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Homilía: Lo aparente y lo oculto

Domingo de Pasión
Jn 8: 46-59

En este relato se nos narra un episodio excepcional, aunque resumido de la vida de Jesús. A pesar de lo cual, se ve claramente un enfrentamiento verbal violento entre Jesús y los judíos. Jesús dice: “Si os digo la verdad ¿por qué no me creéis?” Y añade: ¿quién será capaz de acusarme de pecado?” “No escucháis mis palabras porque no sois de Dios”. Los judíos al oír todo esto se irritaron grandemente contra Jesús, y dijeron que era un samaritano, que estaba endemoniado…

En el fondo lo que se está cuestionando es la divinidad de Cristo. Jesús la afirma, pero los judíos rechazan esta realidad. . Para los judíos, Cristo era un farsante, soñador y blasfemo. Ellos no admitían la divinidad de Cristo.

En bastante frecuente que el hombre se crea más sabio que Dios y se cierre totalmente a sus enseñanzas. Hoy día hay muchas personas que han renegado de Dios. La soberbia, que incitó a nuestros primeros padres a cometer el pecado original ha llegado hoy día a su punto culminante.

A lo largo de la historia de la humanidad ha habido muchas religiones falsas: budismo, islam, cuyos fundadores nunca han sido perseguidos. En cambio no es así con Jesucristo. A pesar de veinte siglos de persecución ahí sigue el cristianismo.

El texto evangélico de hoy manifiesta una rabiosa oposición a reconocer la divinidad de Jesucristo, lo cual tiene una palpitante actualidad hoy día. Las nuevas tendencias (New Age….) que vemos surgir dentro de la misma Iglesia católica no son sino un intento de destruir el carácter divino de Cristo. Hoy día se niegan sus milagros, se cuestionan sus mismas palabras, que ahora se interpretar según un modo de pensar historicista, se niega la resurrección de Cristo, se niega la Virginidad de María, incluso se llega a negar la existencia histórica de Jesús.
En el fondo, se pretende hacer una religión inventada por los hombres, y con ello, cambiar los criterios comunes, haciendo una nueva religión inventada por el hombre. Papas postconciliares se atreven a seguir estos caminos. Juan Pablo II niega la necesidad del bautismo para salvarse. La doctrina de la transubstanciación definida por Trento, ahora se niega, aduciendo para ello que está enmarcada dentro de una filosofía que ahora no se puede aceptar.

Se niega la universalidad y perennidad de los dogmas. La Santa Misa se ha convertido en una comida de hermandad. Para confesarse, ya no hace falta acusarse de los pecados, sino sencillamente decir “me arrepiento”. Todos sabemos que los sacramentos tienen una materia y una forma; y en la confesión la materia del sacramento son los pecados.

Y junto a todo esto vemos también actuaciones papales que son escandalosas, como cuando el papa Pablo VI se quitó su anillo del pescador para ponerlo en manos del arzobispo de Canterbury. Y ya sabemos que el arzobispo de Canterbury no es ni arzobispo, ni obispo, ni sacerdote; pues los anglicanos perdieron la sucesión apostólica…




Padre Alfonso Gálvez
Padre Alfonso Gálvezhttp://www.alfonsogalvez.org/
Nació en 1932. Licenciado en Derecho. Se ordenó de sacerdote en Murcia en 1956. Entre otros destinos ha estado en Cuenca (Ecuador), Barquisimeto (Venezuela) y Murcia. Es Fundador de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, aprobada en 1980. Desde 1982 reside en El Pedregal (Mazarrón-Murcia). A lo largo de su vida ha alternado las labores pastorales con un importante trabajo redaccional. Ha publicado Comentarios al Cantar de los Cantares (dos volúmenes), La Fiesta del hombre y la Fiesta de Dios, La oración, El Amigo Inoportuno, Apuntes sobre la espiritualidad de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, Esperando a Don Quijote, Homilías, Siete Cartas a Siete Obispos, El Invierno Eclesial, Los Cantos Perdidos y El Misterio de la Oración. Para información adicional visite su web http://www.alfonsogalvez.com

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