Muchas veces la inocencia de un niño es capaz de hacernos reflexionar y ver cosas que a los adultos nos cuesta. He conocido una anécdota de un caso 100% verídico que no puedo dejar de contarles. Aunque a algunos les pueda parecer mentira hay niños que han crecido asistiendo a la Misa tradicional, única que han conocido, pues uno de estos niños es nuestro protagonista.

Por circunstancias, este niño tuvo que acompañar a sus familiares a una Misa “nueva”, era la primera vez en su vida que asistía. La Madre contó algunas de las preguntas que su hijo le hacía:

¿Mamá,  por qué el sacerdote le da la espalda a Dios?
– ¿Mamá, por qué el cura está casi todo el tiempo fuera del altar como si diera una conferencia?
– ¿Mamá, por qué tocan guitarras y cantan canciones como cuando estamos de excursión?
– ¿Mamá, por qué la gente no se arrodilla?
– ¿Mamá, por qué el cura habla tanto? No puedo rezar como acostumbro para preparar la comunión, no para de hablar.
– ¿Mamá, por qué la gente comulga como si cogieran comida?
– ¿Mamá, por qué nadie reza después de comulgar?

Mamá, “¡qué misa tan rara!”.

Miguel Ángel Yáñez