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El infierno no vencerá a la Iglesia

Hoy más que nunca, en medio de tanta confusión doctrinal y pastoral entre los seguidores de Cristo, conviene recordar el emocionante encuentro de Jesús con Pedro en Cesarea de Filipo. Jesús había preguntado a sus Apóstoles qué opinaba el pueblo respecto de Él. Había varias opiniones, y nada más soltar la pregunta a los Apóstoles, el impetuoso Pedro se muestra protagonista con idea propia, o probablemente señalando también la opinión de los demás compañeros:

«Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo».[1]

La proposición de Jesús es trascendental:

«Y Yo, te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificare mi Iglesia, y las puertas del abismo no prevalecerán contra ella».[2]

Varias promesas de Jesús: reafirma su condición de Hijo de Dios, elige a Pedro de entre todos los hombres como su sucesor, Pedro será el fundamento sobre el que se fundará la Iglesia, sólo Pedro sus sucesores y los sucesores de los demás apóstoles podrán perdonar los pecados, ni uno más, ni siquiera los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.

Es un texto cargado de grandes significaciones. Entre sus afirmaciones en boca de Cristo hay una sensacional: «Las puertas de infierno no vencerán a la Iglesia».

San Ambrosio, recogiendo las palabras de Cristo, compara la Iglesia a

«Una nave que continuamente es agitada por las mareas y tormentas, pero que no podrá naufragar jamás, porque su palo mayor es la Cruz de Cristo; su piloto es el Padre; su timonel, el Espíritu Santo; sus remeros, los Apóstoles».[3]

Han pasado dos milenios de la fundación de la Iglesia y cómo se nota la presencia y la defensa de Jesús, porque hay varios países poderosos en el mundo actual, enemigos declarados de la Iglesia, a cuyos miembros encarcelan, envían a los campos de concentración a sus seguidores, impiden la realización de todo acto religioso, cierran sus seminarios, ¿y qué sucede?, que tras la persecución sañuda e inhumana a la Iglesia, hay un reflorecimiento religioso.

Además no son mejores amigos muchos medios de comunicación social, empeñados en la tarea de desprestigiar a la Iglesia sacando al público todos sus trapos sucios, ocultando todas las magníficas realidades positivas e interpretando todas sus tareas espirituales en clave materialista, a ellos se suman en algunos países, grupos fundamentalistas pertenecientes a otras religiones que pretenden aniquilar todo sentimiento no suyo, y encarcelar o matar, a quienes les parecen obstáculos a su acción.

A la promesa divina ha respondido la historia. Todos los siglos han puesto a prueba la constancia y estabilidad de la Iglesia. Invicta estabilidad de la Iglesia que es un grande y perenne motivo de credibilidad y un testimonio irrefragable de su misión divina.[4]

La promesa de la protección de Cristo se refiere no sólo de los enemigos externos, sino también de los internos, como serían las desviaciones doctrinales.[5]

«Tenemos en cuenta lo que fue prometido acerca de la Santa Iglesia y a Aquel que dijo que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (por ellas entendemos como las lenguas mortales de los herejes)».[6]

«La Santa Iglesia edificada sobre la piedra, esto es, sobre Cristo, y sobre Pedro… porque en modo alguno había de ser vencida por las puertas del infierno, es decir, por las disputas de los herejes, que seducen a los vanos para su ruina».[7]

También habría que sumar a estos enemigos a bastantes católicos empeñados en devaluar a la Iglesia de Cristo.

A un discípulo de Cristo, los defectos de la Iglesia no le deben producir temor ni regocijo. Ya fueron anunciados también por Cristo en la Parábola de la Cizaña:[8] Tan mezclados andan en el campo trigo y cizaña que hay peligro de arrancar el trigo si se arranca la cizaña. La parábola de la cizaña encierra la idea de que hay y habrá siempre el mal junto al bien y que la completa separación de los malos y de los buenos no se realizará hasta el fin del siglo, cuando Él vuelva (v. 39 ss.). Muestra también la santidad de la Iglesia, pues que subsiste a pesar del enemigo.[9]

La red recoge peces buenos y malos, que sólo en la playa serán separados. Por tanto el que teme o se regocija no conoce el Evangelio. Ni ridícula beatería, ni escándalo farisaico.

Se narra el hecho siguiente:

Napoleón amenaza al Cardenal Consalvi, Secretario de Estado del Papa Pío VII, con un cisma que acabe con la Iglesia. Esta fue la respuesta de Consalvi: Majestad, cuando los ministros del Señor no han conseguido arruinarla con su conducta, esté seguro que menos podrá su Majestad destruirla con su poder.[10]

La Iglesia es indefectible, es decir, permanecerá hasta el fin del mundo como la institución fundada por Cristo para lograr la salvación.

