Francisco ha querido recibir esta semana, el pasado 1 de marzo, a un peculiar grupo político aconfesional francés llamado “Peces rosas” – Poissons roses. “Rosa”, en la cultura actual, quiere decir e insinuar muchas cosas… en Francia, también significa que se trata de socialistas. Esos “peces rosas” constituyen un grupo político naciente de izquierda que, en la carta solicitando la audiencia, declaró sin tapujos su intención de “ser fortificados en su actuación” (La Croix, 16 de febrero de 2016).

Lo curioso –si es que a estas alturas estas cosas pueden sorprender a alguien– es que Francisco ha querido fortificarlos manifestando un apoyo claro, ostensivo… en una palabra, escandaloso. Para este grupo de presión estaban previstos 30 minutos, pero la audiencia se ha prolongado durante una hora y media, el triple de lo programado. Para Macri, presidente elegido democráticamente en su país de origen, “22 minutos y con gesto frío” (El País, 27 de febrero de 2016).

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Este movimiento afirma ser “socialistas y papistas” pero no católicos (La Croix, 16 de febrero de 2016). ¿Lo de papistas es por Francisco o servirá para otros papas como Pío XII, Juan Pablo II, Benedicto XVI o los que estén por venir? Habrá que verlo…

Según las declaraciones a la prensa de los dirigentes de “Peces rosas”, Francisco les habría dicho: “Estoy contento de este encuentro porque vosotros me traéis aire fresco” (Zenit, 2 de marzo de 2016). ¿Cuál es ese aire fresco color rosa? ¿Que hay detrás de las escamas de esos peces?

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Según el programa oficial de ese naciente grupillo, todo niño adoptado debe tener prioridad para serlo por una familia constituida de un hombre y una mujer; es decir no descartan adopciones por “parejas de hecho”. Pero el fundador, Philippe de Roux pondera “que las personas homosexuales son una riqueza para todos”; según él los problemas de los desvíos sexuales deben ser resueltos saliendo de las “discusiones religiosas” (Direct Matin, 11 de septiembre de 2012).

Las ideas de esos “peces” están lejos de las enseñanzas del Catecismo, según el cual:

  1. La homosexualidad es una “inclinación, objetivamente desordenada” (2358).
  2. “La Tradición ha declarado siempre que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso” (2357)
  3. La Sagrada Escritura “los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10)” (2357).
  4. “Las personas homosexuales están llamadas a la castidad” (2359).

Tal vez Francisco con su proverbial falta de memoria, “no recuerda” lo que dice el Magisterio sobre la homosexualidad. Para ayudarle en su ministerio, aquí le ponemos el enlace de un estudio nuestro sobre el tema: http://denzingerbergoglio.com/quien-soy-yo-para-juzgar/2/