Patrick J. Buchanan ha escrito hoy otro gran artículo titulado Los Estados Unidos y el catolicismo, en crisis (puede leerse al final del artículo). He aquí un fragmento: “Durante los años cincuenta, los dos pilares mundiales del anticomunismo fueron los EE.UU. de Eisehower y la Iglesia Católica Romana de Pío XII. Durante los ochenta, última década de la Guerra Fría, Ronald Reagan y el polaco Juan Pablo II fueron los pilares de la resistencia. Pero cuando Francisco llegue a Washington el martes por la tarde encontrará un país muy diferente al de Eisenhower o al de Reagan. Y los católicos darán la bienvenida a un nuevo tipo de pontífice.”

COMENTARIO DE THE REMNANT: ¿Alguna vez se han dado ustedes cuenta de lo ineptos que son los católicos a la hora de demostrar porqué o en qué sentido su nuevo estilo de catolicismo es mejor que el anterior? Todo está sumido en el caos y va a peor, y aún seguimos oyendo que estamos mejor que antes, que todo está bien, que ¡qué progresista!, ¡es superior!… 

No me lo creo. ¿No les suena a ustedes esto a la serie televisiva En los límites de la realidad (en algunos países se conocía como [La] Dimensión desconocida, N. del T.), o algo parecido? Me explico: a nuestro alrededor se venden iglesias vacías a docenas, y mientras tanto nuestros cada día más singulares sacerdotes sonríen de oreja a oreja más que nunca tras sus altares-mesa como si no pasara nada. ¿Puede saberse a qué viene tanta sonrisa?

Monjas vestidas con trajes pantalón más desaliñados que los de Hillary Clinton viajan por el mundo proclamando a los cuatro vientos lo progresistas que son, sin caer en la cuenta de lo mayores que son.

La Jerarquía nos asegura que cuida de los pobres más y mejor de lo que lo hicieron ninguno de sus predecesores desde los tiempos de los apóstoles, ajenos a que nadie cuida de lo que a nadie importa. Incluso después del ocultamiento generalizado de los escándalos sexuales y vicios de ciertos sacerdotes, a esos señores ni se les llega a ocurrir que se hayan convertido en algo social y moralmente sin importancia.

Y ahora nos llega un papa humilde, verdadera encarnación del modernismo, alardeando desde una alfombra roja de que va a tratar con misericordia a los millones de católicos marginados por el mismo modernismo que él mismo patrocina cada vez que abre la boca. Es decir, que su fijación es repetir lo mismo una y otra vez, con la vaga esperanza de conseguir un resultado diferente. ¿Y nadie se da cuenta que esto se adecua a la definición de locura?

La Iglesia Católica (aunque, por supuesto, ya no empleamos la palabra Católica a no ser que, por supuesto, sea imprescindible) es actualmente mejor y más progresista; ahora que millones de personas la han abandonado, que muchos más millones no se molestan en ir a Misa, y que muchísimos más no aceptan sus dogmas fundamentales, negación que supone apostasía… solo que la mayoría de los católicos es demasiado inculta para saber lo que significa esa palabra.

Mientras, escondido en armarios de la limpieza, desaparecido de los lugares sagrados, olvidado y desechado, Nuestro Rey Jesucristo es objeto de la mayor burla por el intento divino de habernos creado a su imagen y semejanza, inversión demoniaca que estos arrogantes hombrecillos hacen creer al mundo que es “misericordia”.

Ateones cobardones, agonizantes vergonzantes, descreídos aburridos, sed bienvenidos a la nueva comunidad eclesial aggiornada según el Concilio Vaticano II.

Michael Matt, director 

[Traducido por Alberto Torres Santo Domingo]

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CONFUSION VATICANA
LOS ESTADOS UNIDOS Y EL CATOLICISMO, EN CRISIS

por Patrick J. Buchanan

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Durante los años cincuenta, los dos pilares mundiales del anticomunismo fueron llos EE.UU. de Eisehower y la Iglesia Católica romana de Pío XII.

Durante los ochenta, última década de la Guerra Fría, Ronald Reagan y el polaco Juan Pablo II fueron los pilares de la resistencia.

Pero cuando Francisco llegue a Washington el martes por la tarde encontrará un país muy diferente al de Eisenhower o el de Reagan. Y los católicos darán la bienvenida a un nuevo tipo de pontífice.

En los EE.UU. de 2015, la homosexualidad, el aborto libre y el matrimonio entre personas del mismo sexo, que eran delitos vergonzosos en tiempos de Eisenhower y pecados mortales en el catecismo de Pío XII, se han convertido en derechos constitucionales.

Estos son los valores que definen al país de Barak Obama, los valores que nuestros funcionarios defienden en las Naciones Unidas, los que predicamos al mundo.

El país de Obama llama progreso a lo que el de Eisenhower consideraba decadente. Y entre sus más entusiastas apoyos se encuentra nuestro católico
vicepresidente Joe Biden, y la católica líder del Partido Demócrata en el Congreso y ex presidente del Congreso Nancy Pelosi.

Desde los tiempos de Eisenhower, el cristianismo, la fe que forjó a Occidente, ha sido expurgado de la vida pública norteamericana. La Biblia, la oración y todo el arte, libros y símbolos cristianos han sido expulsados de la enseñanza, como lo fueron en Cuba cuando Fidel Castro se hizo con el poder.

