a sacerdotes, religiosos y laicos en un compromiso común para conocer, amar y promover la devoción a María.


Decía San Bernardo de Claraval que la devoción a María es inagotable y siempre oportuna. ¿De qué manera aspira este próximo encuentro a recuperar la centralidad que le dio el Doctor Melifluo?

Desde luego, la reunión toma su nombre de la máxima tradicionalmente atribuida a San Bernardo. Todo lo que se diga de María es poco. Expresa la convicción de que por mucho que se reflexione sobre la Virgen, siempre se podrá descubrir más, y de que siempre es oportuno hacerlo. La frase bernardina recoge la perspectiva tradicional de que la misión de la Madre de Dios con relación a Cristo y a la Iglesia abre sin cesar nuevos horizontes a la Fe.

En sentido estricto, no se trata de rehabilitar a San Bernardo, porque sus enseñanzas son parte permanente del legado espiritual de la Iglesia. La idea es más bien devolverle la visibilidad que parece haber perdido hoy. La mariología de San Bernardo es hondamente cristocéntrica: María no se queda nada para Sí misma, sino que nos conduce a Cristo. Precisamente por esa razón afirma el santo que Dios dispuso que nada nos venga sin pasar antes por las manos de su Madre.


Últimamente ciertas autoridades eclesiásticas han tratado de menoscabar los ancestrales títulos marianos de Corredentora y Mediadora. ¿Qué expectativas tiene para el encuentro en lo que se refiere a rectificar tal doctrina?

La conferencia no tiene como fin fomentar polémica, sino recuperar la claridad litúrgica. Las palabras pueden ser objeto de minuciosas matizaciones y prudente debate, pero tampoco podemos empañar la realidad doctrinal que expresan. Cristo es el único Redentor y el único Mediador necesario entre Dios y los hombres; pero eso no quita que la Virgen María esté asociada a Él en la obra redentora. La cooperación de María es totalmente subordinada; depende de la de Cristo y se deriva de ella. Con todo, es efectiva, auténtica, singular y universal. Lo que nos proponemos no es contraponer a Cristo y María, sino demostrar que la grandeza de Ella manifiesta la eficacia de la gracia de Dios.

Por lo que respecta a María Mediadora, no podemos menos que recordar que en 1921 Benedicto XV instituyó un propio de la Misa para dicho título y fijó su conmemoración el 31 de mayo. Eso quiere decir que en la tradición teológica, mariológica y popular ya se había aceptado ese privilegio mariano en la vida de la Iglesia.


Usted ha afirmado que la mariología «sigue siendo uno de los ámbitos más ricos y fructíferos de la teología católica, pues cada privilegio y virtud de la Virgen abre nuevos horizontes de la sabiduría y misericordia de Dios» . ¿En qué forma espera que la conferencia explore dicho tema y arroje nueva luz en ese sentido?

El congreso se ha organizado con miras a estudiar la mencionada riqueza en dos niveles complementarios:

• Dogma y Magisterio (1er día): doctrinas fundacionales que revelan quién es María en el plan de Dios.

• Culto, devoción e historia (2º día): cómo ha rezado, honrado y entendido a la Virgen la Iglesia a lo largo de los siglos y en las diversas culturas.

Este doble planteamiento se propone arrojar nueva luz vinculando la doctrina con una vida de piedad. Por ejemplo, relacionando la Inmaculada Concepción con la escuela romana de teología, la Asunción con la esperanza esjatológica o Fátima con la teología de la historia. El resultado es una mariología no abstracta, sino iluminada por la experiencia concreta de la Iglesia en la intercesión y el ejemplo de María.

Al asociar conceptos dogmáticos (maternidad divina, Inmaculada Concepción, Asunción) con estudios históricos y devocionales (la escuela francesa de espiritualidad, Fátima, la devoción en Hispanoamérica), los organizadores se proponen demostrar que todo privilegio y virtud mariana «abre amplios horizontes a la sabiduría y la misericordia de Dios», tal como sugería la intuición de San Bernardo.


¿Cómo puede ponerse más de relieve la función que cumple Nuestra Señora en la salvación y su singular ejemplo para la humanidad, tan necesitada hoy en día de descubrir el camino al trascendente amor de Dios?

En primer lugar, hay que volver a hablar de María en la predicación, la catequesis y la vida de familia, restablecer la centralidad de las festividades marianas, de los santuarios de la Virgen, el Rosario y la consagración a su Inmaculado Corazón. Eso sí, la devoción hay que nutrirla con una sana doctrina, porque sólo así se puede evitar el sentimentalismo y puede convertirse en una fuerza capaz de transformar vidas.

La conferencia aspira a restituir la unidad entre doctrina y devoción, entre la contemplación de los privilegios marianos y la vida cristiana. Una mariología auténtica siempre ayuda a profundizar en el conocimiento de Cristo; pero el misterio de Cristo tampoco se puede entender plenamente sin contemplar la misión de la Madre que Dios le ha asociado de modo inseparable.

En los momentos más oscuros de la historia los cristianos siempre han dirigido la vista a la Stella maris y el Auxilio de los cristianos. El mensaje de Fátima todavía nos llama a la oración, la penitencia y la conversión, y termina con una promesa de victoria: «Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará».


¿Qué es lo que más espera que puedan afirmar los asistentes al final del encuentro que han aprendido sobre Nuestra Señora, Cristo y su Iglesia?


En su célebre Tratado de la verdaderadevoción a la Virgen María, San Luis María Griñón de Monfort dice lo siguiente haciéndose eco de San Bernardo: «Es, por tanto, justo y necesario repetir con los santos: de Maria nunquam satis: María no ha sido aún alabada, ensalzada, honrada y servida como debe serlo. Merece mejores alabanzas, respeto, amor y servicio». Si al final de dos jornadas tan plenamente marianas, los asistentes y los ponentes vuelven a casa con un amor más profundo y sincero a Nuestra Señora que transforme su vida diaria, la conferencia habrá cumplido su objetivo.

Enseñan los santos que no hay que elegir entre Cristo y María, porque Ella existe totalmente para Cristo y conduce infaliblemente a Él. Tengo la esperanza de que quede claro que la devoción mariana no es un adorno opcional en la vida católica, sino una dimensión intrínseca de ésta.

En resumen, el resultado ideal será que cada uno de los asistentes pueda decir: «Ahora entiendo mejor la manera en que Dios dispuso que María participase en la obra de la salvación, que la Iglesia siempre la ha honrado y que recurrir a Ella me ayuda a seguir a Cristo más de cerca cada día».

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