En los inicios del año 1966, se adoptó en Francia una nueva traducción del Pater, realizado y aceptado simultáneamente por católicos, ortodoxos y reformados. Efectivamente, “en el clima ecuménico suscitado por el Concilio, los cristianos de lengua francesa deseaban, desde hace años, tener una versión común que les permitiría recitar juntos la plegaria del Señor”1. Su realización estuvo muy facilitada por el hecho de “que la resolución de dar a la cristiandad de lengua francesa una traducción ecuménica del Pater coincidía providencialmente con la decisión conciliar sobre la reforma generalizada de la liturgia”2. Esta nueva traducción fue concebida entonces de una forma ecuménica, así lo recordaba la reunión conjunta de diversas confesiones con la ocasión de su aparición: “En el esfuerzo de los cristianos hacia la unidad, la adopción de un texto común para la plegaria del Señor es un signo de un gran alcance ecuménico”3. “Desde el punto de vista del ecumenismo, la adopción de un Padre Nuestro común para todos los cristianos constituye evidentemente un acontecimiento de principal importancia”4.

“El acuerdo de todas las confesiones cristianas de lengua francesa bajo una formula común de la plegaria del Señor, es una llamada que Dios nos dirige. A los sacerdotes y a los catequistas que intentan ayudar a todos los fieles a responder en esta cuestión en la fe. Es particularmente importante vivir y hacer vivir toda la significación ecuménica de este acontecimiento”5. “Si se modifica el texto del Padre Nuestro, constata igualmente Cl. Wiener, es, ante todo, un hecho de iniciativa ecuménica”6. Pero este autor nos explica en que sentido debe concebirse este ecumenismo: “Es importante que el nuevo Padre Nuestro que recemos desde ahora no sea el texto precedente de los protestantes, ni el de los Católicos, ni el de los Ortodoxos. Cada grupo debe implicarse en una búsqueda, cada uno debe buscar el entendimiento con los otros, cada uno deberá renunciar a sus fórmulas que les eran tan queridas y que le pueden parecer las mejores. No hay ni vencedores ni vencidos, sino solamente hombres que han aceptado juntos la búsqueda de la verdad, para acercarse a la unidad. Y es para nosotros un gozo que los católicos hayan aceptado estas modificaciones.

Es un signo que muestra que, creyendo pertenecer a la verdadera Iglesia de Cristo, sabemos que no llegaremos a la unidad sin consentir en sacrificios, sin aceptar transformaciones, sin romper con rutinas, sin convertirnos”7. Ciertamente, esto no ocurrirá sin que existan disgustos entre los católicos. “Se puede preveer, un real desafecto de ciertas personas, sobre todo los que están vinculados a las formas tradicionales: “herederos de lo antiguo, ricos de una vida espiritual alcanzada con el paso del tiempo por una tradición cristiana ya dada”8. El verdadero remedio a todo esto es profundizar en el espíritu ecuménico: “Con el Padre Nuestro se nos ha dado la posibilidad de ganar terreno en las preocupaciones ecuménicas; Bastaría que los pastores y los cristianos que sean más conscientes no dejen pasar la oportunidad. Se va a producir un cambio muy importante en la Misa; a decir verdad, no es más que un cambio de los muchos que se van a producir en el futuro.

Pero no se trata solamente de la Misa; es la plegaria más corriente entre los cristianos, la que hay que aprender a decir de otra forma. La opción por tutear a Dios en la liturgia habría llevado de todas formas a un cambio9, pero si se va más lejos en las modificaciones es por un motivo ecuménico. Sería capital que cada cristiano, cada cristiana de nuestras parroquias estén atentos a esta cuestión. La reforma alcanzará su objetivo real, igualmente para aquellos que no han tenido contacto con miembros de otras confesiones cuando puedan decirse: Cambio mi manera de rezar todos los días porque yo tengo hermanos que esperan de mi este esfuerzo”10.

(Continuará)

G. Celier

Capítulos anteriores

[Traducido por María Teresa Marín para Adelante la Fe]

1 J. Cornelis: “Un événement oecuménique: Un seul Notre Père pour Tous les chrétiens de langue française” Unitas 2º Trimestre de 1966, pág. 157.

2 J. Cornelis: ibid. Pag. 159.

3 “Communiqué conjoint des diverses confessions”, DC 1463, 16 de enero de 1966, col. 182.

4 M.D. Bouyer: “Le Nouveau Notre Père”, NPL 60, febrero de 1966, pág. 6.

5 C. Paliard: “Pour une catéchése du Notre Père”, NPL 62, junio de 1962, pág. 6.

6 Cl. Wiener: “La nouvelle traduction française de la Prière du Seigneur”, LMD 85, Primer trimestre de de 1966, pág. 147.

7 Cl. Wiener: Ibid. Pág. 149.

8 Cl. Wiener: Ibid. Pág. 140.

9 “En lo que concierne a las traducciones, tutear a Cristo escandaliza. Antes de provocar un levantamiento de los ánimos contra esta experiencia, habría que comunicar con razonamientos estos cambios, que como todos los cambios sobre lo anterior, tiene su parte de inconvenientes. Nos conforma con los usos del Papa y de los protestantes, por lo que se facilita la plegaria en común. Esta cuestión ecuménica, ¿no merece un esfuerzo, una necesidad, el sacrificio de las sensibilidades personales, en si mismas respetables? y la experiencia que se está desarrollando ¿no merece una colaboración sin reticencias?” R. Laurentin: “L’enjeu du Concile. Bilan de la troisième session”, Seuil, 1965, pág. 355.

10 Cl. Wiener: “La nouvelle traduction française de la Prière du Seigneur”, LMD 85, Primer trimestre de 1966, pág. 150, 151. Se puede consultar por su interés en esta cuestión el artículo “Une traduction oecumenique du Pater pour les Pays francophones” , aparecido en ICI 256, 15 de enero de 1966, pág. 6.