“Necesidad de tener fe en Cristo Jesús”
El evangelio de hoy nos habla de la curación del siervo del centurión romano. El Señor alaba la fe de este centurión: “Os digo que no he encontrado en todo Israel un hombre con tanta fe”.
En estos tiempos actuales se echa en falta personas con esta fe. La “Nueva Iglesia”, que antes era un trasunto del cielo, se ha convertido en páramo, en terreno desolado. Desaparecida la fe en Cristo, desaparece la Iglesia, desaparece el mismo hombre.
Jesús es la luz verdadera, pero el hombre ha preferido las tinieblas.
Hay muchos otros episodios del evangelio donde se ensalza la fe en Cristo: el diálogo con la samaritana en el pozo de Sicar, la resurrección de Lázaro, la curación del ciego de nacimiento, la curación del leproso que se acerca a Jesús.
La Nueva Iglesia piensa que estas palabras de Cristo ya no tienen valor. Ya no se cree en sus palabras, en sus enseñanzas, en su persona. Y todo ello se ha debido por haber dejado de amar de verdad a Cristo.
La Iglesia modernista le ha declarado la guerra a muerte a la fe en la persona de Cristo.
Hay también una guerra a muerte a la Eucaristía. Se empezó haciendo desaparecer de la conciencia de los hombres la malicia del pecado. Desaparecido el pecado, desapareció la necesidad de confesarse y pedir perdón. A ello le siguieron la multitud de los ministros eucarísticos, la comunión en la mano. Aunque el golpe de gracia contra la Eucaristía se le dio con la Misa del Novus Ordo . Aunque es una Misa verdadera, el acento no se pone en el sacrificio de Cristo sino en una comida de hermandad.
En la Misa de siempre, en la celebración de la muerte de Cristo iba incluida nuestra participación en esa muerte por amor a Él. Esa dimensión prácticamente se ha perdido en la nueva misa.
Si desaparece la fe en la persona de Cristo, desaparece el amor. Y si desaparece el amor entonces, ¿qué es esta vida?
Si vivir es amar y ser amado,
sólo deseo vivir enamorado…
Frente a todo este mal que nos rodea nos quedan las promesas de Cristo: “Yo estaré con vosotros para siempre hasta el fin del mundo”. “Me voy y vuelvo a vosotros…””Esta es la victoria que vence a mundo, nuestra fe”.

Padre Alfonso Gálvez
Nació en 1932. Licenciado en Derecho. Se ordenó de sacerdote en Murcia en 1956. Entre otros destinos ha estado en Cuenca (Ecuador), Barquisimeto (Venezuela) y Murcia. Es Fundador de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, aprobada en 1980. Desde 1982 reside en El Pedregal (Mazarrón-Murcia). A lo largo de su vida ha alternado las labores pastorales con un importante trabajo redaccional. Ha publicado Comentarios al Cantar de los Cantares (dos volúmenes), La Fiesta del hombre y la Fiesta de Dios, La oración, El Amigo Inoportuno, Apuntes sobre la espiritualidad de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, Esperando a Don Quijote, Homilías, Siete Cartas a Siete Obispos, El Invierno Eclesial, Los Cantos Perdidos y El Misterio de la Oración. Para información adicional visite su web http://www.alfonsogalvez.com