“Les saints et les anges,
en choeurs glorieux,
chantent vos louanges,
ô Reine des cieux”
(Ave de Lourdes)

Ave, Ave, Ave María…esa hermosa melodía que acompaña al estribillo del Ave de Lourdes, procede de un canto de cuna, Mous esclops, que se cantaba en el siglo XIX en la región francesa, sin duda era un hermoso preludio de lo que iba a suceder en Lourdes de Francia, donde Nuestra Señora se le apareció a un alma pura. Por mi vinculación con la Hospitalidad de Lourdes, vivo con gran devoción lo que para nosotros es un gran día, la conmemoración de un hecho singular. El 11 de Febrero de 1858 la Virgen se presentaba por primera vez a Bernardette, o Bernardita , como nos gusta llamarla a los hospitalarios. La niña salió a buscar leña para prender el fuego del hogar y encontró a la Señora, que encendió un horno en su interior, que ni la fuerza del caudal del río Gave, podría apagar. ¿Por qué fue Bernardita, la escogida? La respuesta es evidente, las almas sencillas, son las que agradan al Señor y a su Santísima Madre.

“Son siempre los niños

imán de su amor;

y allí a Bernardita

su gloria mostró”

(Ave de Lourdes)

No parece factible que los reyes del mundo, presidentes del gobierno, e incluso muchos de nuestros Obispos, sean los elegidos para escuchar la voz de la Virgen y transmitir su mensaje, ¿No creen? Un alma contagiada por la mundanidad y las cosas terrenales difícilmente puede tener a Dios en el centro de su corazón. La Señora busca almas libres de cargas para llevarlas a Jesús, ¿Cómo posarse en un interior en el que no hay espacio? Y yo les pregunto, ¿Como está el nuestro, el de Vds. y el mío, mis queridos lectores? ¿Nos podría escoger a nosotros, la Llena de Gracia, como interlocutores?

Al Santuario de Lourdes, en Francia, llegan miles de enfermos del mundo entero, a beber del agua de la gruta, a bañarse en sus piscinas, a implorarle a la Señora el milagro de la curación. Y Ella sigue obrando, ya que allí, se siguen produciendo curaciones, pero lo más importante y lo que se nos escapa de la vista y del entendimiento, son los grandes milagros que Ella opera en las almas. Ahí es donde se produce la verdadera curación, en el interior. Muchas personas que llegan impulsadas como voluntarios o por curiosidad, salen totalmente transformados, la Virgen es como un zarpazo que llega a nosotros sin preaviso.

Cuando uno llega a la gruta de Lourdes, algo inexplicable y que se escapa al entendimiento humano, sucede en nuestro interior. No es algo psicológico, ni susceptible de opinión, es palpable y que se puede constatar. Nadie que haya estado en el Santuario, en la Gruta, ha quedado indiferente, Ella está presente, es algo evidente y su única y gran misión, es llevarnos a Dios. ¿Saben a que huele el aire en Lourdes? A la Virgen Santísima, a los pétalos de rosas que se desprenden de su manto.

“Por detrás su cuerpo

todo alrededor,

gracioso envolvía

un largo mantón”

(Ave de Lourdes)

Enfermos terminales, enfermedades degenerativas, sí, todo ello tiene cabida en el Corazón Inmaculado de María. Sesenta y nueve curaciones reconocidas por la Iglesia, la primera, en el año 1862, Catherine Latapie, milagro de curación reconocido por El Vaticano. Queridos, esto no es un cuento, es una realidad y Ella obra todas estas curaciones para que nosotros creamos y abandonemos nuestra miserable vida terrenal y nos convirtamos. En Lourdes nos espera la curación, la verdadera sanación, la conversión de la vida de pecado, a la vida de Gracia.

“Haced penitencia

y ardiente oración

por los pecadores

que ofenden a Dios”

(Ave de Lourdes)

Los grandes milagros que se producen allí, son las Confesiones. No lo duden, de nada sirve un cuerpo sano en un alma podrida. Sacerdotes de todas las nacionalidades están esperando para recoger al hijo pródigo, pero es absurdo ir a Lourdes si después volvemos a nuestras rutinas, si nos cerramos a la Gracia. No se trata de mirar la imagen de la Virgen, se trata de abrirnos al milagro de la transformación de nuestras vidas, hay que ver a la Señora con los ojos de la Fe y si así lo hacemos, cuando volvamos a nuestra vida corriente, sólo desearemos una cosa, estar a los pies de Jesús Sacramentado en el Sagrario. Beban del Agua Bendita y beberán la eternidad.

“Sus aguas benditas

medicinas son

que al cuerpo y al alma

dan la curación”

(Ave de Lourdes)

Me comentaba hace tiempo, una persona allegada a mi, que en una excursión parroquial, como no podía ser de otra manera, entre otros destinos, pasaron unas horas por Lourdes, fueron a la Santa Misa en la gruta, después se fueron de compras por la zona turística y finalmente rumbo a Cantabria donde salieron de noche a cenar y a bailar y me decía que sí, que muy bien el viaje, que allí sentías algo especial, pero “si te he visto, no me acuerdo”. El ser humano es increíble, pensaremos que se nos va a presentar la Señora y acto seguido nos vamos a ir a tomar un martini o un gin tonic para celebrarlo, ¡Qué falta de seriedad, de formación y de piedad! ¡Qué vacíos estamos! Con estas ideas, es normal que vivamos de espaldas a Dios. Lourdes es para vivirlo a tope, para dejarse embriagar por todo lo que la mano de Dios creó en este Santo paraje. El río Gave, con su impresionante torrente de agua, al pasar por la gruta, silencia su cauce, para no perturbar nada de lo que allí acontece, para no despertarnos del dulce sueño que nos provoca María, mientras nos canta esa dulce nana de la que les hablaba al principio, un dulce sueño de Amor. El Santo Vía Crucis que se hace subiendo la montaña, con la presencia de los gigantescos árboles que han visto pasar generaciones de peregrinos y siguen allí, fieles testigos de lo que sucedió, compañeros de Bernardita en sus encuentros con la Señora. ¿Cómo pensar en algo más que en rezar, si es lo que más le agrada a Ella? En Lourdes se para el tiempo, la noche es día y nadie quiere dormir, sólo orar, un Rosario una y otra vez. Lourdes no es un destino turístico, es una antesala al cielo.

