Hay una causa de canonización abierta para un sacerdote que salió de Inglaterra para Nueva York en 1912 para oficiar la boda de su hermano. Cruzó el océano atlántico en un barco que se llamaba Titanic. En la mañana del 14 de abril, que era Domingo en Albis, ofició dos misas para los pasajeros y les predicó sobre la necesidad de usar salvavidas espirituales mediante la oración y los sacramentos cuando están en peligro de naufragio espiritual en momentos de tentación. Estaba rezando cuando el barco golpeó un iceberg. Varias veces rechazó las ofertas de abordar un bote salvavidas diciendo que no entraría hasta que todos los demás tuvieran su lugar. Los testigos contaron que lo vieron rezando el rosario, confesando a la gente y bendiciéndolos hasta el último minuto como un bueno pastor que no podía dejar sus ovejas.

Hoy es el Domingo del Buen Pastor porque tanto la epístola como el evangelio nos habla de como Cristo es el pastor de nuestras almas. Murió en la cruz para rescatarnos de los lobos, que son el pecado y el infierno, los enemigos que quieren devorarnos, y resucitó para colocarnos en las buenas pasturas, que es la iglesia, y nos da de comer el buen pasto, que es Él mismo en la Santísima Eucaristía. Quiere nutrirnos con el sustento de las virtudes, el alimento de los sacramentos, y la dulzura de la divina doctrina.

Logró esto no solamente por un rato mientras estaba vivo en el mundo. No. Hoy en día continúa su obra. Nombra otros pastores que utiliza como instrumentos para que todos oigan su voz y sean congregados en un solo rebaño.

Dice las Sagradas Escrituras: “El que os escucha a vosotros, me escucha a mí” (Lucas 10:16), “quedan perdonados los pecados a aquellos a quienes los perdonaréis; y quedan retenidos, a los que se los retuviereis.” (Juan 20:23), “soy el que os he elegido a vosotros, y destinado para que vayáis por todo el mundo, y hagáis fruto, y vuestro fruto sea duradero.” (Juan 15:16), “No os dejaré huérfanos.” (Juan 14:18)

El decidir utilizar instrumentos humanos e indignos es muy apropiado según Santo Tomás de Aquino. Él dice que es muy adecuado para la perfección, armonía y belleza de su obra que Dios establezca mediadores y esto se ve en la creación natural y aun entre los ángeles que los más bajos sirvan a los de arriba y en esto quizá sean perfeccionados. Pues, dijo el Señor: “cualquiera que quisiere hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor; Y cualquiera de vosotros que quisiere hacerse el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del hombre tampoco vino para ser servido, mas para servir, y dar su vida en rescate por muchos.”

Permitir que sus criaturas puedan participar en su obra de dicha manera redunda en la mayor gloria de Dios, y los que son llamados así participen como “otros Cristos” lo imiten siendo como Él, Sacerdote, Profeta, y Rey.

Es un sacerdote cuando ofrece el Santo Sacrificio de la Misa, como San Leonardo de Puerto Mauricio: “¿Qué lengua, humana o angélica, podría describir un poder tan inmensurable como el ejercido por un simple sacerdote en misa? ¿Quién podría haber imaginado que la voz del hombre que por naturaleza no tiene poder ni siquiera para levantar paja de la tierra, obtendría a través de la gracia un poder tan grande como para bajar del cielo a la tierra al Hijo de Dios?

En cada Misa es Cristo que se sacrifica – siguiendo su sacrificio de la Cruz – a través de los sacerdotes mortales, sus instrumentos escogidos, sosteniéndolos con su gracia, como explica San Juan Crisóstomo:

“El alma del hombre nunca aguantaría el fuego de este sacrificio, sin ser totalmente consumido, si la gracia de Dios no fuera abundante. Al considerar lo increíble que es ser mortal, todavía vestido en la carne y la sangre, y al mismo tiempo ser capaz de estar tan cerca de esa naturaleza inmortal, vería que tan grande es el honor de la gracia del Espíritu Santo concedido al sacerdote. En ese momento, hasta los ángeles rodean al sacerdote, y todo el altar y todo el lugar del sacrificio se llena de potestades celestiales para honrar al que allí está puesto.”

Son como profetas cuando predican la verdad y enseñan la sana doctrina. Como dice San Pablo “¿Cómo, pues invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán a aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?” Esta es una misión tan importante, porque ser ignorante de la verdad es ser condenado a la frustración e infelicidad y la misericordia de Dios no quiere dejarnos así. (Rom 10:14-15)

Y son reyes como Él al darle de comer al rebaño y al servir a otros, porque el verdadero rey es el buen pastor, como dice el profeta Isaías: “He aquí que el Señor vendrá con fortaleza, y su brazo se enseñoreará: he aquí que su salario viene con él, y su obra delante de su rostro. Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo cogerá los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente las ovejas.” (Isa 40:10-11)

Es justo al darnos cuenta de la grandeza de esta carga que el Señor impone sobre los hombros de los llamados que exclamamos, “¡Que locura de Dios! ¿Quién lo podría aguantar?

