CORRISPONDENZA ROMANA

¿Ha sido inútil el coloquio del 7 de abril?

¿Pero ha sido verdaderamente inútil el acuerdo del 7 de abril, como escribe con condescendencia el “Avvenire” del día siguiente? Ciertamente, si el “Avvenire” no merece ser tomado en serio por nadie, no puede decirse lo mismo de John L. Allen, que es un vaticanista serio, aunque orientado en un sentido progresista. Allen escribe en la “Croix” del 8 de abril que sí cabía esperar del evento la corrección fraterna al Papa mientras “los seis breves puntos de la declaración final se limitaron a refutar las enseñanzas de Amoris Laetitia“. Por otra parte, “la declaración no lleva la ninguna firma específica, sino que es hecha en nombre del ´Pueblo de Dios´“.(https://cruxnow.com/news-analysis/2018/04/08/can-summit-derail-just-dont-look-strategy- on-amoris-critics/).

Lo máximo que se le puede conceder a Allen es que la declaración final del convenio del 7 de abril fue un mensaje extremadamente débil, que no solo no agregó nada de nuevo sino que parecía un paso atrás respecto a otra importante iniciativa como la “Profesión de las verdades inmutables respecto al matrimonio sacramental” promovida a inicios de año por tres obispos de Kazakhistan (a los cuales se unieron otros siete obispos), pero no para hablar de la Correctio filialis de 2017. Pero la participación de dos Cardenales en la reunión -Raymond Leo Burke y Walter Brandmüller- ha estado lejos de ser inútil y no debería ser subestimada, porque desmiente a quien pensara que, después de la dubia, ellos se hubiesen prácticamente retirado del campo de batalla. La corrección pública que muchos esperaban no se produjo, pero la intervención de dos Purpurados, como la del Obispo Atanasio Schneider, fueron de alto nivel y públicamente confirmaron la legitimidad de la resistencia a una autoridad eclesiástica que traiciona su misión. El Cardenal Burke, en particular, ha demostrado que “como demuestra la historia, es posible que el Romano Pontífice, ejercitando la plenitud del poder, puede caer en herejía o en el abandono de su primer deber de salvaguardar y promover la unidad de la fe, del culto y de la disciplina.”

Esta toma de posición es importante porque la publicación del estudio de Arnaldo Xavier da Silveira, Hipótesis teológica de un Papa hereje (Solfanelli, Chieti 2016), no fue apreciada por algunos teólogos, convencidos de que un Papa nunca puede caer en la herejía. El Cardenal Burke ha demostrado como la tradición teológica y canónica de la Iglesia dice exactamente lo contrario: un Papa puede caer en herejía y debe ser públicamente corregido. No es necesario que la corrección sea hecha por los Cardenales, la misma puede provenir de cualquier fiel bien formado. El Cardenal Walter Brandmüller ha puesto énfasis, basándose en el Cardenal Newman, en la importancia del “sensus fidei” de cada bautizado. “También podrá, positivamente, ser capaz de una visión más profunda de la verdad revelada, de una compresión más clara y de una profesión de fe más fuerte y ,negativamente, podrá actuar como una suerte de sistema inmune espiritual, que hace reconocer y refutar instintivamente a los fieles todo error. Sobre este “sensus fidei” por lo tanto se apoya también – al margen de la promesa divina- la infabilidad pasiva de la Iglesia, es decir, la certeza de que la Iglesia, en su totalidad, no podrá jamás incurrir en una herejía.”

Por su parte, Mons. Athanasius Schneider, recordó la famosa visión del Papa León XIII, que vio una nube de demonios lanzándose sobre la Basílica de San Pedro para invadir la sede Petrina. Inmediatamente después de la visión, el Papa compuso la oración a San Miguel Arcángel, que ordenó recitar al término de cada Misa privada – que el celebrante lee sin tener en cuenta el canto del pueblo- y el célebre exorcismo. “La dramática frase sobre la sede del beatísimo Pedro – ha recordado Mons. Schneider – fue enseguida suprimida por Pío XI para evitar escándalo de la fe pero la misma resulta hoy cuanto menos profética

La voz de estos Pastores de la Iglesia rompe el silencio y basta esto para agradecerles su testimonio, animándoles a seguir adelante.

Emanuele Barbieri

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