En el año 1967 comenzó la serie de los tres grandes años de la reforma. El Consilium, después de la instrucción Tres abhinc nos 1 , autorizando, en particular, el canon en lengua vulgar y promulgando las últimas reformas parciales de la Misa tridentina, publica la instrucción Eucharisticum mysterium sobre el culto de la Eucaristía. El lenguaje y la doctrina de esta Instrucción están netamente inspiradas en los principios ecuménicos de la reforma: “Señalamos de pasada, nos dice el Padre J.M.R. Tillard, el empleo frecuente y feliz de la expresión Missa sive Coena dominica, a lo largo de la instrucción. En efecto, la Misa no es otra cosa que el acto en el que la Iglesia revive el misterio de la Santa Cena de Jesús. El diálogo ecuménico habría ganado mucho con el uso generalizado de la expresión ‘Cena del Señor’ o ‘Santa Cena’ para designar la santa misa. El documento quiere así favorecer el retorno a un vocabulario más bíblico, menos ligado a las controversias de la Contrarreforma”2. “Simple cambio de vocabulario, con mucha más consecuencias en los planes ecuménicos, como realza la expresión Missa sive Coena dominica, que aparecerá frecuentemente en el documento”3. Esta orientación ecuménica de la instrucción tendrá sus consecuencias más tarde. Efectivamente, “se ha destacado sin duda que la Institutio generalis (missalis romani) utiliza la expresión ‘la Cena del Señor’ para describir la sintaxis eucarística”4. Ahora bien, en esto, la Instrucción Eucharisticum Mysterium habría adoptado ese lenguaje con un espíritu explícitamente ecuménico”5.

Esta orientación ecuménica se explica fácilmente si se considera que la Instrucción saca directamente su doctrina del Decreto sobre el ecumenismo y quiere dirigir la piedad eucarística en este sentido: “Mas allá de la comunidad local, continua el Padre Tillard, que se une también en la koinomia, la Santa Cena supone un estrato todavía más profundo del misterio de la comunión cristiana. Ella significa y adelanta la unidad de todos los que creen en Jesús. Realizado con cuidado, y teniendo en cuenta las peticiones de los hermanos no católicos, el número octavo es un testimonio de la apertura ecuménica (…). Pero el texto va más lejos. Pide a los pastores enseñar a los cristianos a reconocer la realidad de la eucaristía de las comunidades eclesiales no católicas romanas que hayan conservado un episcopado auténtico, y por otro lado descubrir los valores positivos de la Santa Cena de las otras comunidades cristianas. El primer punto no causó problema. El segundo sorprenderá quizá. Una cierta obsesión por la licitud, característica de una concepción jurídica de la vida sacramental, impide efectivamente a muchos católicos descubrir lo que pueda tener de positiva y verdadera la Santa Cena de las comunidades separadas por la Reforma. Ahora bien, citando el Decreto conciliar sobre el ecumenismo, nuestro texto recuerda que, por medio de los ritos en los que quieren festejar el memorial de la Pascua, estas comunidades profesan que el camino consiste en la comunión de Cristo y esperando el advenimiento glorioso del Hijo del Hombre. Esto de una forma sensible, en los ritos es donde encontramos numerosos elementos de nuestra propia celebración del memorial del Señor: Una reunificación comunitaria para obedecer fielmente a la orden del Cristo, una liturgia de la Palabra, una plegaria eucarística de bendición y de intercesión que incluya el relato de la Institución de la Eucaristía, el signo material del pan y del cáliz, la comida de la comunión, el deseo ardiente de crecer en caridad por esta participación en la comida del Señor. ¿Cómo pensar que tales celebraciones están vacías de todo valor eucarístico? La instrucción orienta la catequesis en una perspectiva netamente positiva”6.

(continuará)

G. Celier

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[Traducido por María Teresa Marín para Adelante la Fe]

1Deuxième instruction pour une juste apllication de la Constitution sur la liturgie” DC 1494, 21 de mayo de 1967, col. 887-893, EDIL 808-837.

2 J.M.R. Tillard: “Commentaire de l’Instruction sur le culte eucaristique”, LMD91, tercer trimestre 1967, pág. 47.

3 J.M.R. Tillard: “Instructio de cultu mysterii eucharistici. Commentarium”, Not. 31-33, julio-septiembre 1967, pág. 264.

4 J.M.R. Tillard: “La réforme liturgique et le rapprochement des Eglises”, in LODU, pág. 224

5 J.M.R. Tillard: Ibid. Pág. 224.

6 J.M.R. Tillard: “Commentaire de l’Instruction sur le culte eucharistique”, LMD 91, tercer trimestre 1967, pag. 55, 56. Texto similar del mismo autor en Not. 31-33, julio-septiembre de 1967, pág. 268. El padre Tillard, entonces consejero cerca del Consilium, relata haber sido uno de los principales redactores de la Instrucción.

En 1967, se puede destacar igualmente con interés el artículo del Obsservatore Romano de 13 de octubre 1967, haciéndose eco de la entrevista del Comitato permanente dei congressi internazionali per l’apostolato del laïci, cuyos resultados pudieron constatarse en Roma en el tercer Congreso internacional del apostolado de los laicos: “Es interesante destacar el comentario sueco que dice sobre este tema: La reforma litúrgica ha efectuado un gran paso adelante en la cuestión sobre el ecumenismo y el acercamiento a las formas mismas de la liturgia de la Iglesia luterana”.

La revista del Consilium señalaba el mismo hecho: “Es interesante destacar, por ejemplo, la satisfacción constante en Suecia ante los adelantos ecuménicos de la reforma, la reunificación efectuada con las formas litúrgicas de la Iglesia luterana”. “III congressus mundiales apostolatus laïcorum”, Not. 35, noviembre de 1967, pág. 395.