“¡Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría…” dice San Juan Marie Vianney

¿Por qué Dios se hizo tan dependiente de criaturas tan incapaces?

En verdad podría lograr lo que quiere más fácilmente sin nuestra intromisión, sin embargo como reunió a sus doce apóstoles, sus amigos preferidos, hoy sigue haciendo lo mismo.

Como dice el rito de ordenación sacerdotal: “Iam non dicam vos servos sed amicos meos.” Es decir “Jamás los llamo siervos sino amigos míos.”

Y aunque su papel es el sacrificio, el servicio, y el entregarse, así como comenta El Santo Cura de Ars:

“Todo ha venido a nosotros por medio del sacerdote. En verdad, toda felicidad, todos los dones celestiales. ¿Quién colocó al Señor allí en el sagrario? ¿Quién fue quien recibió tu alma en su entrada a esta vida? ¿Quién le da de comer para que haga su peregrinaje? ¿Quién la preparará para presentarse ante Dios lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? Es el sacerdote, siempre el sacerdote. No se puede recordar ninguna bendición de Dios sin encontrar, al mismo tiempo, la imagen del sacerdote.”

Pero al final, el sacerdote recibe mucho más de lo que da.

“Ves claramente que Nuestro Señor te ha mimado, te ha inundado con milagros. Eres tan rico que podría ser aplastado bajo el peso de estos millones de gracias,” dice el Padre Mateo.

En el rito de ordenación al subdiaconato el obispo, después de dar una advertencia de la gravedad de las responsabilidades que están a punto de recibir, concluye, “Pero servirlo es reinar.”

El Padre Mateo cuenta de un sacerdote que rezaba:

“¿Cómo deberá ser el cielo, Jesús mío, si ya aquí en la tierra estoy disfrutando de tanta alegría?”

El Padre Lacordaire expresó este sentimiento hermosamente en su famosa oración:

“Vivir en medio del mundo sin ambicionar sus placeres, ser miembro de cada familia, sin pertenecer a ninguna; compartir todos los sufrimientos, penetrar todos los secretos, perdonar todas las ofensas, ir del hombre a Dios y ofrecer a Él sus oraciones, regresar de Dios al hombre para traer perdón y esperanza, tener un corazón de fuego para la caridad, y un corazón de bronce para la castidad; enseñar y perdonar, consolar y bendecir siempre, ¡Dios mío, qué vida! ¡Y esa es la tuya, oh sacerdote de Jesucristo!”.

Desafortunadamente, el valor del sacerdocio, hoy en día, ha sido despreciado y hasta olvidado o negado. Lamentablemente, ha habido escándalos y una falta de celo de parte de algunos. No debemos decir que estos han sido indignos, porque ninguno es digno pues son seres humanos, mejor digamos que es una gran tristeza que haya algunos que han olvidado o depreciado la amistad íntima a la cual fueron llamados.

Pero hay otros que fallan y contribuyen a este deprecio en otra manera, por medio de su falta de generosidad, su falta de confianza en la realidad que colaborar con Cristo como su amigo querido basta y aún sobrepasa como recompensa.

El Señor llama. Conocen a sus ovejas. Te conoce como el Padre lo conoce. Ha decido que la salvación de sus ovejas queridas dependerá de tu repuesta. Quiere pastorear sus almas por medio de la tuya, no tanto porque esté al pendiente de lo que puedes ofrecerle sino de lo que Él te ofrecerá.

Dice una mística, La Madre Louisa Margarita Claret,

“Hay en su Sagrado Corazón lugares todavía inexplorados los cuales ha guardado para sus sacerdotes. Son los dominios que les ha reservado. Allí están las habitaciones donde entrarán los sacerdotes y donde encontrarán todo que necesitan para ser representantes fieles de Jesucristo.”

Y otra vez el Padre Mateo:

“El sagrario, a pesar de su tesoro divino, por sí mismo, no es suficiente. ¡Mira, todo el mal que rodea a nuestros sagrarios, a pesar de cuantos son y de la Presencia Real en ellos! Es evidente, entonces, que el Sagrario Eucarístico solo no basta. Según el plan divino, para completar este sagrario, tiene que haber otro a su lado, el corazón de un sacerdote santo.”

Padre Daniel Heenan