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De las virtudes del buen maestro y buen discípulo a ejemplo del Salvador

Meditación para el lunes de la semana veintidós

PUNTO PRIMERO. Considera las palabras que le dijeron a Cristo los que vinieron a consultarle; y dejada su mala intención, pondera la verdad que encierran para gloria del Salvador y provecho de tu alma; y lo primero considera, que le llaman Maestro, porque lo es de las almas, y su doctrina verdadera, y la que no es suya falsa y mentirosa. Pondera cuánto te importa asentar plaza en su escuela, y aprender su doctrina, y resuélvete a dejar los maestros del mundo, que son catedráticos de mentiras, y como dice David (1), de pestilencia, y su doctrina mentirosa y mortífera. Llora el tiempo que has cursado en sus lecciones y seguido sus consejos, y vuelve sobre ti, y pídele a Dios con lágrimas que te admita por su discípulo, y que te alumbre y enseñe la verdad, y te saque de las tinieblas con la luz de su celestial doctrina.

PUNTO II. Considera la segunda calidad que dicen de Cristo, que enseña el camino del cielo con toda verdad y claridad; así ha de ser el buen maestro, y así debe enseñar a sus discípulos: mira si lo eres de Cristo, y si tomas su doctrina y sigues el camino del cielo, que él enseña, o el de la perdición que enseña el mundo: atiende qué camino has seguido hasta aquí, y cual has de seguir en adelante, y pídele a Dios que te perdone lo pasado, y te dé gracia para seguir el verdadero camino de la vida en adelante.

PUNTO III. Considera la tercera calidad que predican éstos del Salvador; conviene a saber, que no tiene ojo al interés, sino que enseña desinteresadamente, sin pretender otra cosa más que el aprovechamiento de sus discípulos. Esta es otra calidad del buen Maestro, que sea limpio de manos, y no tenga otra mira más que el bien espiritual de los suyos: atiende al de tu alma, y aprende de tan insigne catedrático a no pretender intereses temporales en tus acciones, sino sólo el espiritual de tu alma y la de tus prójimos, y ten por sospechoso cualquiera pensamiento que se desviare de esta verdad.

PUNTO IV. Considera la cuarta virtud que dicen estos de Cristo, que no es aceptador de personas, sino igual con todos, enseñando sin diferencia alguna, y diciendo la verdad a todos igualmente, sin acobardarle el poderoso, ni detenerle el grande, ni lisonjear al noble, sino a todos con igual valor, así como el sol a todos alumbra igualmente. ¡Oh gran virtud del buen Maestro y del buen predicador! Pídela a Dios, y aprende a no moverte por el resplandor humano, ni por lo que parece de fuera, sino por la verdad y caridad, como Cristo, sin aceptar personas, mirando por todas, y acudiendo con igual gusto y solicitud al chico y al grande, al pobre y al rico, y diciendo a todos la verdad. Pídele a Dios valor para ser discípulo del Salvador y seguir sus pisadas en todo.

Padre. Alonso de Andrade, S.J 

1.Psalm. 1.




Meditación
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