“Un largo rosario

que el cielo labró,

sostiene en sus manos

más puras que el sol”

(Ave de Lourdes)

¿Se pueden permitir el viaje? ¡Entonces, háganlo! No lo duden. Es cierto que el Señor está en todos los Sagrarios del mundo, pero en Lourdes de Francia, además de estar Él, la Virgen, nos coge de la mano, como una dulce Madre y como si fuéramos niños pequeños, nos lleva a Su presencia, nos engalana para Él. Ella misma le habla de nosotros, nos lleva ante Dios Padre, igual que hizo con el Niño cuando lo presentó en el templo, de la misma manera pone nuestra alma ante Jesús y si nosotros nos dejamos transformar, renaceremos a una nueva vida. Si hoy, día 11, no pueden estar allí presencialmente, háganlo espiritualmente, recreen su vista en una estampa de la Madre, después cierren los ojos, enciendan una vela y canten el Ave, mientras recorren con Ella en procesión, la explanada del Santuario.

Seamos Bernardita, almas puras que sólo quieren amar a Dios, ¿Saben el sufrimiento y la incomprensión que vivió, por ser fiel a lo que había escuchado y visto? Su recompensa, sin duda alguna, ha sido el cielo, ¿No nos gustaría imitarla? Desprendámonos de todo lo terrenal, seamos sencillos, amemos a Dios y a la Santísima Madre en la oración diaria, amemos a Jesús, entreguémonos a Él, siguiendo la Tradición de la Iglesia, cumpliendo los Mandamientos y teniendo horror al pecado mortal y venial y es seguro que el cielo, será nuestra morada.

“Yo soy la hermosura

que refleja a Dios.

Yo soy toda pura

en mi Concepción”

(Ave de Lourdes)

*Historia del Ave de Lourdes (Con la autorización y el agradecimiento a Jean Paul Lecott, Maestro Organista del Santuario de Lourdes en Francia)

La melodía del Estribillo proviene de un canto de cuna Mous esclops, que se cantaba a mediados del S. XIX, próximo a la época de las apariciones. La melodía de las Estrofas proviene de unos cantos del Abad Lambillote, editados en 1842 en París.

El primer texto del que se puede hablar, hacia el año 1872 fue compuesto por un sacerdote de la región de Vandée y llevaba por título “Saludo de Bienvenida” Sur cette colline/Marie apparut./Au front qu’elle incline/Rendons le salut. No obstante y símplemente como dato anécdotico, se puede mencionar que hubo una versión anterior, cuyo autor se desconoce y que hablaba de la derrota del año 1870, es decir, era un texto que distaba mucho de poder considerarse litúrgico.

Es importante señalar, que el texto del año 1872 en seguida fue considerado un texto muy corto y por lo tanto, se hizo un encargo, para pasar a una versión mayor. El nuevo texto se titularía “Chapelet de Notre-Dame de Lourdes”, que traducido quiere decir “Rosario de Nuestra Señora de Lourdes” y constaba de 60 versos, sobre los Misterios del Rosario.

Este curioso dato, sobre el número de estrofas, tenía su explicación: Se creía, erróneamente, en aquella época, que el Rosario de la Virgen, tenía seis decenas en lugar de cinco. Este nuevo canto fue estrenado por primera vez el 27 de Mayo de 1873 y de manera inmediata, se hizo popular. Este texto, se mantuvo casi un siglo, pero en el año 1968, el Obispo de Tarbes-Lourdes, Monseñor Théas, a instancias de los directores de peregrinaciones y aconsejado por el maestro de capilla del Santuario, encargó una nueva letra al canónigo Maurice Le Bas, el cual consideraba que las nuevas letras tenían que hablar de la historia de las apariciones de nuestra Señora a Bernardette y ajustarse al ritmo musical.

Trabajaron en él, un historiador, un músico y un poeta. Con ello, consiguieron un texto claro y directo, pero no desprovisto de poesía El responsable de la armonización es el Canónigo Lesbordes, que no pudo llegar al estreno de la misma, ya que falleció unos días antes. Él es el responsable de la segunda voz que hace para el Estribillo, lo que añade mayor expresión

La presentación del nuevo Ave se hace en un día significativo, el 11 de Febrero de 1969, hace 42 años. El 18 de febrero, fiesta de Santa Bernardette, se cantan en Lourdes las 60 estrofas que tiene actualmente el Ave, durante la procesión que se hace desde la iglesia parroquial hasta la Gruta, llevando la reliquia.

Durante las procesiones de las antorchas, en el Santuario, se cantan una o dos estrofas, casi siempre las mismas y cantadas en las distintas lenguas de los grupos que asisten a la procesión. El estribillo, cantado por los miles de peregrinos, resuena de manera impresionante en la explanada, y el eco lo repite por las montañas de Lourdes.

El ritmo ligero y la sencillez de la música, hacen que sea un canto fácilmente ejecutable por todas las personas que lo escuchan, aunque sea la primera vez.

Sonia Vázquez