Uno de los textos de prueba que los protestantes citan muy a menudo para defender su doctrina de sola fide -que estamos justificados sólo por la fe- es Efesios 2 8-9. Así es como se lee en la Escritura:

Porque habéis sido salvados gratuitamente por la fe; y esto no viene de vosotros, es el don de Dios; tampoco viene de las obras, para que ninguno pueda gloriarse.

El tema de la justificación es ciertamente muy extenso y complejo, tiene una gran cantidad de matices, y envuelve un gran número de textos de las Escrituras; por lo tanto, para esta publicación, me voy a limitar a éste texto en Efesios y mostrar (1) que no es suficiente como un texto de prueba para establecer sola fide; (2) que es completamente consistente con el entendimiento católico de justificación, como se desarrolla en el Concilio de Trento. En otras palabras, los protestantes no deberían continuar mencionándolo como si los católicos no fueran conscientes de este versículo y se sintieran inquietos o desmentidos por él.

De hecho, un gran problema con el enfoque de probar a través de los textos de la Biblia, es que es fácil encontrar versículos que podrían mencionarse para probar algo muy diferente. Por ejemplo, 1 Pedro 3 21 dice, “el bautismo os salva”.  Santiago 2 24 anota: “con las obras se justifica el hombre y no con (aquella) fe sola”. Nadie lee estos textos y trata de establecer una doctrina de justificación solamente por el bautismo, o por las obras. De la misma manera, también es falso leer Efesios 2  8-9 como si estuviera enseñando la fe sola. Si tú pruebas un texto de esta manera,- si se leen pasajes aislados de todo el testimonio de las Escrituras, sin mencionar que estén aislados incluso de su propio contexto – rápidamente te equivocarás grandemente.

A los católicos se les acusa frecuentemente de creer en las obras de la salvación –que puedes trabajar tu camino al cielo, que tus trabajos pueden ganarte la salvación. Pero de hecho, este tipo de ideas fueron condenadas como herejías en el Concilio de Trento.  (Fueron condenadas mucho antes en la historia de la Iglesia también, en el Concilio de Cartago y en el Concilio de Éfeso. El Decreto de Trento con respecto a esta justificación se puede encontrar aquí).

Canon 1. Si alguien dice que el hombre puede ser justificado ante Dios por su propio trabajo, ya sea por sus propios poderes naturales o a través de la enseñanza de la ley, sin la gracia divina o por medio de Jesucristo, que sea anatema.

Es solamente “por la gracia divina por medio de Jesucristo” que somos capaces de hacer buenas obras.  Y Trento también dice que la justificación comienza sólo a partir de “la gracia predispuesta de Dios”, que nos llama “sin ningún mérito” propio (Cap. 5).  Así, cuando san Pablo escribe a los Efesios que: “porque que habéis sido salvados gratuitamente por la fe, y esto no viene de vosotros, es el don de Dios”, que es totalmente consistente con las enseñanzas de la Iglesia en Trento.

Pero justificación, en el entendimiento católico, no comienza y termina allí.  Es un proceso que puede ser dividido en las siguientes etapas:

  • Justificación inicial, que tiene lugar en la conversión a la fe cristiana.
  • Justificación continua, que se produce cuando una persona crece en la fe, en las buenas obras y en justicia.
  • Justificación final, que se lleva a cabo en el juicio final en el último día.

(Esta es la razón del porqué la respuesta correcta a la pregunta “¿usted es salvo?” es: “Yo he sido salvado; estoy siendo salvado; espero ser salvado”.  Es un proceso; san Pablo dice, en Filipenses 2 12 “obrad vuestra salud con temor y temblor”).

Las obras (es decir, las obras de caridad, no las obras de la ley) tienen un papel necesario en nuestra justificación continua –por ellas aumentamos en justicia- pero ellas no nos ganan de ninguna forma la salvación: esto no es enseñanza católica, no trabajamos nuestro camino hacia el cielo.

Y así, cuando Pablo les dice a los Efesios que son salvados “por gracia” y “no por las obras”, se entiende adecuadamente que está hablando de nuestra justificación inicial.  Para ver que esto es así, es necesario regresar unos versículos, a Efesios 2 1 y leer el contexto completo.

También vosotros estabais muertos por vuestros delitos y pecados, en los cuales en otros tiempos anduvisteis conforme al curso de este mundo, conforme al príncipe de la autoridad del aire, el espíritu que ahora obra en los hijos de la incredulidad.  Entre ellos vivíamos también nosotros todos en un tiempo según las concupiscencias de nuestra carne y de nuestros pensamientos; de modo que éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.  Pero Dios que es rico en misericordia por causa del grande amor suyo con que nos amó, cuando estábamos aún muertos en los pecados, nos vivificó juntamente con Cristo –de gracia habéis sido salvados- y juntamente con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús, para que en las edades venideras se manifieste la sobreabundante riqueza de su gracia mediante la bondad que tuvo para nosotros en Cristo Jesús.  Porque habéis sido salvados gratuitamente por medio de la fe; y esto no viene de vosotros: es el don de Dios; tampoco viene de las obras, para que ninguno pueda gloriarse.

Pablo aquí está hablando del tiempo antes de nuestra conversión, cuando todavía estábamos muertos en nuestros pecados.  En ese momento, Dios por medio de su gracia nos da vida en Cristo, sin ningún mérito o trabajo de nuestra parte.  Eso es lo que el Concilio de Trento enseña:

El santo concilio declara en primer lugar, que para un correcto y claro entendimiento de la doctrina de justificación, es necesario que cada uno reconozca y confiese que dado que todos los hombres habían perdido la inocencia en la prevaricación de Adán, habiéndose convertido en impuros, y, como dice el Apóstol, por naturaleza hijos de ira, como se ha establecido en el decreto sobre el pecado original, que eran hasta ahora los esclavos del pecado, y bajo el poder el diablo y de la muerte, que no sólo los gentiles por la fuerza de la naturaleza, sino que ni siquiera los judíos por la propia letra de la ley de Moisés, fueron capaces de ser liberados o de elevarse de ahí, a pesar del libre albedrío, debilitados como estaban en sus poderes y doblados en descenso, de ninguna manera fue extinguido en ellos. (Cap. 1)

En este capítulo (y los inmediatos siguientes) hablan de la etapa precisa en la vida cristiana a la que Pablo se está dirigiendo. Pero la justificación no termina ahí, sólo comienza allí. Y los que citan Efesios 2  8-9, como si se tratara de un texto de prueba para la sola fide no deben dejar de lado el versículo 10:

Pues de Él somos hechura, creados (de nuevo) en Cristo Jesús para obras buenas que Dios preparó de antemano para que las hagamos

Las buenas obras son para lo que la gracia de Dios nos salva. Es sólo mediante la comprensión de la justificación como un proceso, no un evento de una vez y para todo, que podemos reconciliar Efesios 2 con Romanos 3 con Santiago 2 con 1Pedro 3. Cuando Santiago 2 24 nos dice que somos salvados por las obras y no solo por la fe, Santiago está hablando de nuestra justificación continua, después de nuestra conversión inicial: su tema es el crecimiento en justicia.

Somos salvados por la fe, somos salvados por gracia, somos salvados por el bautismo, somos salvados por las obras –pero no somos salvados por ninguno de ellos por sí sólo. Efesios 2 nos da sólo una parte de la pintura, y por esa razón no es un texto de prueba para sola fide.

Publicado por Scott Eric Alt

[Traducción Rocío Salas. Artículo original]

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