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De la enfermedad del alma y su remedio

 Meditación para el lunes dieciocho

Punto I: Contempla en el espejo de este enfermo sin poderse mover en una cama, a quien traen en hombros de cuatro sanos por su debilidad, a tu alma enferma por el pecado en el lecho de tu cuerpo, sin fuerzas ni virtud para hacer obra buena ni digna de la bienaventuranza, y que no puede venir a Cristo, sino es traída como en hombros ajenos por su divina gracia; y clama de lo íntimo de tu corazón, pidiendo a Dios que tenga misericordia de ti, como la tuvo con este enfermo y que pues vino a curar las dolencias de la culpa, cure las tuyas y te de entera salud.

Punto II: Considera como pidiéndole a Cristo los que le trajeron este enfermo la salud del cuerpo, en primer lugar le dio la del alma diciendo: confía, hijo, que tus pecados son perdonados; enseñándole dos cosas: la primera buscar la salud del alma en primer lugar que la del cuerpo, y los bienes espirituales antes que los corporales, como más preciosos e importantes; la segunda, que la enfermedad del cuerpo tiene raíz en la del alma y curada esta se alcanza la salud de aquella, y por esta causa hay muchos enfermos que no aprovechan las medicinas corporales, porque no ponen la segur a la raíz (?), ni toman el agua de su principio, empezando la cura por la enfermedad de los pecados, de donde nace la que padecen en el cuerpo. Toma estas dos lecciones del Maestro de la vida, si quieres alcanzarla para ti y para los tuyos; empieza por lo espiritual, y conseguirás justamente lo temporal, busca en primer lugar lo eterno y la salud del alma, y Dios te dará la del cuerpo y los bienes espirituales y temporales también, como los dio a este enfermo.

Punto III: Considera como le dio a este enfermo entera salud con su palabra, mandándole que se levantase sano de la cama, y luego se halló libre de la enfermedad que le afligía; en que nos enseño la virtud de su palabra, no solamente para dar salud al cuerpo, sino mucho más al alma, cuya medicina instituyo en el sacramento de la penitencia, en el cual es curada de todas las dolencias de sus pecados por virtud de las palabras del sacerdote, aplicándole los merecimientos de su sangre preciosísima. Esta potestad soberana dejó en el mundo a los hombres para medicinar a las almas y darlas entera salud, como se la dio a este enfermo; dale infinitas gracias por tan señalada merced como te hizo a ti y a todos en dar a su Iglesia tan fácil y suave medicamento, y tan eficaz para alcanzar la salud espiritual y recuperar la vida del alma; y seca de aquí nueva estimación de este santo sacramento y propósito de frecuentarle, y exclama con este pueblo: bendito sea Dios que dio tal potestad a los hombres.

Punto IV: Considera como sanando Cristo a este enfermo le mando a tomar su cama y retirarse a su casa, en que nos dio otra lección y medicina para la salud del alma, que es quitar las ocasiones de las culpas y retirarse al recogimiento, en el cual se halla la seguridad y los bienes espirituales que se pierden fuera de él; oye las palabras del Salvador como dichas a ti mismo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Levántate del cieno de tus vicios en que hace tantos años que estas sepultado; toma tu lecho, quita las ocasiones en que estás preso y sin aliento para cosa buena y retírate al recogimiento, y recuperarás la salud que has perdido en la vida pasada; este es un régimen y una medicina saludable, cuya virtud han experimentado con grande usura de su espíritu todos los que la han usado; ruega a Dios que te de fuerzas para experimentarla, y pondera que le manda Cristo tomar el peso de su cama y llevarla como cruz sobre sus hombros, en testimonio de su entera salud, porque lo ha manifestado de haberla alcanzado en el alma, cuando nos pesa de los vicios pasados y nos son cruz las delicias en que antes nos deleitábamos. ¡Oh Señor! Dadme esta gracia para que yo alcance perfecta salud, que sean para mi carga pesada mis pecados en que antes descansaba, que me pese sumamente lo que antes me deleitaba, y que sean cruz dolorosas los gustos y las delicias en que me saboreaba, y solo me deleite y descanse vuestra cruz y vuestro amor, y emplearme en vuestro servicio.

 Padre Alonso de Andrade, S.J




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Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.

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