En aquellos años, siguientes al impulso del Concilio, la liturgia católica debería ser renovada enteramente desde una óptica ecuménica. ¿Cuál debería ser la norma a seguir por los expertos del Concilium en esta reforma? No se trataba de caminar a la aventura, sin un plan ni objetivo preciso; la escucha de los hermanos separados no era suficiente por sí misma, se trataba de tener más presente en su espíritu el método que se emplearía para promover con eficacia y oportunidad una reforma ecuménica de la liturgia. “Nuestros ecumenistas improvisados, destaca, en efecto, el Padre Bouyer, que creían ir al encuentro de los protestantes, destruyendo la tradición católica, no tenían ningún recelo en eliminar lo que, frecuentemente, se ha recuperado por ellos o lo que eran incapaces de valorar(…) como me decía recientemente un ecumenista protestante ‘el mas grande lazo de unión entre nosotros se podría encontrar entre los católicos que creen que el ecumenismo debe consistir en abandonar todo lo que nosotros estamos intentando recuperar y adoptar todo lo que estamos intentando dejar’ “1.

Esta norma de la reforma Pablo VI la estableció en su primera encíclica Eclesiam suam: “Entre los numerosos puntos que nos diferencian, en lo que se refiere a la tradición, la espiritualidad, las leyes canónicas, el culto, estamos prestos a estudiar como responder a los legítimos deseos de nuestros hermanos cristianos, todavía separados de nosotros”2. Y el Padre Boyer, de la secretaría para la unidad de los cristianos, comentando el decreto conciliar sobre el ecumenismo a la luz de Eclesiam suam habla así: “El segundo capítulo enumera los medios para el ecumenismo. El primero consiste en el esfuerzo que hace la Iglesia en renovarse a sí misma. Muestra su voluntad de cumplir todo lo que sea necesario para facilitar a los otros los sacrificios que demanda la unidad. No se espera que orgullosamente vengan a nosotros. Va al encuentro de los otros, se despoja, en la medida de lo que ella puede, de lo que les puede disgustar, aunque se trate de cosas defendibles y se reviste de lo que éstos pueden querer, sobre todo si se trata de perfeccionar lo que ya se posee. El Concilio ha aprobado los movimientos que el Espíritu ha suscitado: para la liturgia, para el culto de la Biblia, para el progreso social, y para la promoción del laicado…”3

Pero esta norma queda todavía un poco imprecisa; y es por lo que en 1965, al alba de la reforma litúrgica, la secretaría del Consilium de la liturgia precisaba el método que se emplearía para cumplir y obtener una reforma plenamente ecuménica. Se tenía que destacar a propósito de las Orationes solemnes del Viernes Santo que “ciertas expresiones (…) suenan bastante mal (…) en el contexto ecuménico (…) de hoy en día”4. Estas oraciones fueron modificadas.

Cl. Wiener llamaba la atención, al año siguiente, sobre una reforma que había pasado desapercibida: “Las modificaciones al texto de la Plegaria universal del Viernes Santo han sido introducidas por motivaciones ecuménicas pero ¿se ha prestado atención a las mismas y se han comentado?”5 y añade en una nota: “Por tanto, las correcciones de detalle son muy interesantes”6. Un artículo de I.C.I. que hará historia: “La finura y la delicadeza de la Iglesia en relación con los ‘otros’, su conciencia ecuménica y misionera, nos parece demostrada de una manera sugestiva por esta evolución, que comenzó bajo Pío XII en 1948, se desarrolló sobre todo bajo Juan XXIII y por el Concilio. En 1948, la Congregación de Ritos, autorizaba traducciones adaptadas a la sensibilidad contemporánea en referencia a las expresiones ‘Perfidi Judaei‘ y ‘Judaïca perfidia‘. Para el Viernes Santo de 1959, Juan XXIII suprimía la referencia a los Judíos y a los Musulmanes, del acto de consagración del género humano a Cristo Rey. En agosto de 1960, la Congregación de Ritos suprimía del ritual del bautismo las fórmulas aplicadas a los conversos de origen judío, musulmán o ‘herético’. El 19 de marzo último, finalmente, la Congregación de los Ritos publicaba las nuevas plegarias que deben decirse el Viernes Santo”7. Estas correcciones ecuménicas fueron entonces para A. Bugnini la ocasión para precisar el método para la reforma litúrgica futura: “Es siempre duro tocar los textos venerables que durante siglos han alimentado la piedad cristiana con tanta eficacia y que tienen todavía el perfume espiritual de los tiempos heroicos de la Iglesia primitiva. Y sobre todo, no retocar obras maestras literarias cuya forma de expresión difícilmente pueden ser sobrepasadas. Pero a pesar de todo, considero que es necesario afrontar este trabajo, a fin de que la plegaria de la Iglesia no sea motivo de enfermedad espiritual para nadie (…). Haciendo este sacrificio penoso, la Iglesia ha estado guiada por el amor a las almas y el deseo de hacer todo lo posible para facilitar a nuestros hermanos separados el camino de la unión, eliminando todo escollo que pudiera constituir la sombra de un riesgo tropiezo o de disgusto”8. El resto del texto describe los procedimientos a emplear, y que se reducen a éstos: analizar con cuidado los elementos existentes de la liturgia romana, quitar o modificar todo lo que, constituya o ponga en riesgo de constituir, un peligro de tropiezo o de disgusto para los hermanos separados. En el caso en que intervengan consideraciones de antigüedad, de perfección literaria o de sacralidad de un rito, es necesario, por muy válidos que sean o penosos que puedan ser los sacrificios a efectuar, dar primacía a la exigencia de la unidad y de la caridad requerida por el movimiento ecuménico de reconciliación.

El Consilium, conforme al espíritu del Concilio Vaticano II, hizo suyos esta norma y este método y se aplicaron para reformar así la liturgia romana en profundidad con un espíritu verdaderamente ecuménico.

G. Celier

1 L. Bouyer: “Eucharistie. Théologie et spiritualité de la prière eucharistique”, Desclée, 2ª edición, 1968, pág. 18.

2 Pablo VI: “Eclesiam suam”, DC 1431, 6 de septiembre de 1964, col. 1090.

3 Ch. Boyer: “Oecumenisme Chrétien”, Tables générales du DCT, Letouzey et Ané, 3359. El pasaje del decreto sobre el ecumenismo (UR. 6 parágrafo 2) se encuentra en COV. Pág. 616, o en DCC I, pág. 205.

4 A. Bugnini: “Modifications aux oraisons solennelles du Vendredi Saint”, DC, 1445, 4 de abril de 1965, col. 603.

5 C. L Wiener: “La nouvelle traduction française de la Prière du Seigneur”, LMD 85, Primer trimestre de 1966, pág. 150.

6 Cl. Wiener: Ibid. Pág. 150, nota 2.

7 “Les trois prières du Vendredi Saint pour les autres: sur le chemin de l’union”, ICI 239, 1 mayo de 1965, pág. 28.

8 A. Bugnini: “Modifications aux oraisons solemnelles du Vendredi Saint”, DC 1445, 4 abril 1965, col. 603, 604.

 [Traducido por María Teresa Marín para Adelante la Fe]