Desde Argentina nos escribe Don Eduardo Davis, profesor universitario y católico comprometido. Es un artículo sobre uno de los últimos ataques del radicalismo abortista contra la Iglesia, y la defensa ejemplar que de la misma hicieron un grupo de jóvenes a los que desde este blog enviamos el más afectuoso saludo con toda nuestra admiración.


NUEVO ATAQUE ABORTISTA CONTRA LA CATEDRAL 

El pasado domingo 24 de noviembre, Solemnidad de Cristo Rey, un grupo de jóvenes católicos que rezaban el rosario frente a la catedral de San Juan (en la provincia homónima de Argentina), sufrieron un brutal ataque por parte de los grupos feministas y abortistas que, año tras año, realizan los denominados “Encuentros de Mujeres Autoconvocadas”. Tales encuentros anuales consisten en reuniones o “talleres de trabajo” en los cuales se discuten los temas permanentes, harto conocidos, que integran la agenda de estos grupos. El tema de fondo es, por supuesto, el del “aborto legal, seguro y gratuito” cuyo reconocimiento por parte del estado pretenden lograr. Apuntemos que, lamentablemente, no parece nada improbable que consigan finalmente dicho reconocimiento, dada la perversidad de buena parte de la dirigencia política argentina, y la tibieza endémica de la jerarquía eclesiástica.

Ahora bien, ¿qué pasó el domingo 24/11 en San Juan? Pues lo que ya es habitual al clausurarse estos encuentros: Sus participantes se dirigieron a la catedral a fin de exteriorizar su odio visceral a la Iglesia de Cristo y, al llegar, se encontraron con un grupo de valerosos jóvenes católicos que, rosario en mano, estaban alineados frente al templo para impedir cualquier intento de profanación, y también para dar testimonio público de su Fe. La información completa y detallada de lo que entonces ocurrió, junto con el valioso testimonio brindado luego por algunos de estos católicos bien nacidos, puede encontrarse en el blog argentino “página-católica”. Allí también, lo mismo que en la página “Religión en Libertad”, pueden verse las tremendas imágenes de las vejaciones y los escarnios que estos auténticos caballeros cristianos soportaron por amor a su divino Rey y a su Santísima Madre. Fueron escupidos, rociados con pintura en aerosol (debiéndose proteger sus ojos ante el riesgo de ceguera), orinados, golpeados, e insultados. Se intentó también perturbarlos con exhibiciones obscenas de toda clase. Pero a ellos nada les importó. Sabían para qué estaban ahí, y con sus miradas dirigidas al Cielo continuaron rezando el rosario, exacerbando de este modo el odio de esas pobres mujeres que, lo sepan o no, son instrumentos del maligno, el principal promotor del aborto. Esa afinidad tal vez inconsciente con lo satánico explica que enloquecieran de furia con el constante recitar de las Avemarías, y que gozaran maltratando a esos valientes testigos de Cristo Rey. Hay quienes, muy comprensiblemente, se han preguntado porqué esos jóvenes no reaccionaron, porqué no empezaron a repartir golpes contra sus agresores (entre los que se contaban numerosos hombres, como puede verse en las imágenes). Ciertamente, ante la gran inferioridad numérica en que se hallaban, habrían corrido un enorme riesgo de ser superados, dejando indefenso al templo (pensemos que al trenzarse a golpes con los abortistas, habría quedado rota la cadena humana que formaban frente a la catedral). Por otra parte es claro que lo que más deseaban los atacantes era provocar la reacción física de los defensores del templo, con lo cual todos los medios de prensa, aliados incondicionales de los abortistas, habrían resaltado con grandes titulares la “brutal agresión sufrida por las mujeres autoconvocadas a manos de un grupo de católicos fundamentalistas y, por qué no, neonazis” . Y desde luego es una mala táctica hacer exactamente lo que tu enemigo desea que hagas. Pero a mi modo de ver hay otra razón, la más importante, que explica la actitud de esos admirables jóvenes. Ellos no se organizaron para combatir, sino para resistir, ofreciendo generosamente sus cuerpos como muralla, para que contra ellos, y no contra el templo donde Nuestro Señor está presente, se descargara todo el odio de los atacantes. Así tuvieron el grandísimo honor de compartir con su amado Rey, aunque fuera en un grado ínfimo, las tribulaciones del Calvario.

Quisiera finalizar esta modesta reflexión tratando de llamar la atención sobre las actitudes que vienen asumiendo los obispos argentinos ante hechos de esta naturaleza. Porque esto que ocurrió en San Juan viene ocurriendo desde hace años. No fue la primera vez ni será la última que un templo católico argentino es atacado por los grupos feministas-abortistas, y que un puñado de valerosos jóvenes (y no tan jóvenes) ofrecen sus cuerpos como defensa. Sin embargo, sistemáticamente, nuestros pastores hacen todo lo que pueden para diferenciarse de lo que esos jóvenes representan. De hecho es evidente la actitud de rechazo y hasta de menosprecio que una importante fracción de la jerarquía eclesiástica argentina muestra hacia todo lo que huela a catolicismo tradicional y combativo. Es algo realmente triste. No pretendo juzgar las intenciones. Pero hay algo muy claro para mí: Un obispo católico, un legítimo sucesor de los apóstoles, no puede rechazar a quienes están dispuestos a morir antes que permitir la profanación del Santísimo Sacramento. Es un error y una injusticia.
EDUARDO DAVIS
Profesor de la Universidad de La Pampa (ARGENTINA)

Padre Santiago González
Nacido en Sevilla, en 1968. Ordenado Sacerdote Diocesano en 2011. Vicario Parroquial de la de Santa María del Alcor (El Viso del Alcor) entre 2011 y 2014. Capellán del Hospital Virgen del Rocío (Sevilla) en 2014. Desde 2014 es Párroco de la del Dulce Nombre de María (Sevilla) y Cuasi-Párroco de la de Santa María (Dos Hermanas). Capellán voluntario de la Unidad de Madres de la Prisión de Sevilla. Fundador de "Adelante la Fe".