Hoy quisiera detenerme un poco para meditar sobre la importancia de las pequeñas cosas en nuestro quehacer diario. Ya decía el cardenal Newman “vivir es cambiar” De aquí podemos pensar, día en que no cambie, día que no viví. Ese día fue muerto, inútil, inservible para nosotros pues no nos acercó a Dios. Todo lo que hagamos debe estar ordenado hacia Dios. Que Él sea nuestro trabajo, nuestro cansancio y nuestro descanso.

Quiero que empecemos con una frase del gran moralista San Alfonso María de Ligorio “Un gran deseo de ser santo, es el primer peldaño para llegar a serlo; y al deseo se ha de unir una firme resolución.”

De aquí vemos que el primer paso es querer. Lo que me remite al libre de El cowboy que ajustó cuentas con Dios  del padre M. Raymond que dice que si todos pudiéramos seríamos los mejores hombres, más, si todos quisiéramos seríamos los mejores santos.

Entonces vemos que solo es querer. No es tan difícil ser santos, solo es cosa de que nos decidamos. Y decidirnos no quiere decir que vamos a tener arrobamientos místicos y a ser levantados del suelo. Eso se comienza de poco a más, y Dios sabe a quién dar esos regalos que nadie merece. Y nuestra entrega ha de ser constante hasta en las pequeñeces de la vida. Desde nuestro levanto, del cual el Santo Cura de Ars aconsejaba que no hay que ni siquiera tender la cama si antes no nos pusimos de rodillas para agradecer a nuestro Criador por habernos concedido un día más de vida. Volviendo a esto, por ejemplo levantarnos con fidelidad a nuestro horario, nada de cinco minutitos más y esas cosas, así es como empezamos con la infidelidad en nuestro día. Y ten por seguro que si empiezas mal tu día lo terminarás peor. Después cumplir fielmente nuestras tareas, el sacerdote con su ministerio, el seminarista con la oración, el estudio y el apostolado, los laicos con la escuela y el trabajo, los casados han de saber que su primer deber no es para con sus hijos. El primer deber del esposo es su esposa, y el de la esposa es su esposo. Si el marido o la mujer están bien los hijos por deducción también. El del estudiante es sacar diez y nota en sus calificaciones, sabiendo que lo que estudia no es para él, sino para ponerlo al servicio de los demás. El del trabajador es hacer su trabajo de la mejor manera, no con el afán de percibir un mejor sueldo, sino de hacer lo que Cristo en la carpintería de Nazaret. Que solo buscaba agradar al padre. Y por supuesto nuestra fineza con Dios, de nada nos sirve todo lo que hagamos si no va dirigido a Dios. Todo absolutamente TODO a ha de ser por Él y para Él. Desde nuestro despertar hasta nuestro dormir. Que dulce poder decir a Dios, Señor yo siempre he sido tuyo, no me abandones, como le decía San Felipe Neri, Señor cuida a tu Felipe, porque si lo dejas él te puede traicionar. Jamás apartarnos del Señor ni apartar lo que hacemos de Él. Pues tampoco se puede entender que estemos muy unidos a Él en la oración pero nuestros asuntos privados, nuestra vida personal no sea interpelada por Él. Como decía un santo pastor Dios tiene que penetrar hasta en los alveolos de los pulmones si no conseguimos meter a Dios hasta el fondo de nuestra vida, ella será inútil. Será inservible el día que no hayamos buscado y trabajado por Él y para Él.

Dios los bendiga.

Nicolás Castro