La fe de nuestros mayores, aquella en la que nos criamos, no puede enseñarse en nuestros colegios públicos.

Estados Unidos es ahora un país diferente, una nación secular postcristiana camino de convertirse en un país anticristiano. Algunos se sienten extranjeros en su propia tierra. Y desde el punto de vista católico tradicional, la cultura de este país se ha convertido en  una cloaca abierta. Un volumen considerable del tráfico en Internet es pornografía.

Irónicamente, mientras esto sucede en lo que en un tiempo fue llamado el “país de Dios”, Vladimir Putin busca el restablecimiento del cristianismo ortodoxo oriental como la base de la moralidad y la ley en Rusia. Y se puede leer enWall Street Journal del pasado lunes que Xi Jinping está tratando de enseñar a sus camaradas del Partido Comunista chino en las enseñanzas de Confucio.

El mundo al revés. Toda civilización reconoce la necesidad de la fe, excepto Occidente, que la ha perdido y se encoge y muere por falta de ella.

Steven Erlanger escribe lo siguiente este mes en el New York Times en un artículo titulado “¿Están perdiendo su influencia los valores occidentales?”:

“En su rechazo a los valores liberales occidentales de igualdad y elección de sexo, la Rusia conservadora hace causa común con muchos africanos y con las enseñanzas del islam, el Vaticano, los protestantes fundamentalistas y los judíos ortodoxos.”

Lo que Erlanger describe como “la Rusia conservadora” parece compartir valores con Estados Unidos, pero con los de 1955, que eran diferentes a los de 2015.

Lo que nos lleva a preguntarnos: ¿Cambia la verdad moral?

El juez Oliver Wendell Holmes escribió: “La mejor prueba de la verdad está en que el pensamiento encuentre aceptación entre la competencia del mercado.”

Pero, ¿es eso cierto? Una década después de su golpe fallido de la cervecería de Munich, el partido nazi de Hitler obtuvo el mayor número de votos jamás logrado en unas elecciones democráticas en Alemania. Había ganado en el mercado de las ideas. ¿La ratificación democrática hacía verdaderas las ideas de Hitler?

¿O más bien la verdad es independiente del mercado?

Los EE.UU. de siempre, expurgados de cristianismo, predican un nuevo evangelio al mundo: que en la democracia liberal está la salvación de la humanidad.

Pero, ¿no nos había dicho Churchill, icono de los devotos de la democracia, que “el mejor argumento contra la democracia son cinco minutos de conversación con el votante medio”?

La Iglesia Católica también atraviesa una crisis cada vez mayor de credibilidad y coherencia moral.

La iglesia de Pío XII y Juan Pablo II enseñaban que las verdades de los Diez Mandamientos y las del Sermón de la Montaña eran eternas. Aquellos papas también enseñaron que el matrimonio válido es indisoluble, que la homosexualidad es antinatural e inmoral, que el aborto es el asesinato de criaturas inocentes, una abominación.

Sin embargo uno lee habitualmente sobre debates en el Vaticano encaminados a alterar las enseñanzas infalibles de la Iglesia en cuanto a estas doctrinas, a fin de hacerla más atractiva para quienes las han rechazado.

Ahora que viene el Papa a EE.UU., algunos católicos claman a favor de la contracepción, la ordenación de la mujer y la aceptación de la homosexualidad. Pero incluso los episcopalianos, que han abrazado todas esas reformas e incluso han ido más allá, por lo visto siguen los pasos de los mohicanos de James Fenimore Cooper.

En Cuba, Francisco evitó hablar de la represión de los hermanos Castro. ¿Evitará también hablar de la crisis moral de EE.UU. y se limitará a parlotear de la desigualdad salarial o el cambio climático para encontrar puntos en común con Obama?

Lo que ha salido del Vaticano en los últimos dos años es confusión moral. Como nos recuerda el arzobispo de Filadelfia Charles Chaput, “la confusión viene del diablo.”

Tras haber salido victoriosos en la lucha ideológica de 70 años contra uno de los mayores enemigos que haya conocido la humanidad, el marxismo-leninismo, ¿van los Estados Unidos y la Iglesia Católica camino de la misma decadencia y desintegración?

[Traducido por Alberto Torres Santo Domingo]

Michael Matt
Director de The Remnant. Ha sido editor de “The Remnant” desde 1990. Desde 1994, ha sido director del diario. Graduado de Christendom College, Michael Matt ha escrito cientos de artículos sobre el estado de la Iglesia y el mundo moderno. Es el presentador de The Remnant Underground del Remnant Forum, Remnant TV. Ha sido Coordinador de Notre Dame de Chrétienté en París – la organización responsable del Pentecost Pilgrimage to Chartres, Francia, desde el año 2000. El señor Michael Matt ha guiado a los contingentes estadounidenses en el Peregrinaje a Chartres durante los últimos 24 años. Da conferencias en el Simposio de Verano del Foro Romano en Gardone Riviera, Italia. Es autor de Christian Fables, Legends of Christmas y Gods of Wasteland (Fifty Years of Rock n' Roll) y participa como orador en conferencias acerca de la Misa, la escolarización en el hogar, y el tema de la cultura, para grupos de católicos, en forma asidua. Reside en St. Paul, Minnesota, junto con su esposa, Carol Lynn y sus siete hijos.