En los tiempos verbales expresados por el sacerdote también aparecen irregularidades que favorecen, por un lado, a que se diluya la diferencia esencial entre el sacerdocio ministerial y el común de los fieles, y, por otro, a que se reduzca la oración de petición a Dios con carácter humilde de Ruego. O, dicho de otro modo: el cambio de tiempo verbal provoca la intención de “meternos a Dios en el bolsillo” y no “meternos nosotros en su Sagrado Corazón para que reine en el nuestro”. Veamos:

– Al empezar la Santa Misa, tras santiguarse, el sacerdote dice “El Señor ESTÉ con vosotros”. Correcto. Pero en algunos lugares el sacerdote dice “El Señor ESTÁ con vosotros”. O, peor, aún “El Señor ESTÁ con nosotros”. Es decir, en esos casos el sacerdote no plantea un deseo/petición sino una afirmación. Y es verdad que “ESTÁ”, pero la liturgia manda que se diga “ESTÉ” como gesto de humildad comunitaria.

– Hay que anotar aquí también la costumbre extendida de dar los “buenos días” o “buenas tardes” que si pueden ser propios de una monición de entrada leía por un acólito antes de iniciarse la Misa, pues la Santa Misa ha de empezar con el saludo trinitario. También al terminar la Misa, tras el “Podéis ir en paz” algunos siguen con despedidas añadidas que restan sentido religioso a la liturgia.

– Esto se repite en la lectura del Evangelio, cuando se vuelve a decir “ESTÁ” en vez de “ESTÉ”.

– Antes, a veces, pocas gracias a Dios, se escucha el cambio verbal en la oración del acto penitencial previa a la Palabra. El ritual dice: “Dios todopoderoso TENGA misericordia de nosotros, PERDONE nuestros pecados y nos LLEVE a la vida eterna, AMÉN”. Y, algunos cambian de nuevo al presente afirmativo y dicen: “Dios todopoderoso TIENE misericordia de nosotros, PERDONA nuestros pecados y nos LLEVA a la vida eterna”. Claro que Dios TIENE, PERDONA y nos LLEVA…..pero nos pide que nosotros nos arrepintamos y pidamos perdón como bien se enseña en la Parábola del Hijo pródigo, al cual el Padre no perdona hasta que se postra ante él de regreso a casa.
Con ese cambio verbal se elimina en el fiel el deseo de arrepentirse y convertirse, pues Dios lo “salva” haga lo que haga. Y la oración se convierte en un certificado de la indiferencia del fiel.

– En el rito de la paz el sacerdote ha de decir: “Daos fraternalmente la paz” (el diácono también puede hacer esta invitación). Pero algunos dicen. “Nos DAMOS fraternalmente la paz”. De nuevo se diluye la diferencia esencial entre el sacerdocio ministerial y el común de los fieles. Es CRISTO quien invita a dar la paz.

– Al final, el sacerdote dice “PODÉIS ir en paz”. De nuevo Cristo nos despide. Y algunos dicen “PODEMOS” ir en paz, con lo que de nuevo se diluye esa diferencia esencial.

Nos damos cuenta, pues, de la importancia que tiene el uso de los tiempos verbales en la liturgia. Su uso errado no es solo alteración de la rúbrica sino que va más al fondo de una re-interpretación teológica de los contenidos de la Santa Misa en clave protestante. Estemos atentos a ello.

Padre Santiago González
Nacido en Sevilla, en 1968. Ordenado Sacerdote Diocesano en 2011. Vicario Parroquial de la de Santa María del Alcor (El Viso del Alcor) entre 2011 y 2014. Capellán del Hospital Virgen del Rocío (Sevilla) en 2014. Desde 2014 es Párroco de la del Dulce Nombre de María (Sevilla) y Cuasi-Párroco de la de Santa María (Dos Hermanas). Capellán voluntario de la Unidad de Madres de la Prisión de Sevilla. Fundador de "Adelante la Fe".