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Jesús en el templo

Composición de lugar. Ver a Jesús en medio de los doctores, oyéndolos y preguntándoles.

Petición. Imitar la modestia y respeto con que Jesús está en el templo.

Punto primero. Contempla a Jesús a los doce años orando en el templo… ¡con qué modestia! ¡con cuánta reverencia y fervor!… ¿Lo haces tú así, hija mía?… Con tu recogimiento ¿inspiras devoción a los demás, o quizás eres como esas jóvenes casquivanas, que con su vestir, mirar, hablar y reír hacen el oficio de demonio o ladrones de la gloria de Dios, distrayendo las almas del recogimiento de la oración?… Mis hijas, oh jóvenes católicas, deben distinguirse en todas partes por su recogimiento y modestia, pero en ninguna con más esmero que en el templo de Dios… ¿Lo haces tú así, hija mía?

Punto segundo. Jesús abandona en esta ocasión a sus padres terrenos para hacer la voluntad de su Padre celestial… Podía Jesús ahorrarles este dolor y disgusto mortal declarándoles antes los designios del Altísimo. Mas no, es voluntad de su Eterno Padre, y la cumple, por más que lo hayan de sentir María y José… ¿Por qué me buscabais con dolor? Les replicó Jesús. ¿No sabíais que conviene que esté en las cosas de mi Padre celestial?…

¡Qué admirable respuesta! ¡Con qué celo y exactitud antepone Jesús el cumplimiento de la voluntad de Dios a todos los respectos y afectos humanos!

Punto tercero. Y tú hija mía, ¿estás en donde quiere tu Padre celestial, o te detienen ciertos respectos humanos, lazos de sangre o afectos de amistad en un estado que no es el que Dios exige de ti?… Pues rompe, rompe esos lazos, corta esas afecciones por caras que ellas sean, si se oponen a cumplir la voluntad de Dios… Primero Dios salvando tu alma, que tus deudos condenándola. Examina y obra con prontitud… Mira que Dios lo quiere… Sí, ¡Dios lo quiere, hija mía! cumple, pues, su santísima voluntad, cueste lo que costare, trabájese lo que trabajare, murmure quien murmurare, siquiera se llegue allá, más que se hunda el mundo… ¡Dios lo quiere! Cúmplase, pues, siempre en mí, oh buen Jesús, tu santísima voluntad. Amen.

Padre nuestro y la Oración final.

Fruto. Examinar detenidamente qué es lo que quiere y exige Dios de nosotros, y resolvernos a cumplir enseguida su santísima voluntad, cueste lo que cueste. Si tus padres se oponen al cumplimiento de los designios que Dios tiene sobre tu alma, pasa por todo, aunque sea hollándolos. Primero es Dios que nadie.

San Enrique de Ossó




Meditación
Meditación
Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.

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