San Ignacio de Antioquía ve figurada la indefectibilidad de la Iglesia en la unción del Señor[11]:

«Si el Señor ha recibido una unción sobre su cabeza, es a fin de exhalar para su Iglesia un perfume de incorruptibilidad. No os dejéis, pues, ungir del mal olor del príncipe de este mundo, para que él no os conduzca en cautividad lejos de la vida que os espera».

San Ireneo encarece que la predicación de la Iglesia, por contraste con los errores gnósticos, será siempre constante y permanecerá igual «gracias a la acción del Espíritu Santo».[12]

San Agustín dice:

«La Iglesia vacilará cuando vacile su fundamento. Pero, ¿cómo va a vacilar Cristo?… Mientras Cristo no vacile, tampoco vacilará la Iglesia en toda la eternidad».[13]

La indefectibilidad de la Iglesia es aquella prerrogativa de la Iglesia en virtud de la cual durará hasta el fin del mundo, conservando inviolado el depósito que le transmitió su Esposo divino (implica por la tanto, la infalibilidad). Esta prerrogativa se deduce también de la naturaleza y fin de la misma Iglesia; en efecto, siendo ella la continuadora de la obra de Cristo, habrá de durar mientras haya sobre la tierra un alma que salvar.

La razón interna de la indefectibilidad de la Iglesia consiste en lo íntimamente ligada que está a Cristo, que es su fundamento primario[14], y al Espíritu Santo, que mora en su interior como principio esencial y vital de la misma.

Santo Tomás de Aquino enseña, contra Joaquín de Fiore, que no debemos esperar un estado más perfecto que el que la gracia del Espíritu Santo se dé con más largueza de la que se da hasta ahora[15]. En el pasado, la Iglesia, edificada sobre el fundamento de Cristo y los apóstoles, dio muestras de su invencibilidad resistiendo incólume todos los embates de las persecuciones, los errores y las tentaciones de los demonios.[16]

«Según todas las apariencias la fe dejó de reinar en el mundo. Dicho de un modo más vulgar, la fe fue echada a los perros. Pero en cada uno de estos casos, no pereció la fe, sino que perecieron los perros».[17]

Qué formidable ejército contra el Cuerpo místico de Cristo, pero está claro que Jesús hizo una promesa Las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia, «la Iglesia del Dios vivo, columna y cimiento de la verdad».[18] Continuará navegando segura y victoriosa entre las olas de tan formidables enemigos.

 Germán Mazuelo-Leytón

[1] SAN MATEO, 16, 16.

[2] SAN MATEO, 16,18.

[3] SAN AMBROSIO, Liber de Salomone, c. 4.

[4] Cf. Concilio Vaticano.

[5] LORING S.I., JORGE, Para salvarte.

[6] PAPA VIRGILIO, Segundo Concilio de Constantinopla, año 553.

[7] PAPA SAN LEÓN IX, 2-9-1053, en Las fuentes del dogma, Denzinger.

[8] SAN MATEO, 13, 24-30.

[9] STRAUBINGER, comentario a la Parábola de la Cizaña.

[10] Dictionnaire apologétique de la Foi Catholica. Art. Papautée.

[11] SAN IGNACIO DE ANTIOQUIA, Carta a los Efesios 17, 1.

[12] SAN IRENEO, Adv. Haer. III 24, I.

[13] SAN AGUSTIN, Enarr. In Ps. 103, 2, 5; cf. Enarr. In Ps. 47, 7; 60, 6.

[14] Cf.: I Cor, 3, 11.

[15] SANTO TOMAS, S.th. I, II, 106, 4.

[16] SANTO TOMAS, Expos. symb, a. 9.

[17] CHESTERTON, El hombre eterno.

[18] I TIMOTEO, 3, 15.




Germán Mazuelo-Leytón
Germán Mazuelo-Leytón
Es conocido por su defensa enérgica de los valores católicos e incansable actividad de servicio. Ha sido desde los 9 años miembro de la Legión de María, movimiento que en 1981 lo nombró «Extensionista» en Bolivia, y posteriormente «Enviado» a Chile. Ha sido también catequista de Comunión y Confirmación y profesor de Religión y Moral. Desde 1994 es Pionero de Abstinencia Total, Director Nacional en Bolivia de esa asociación eclesial, actualmente delegado de Central y Sud América ante el Consejo Central Pionero. Difunde la consagración a Jesús por las manos de María de Montfort, y otros apostolados afines

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