Año 2018, ya hace tres años del Sínodo de los Obispos y del proclamado “Año de la Misericordia”, ¿Cuáles han sido los resultados de estas iniciativas? ¿Las almas se han acercado a la salvación o se han ido al camino contrario, a la condenación? Esta semana me encontré con dos amigas a las cuales, se puede decir que ambos hechos, les influyeron.

La primera estaba divorciada y vivía con un hombre, no frecuentaba la Iglesia aunque había recibido una educación piadosa. A raíz de todo lo que se coció en el Sínodo, su madre la animó a volver a la Iglesia” ya que ahora, no estás en pecado”. Y así fue, hasta se hizo una colaboradora habitual en su Parroquia, e incluso hay días que lleva la Comunión a algún enfermo. Habitualmente D. Anselmo la pone como ejemplo de los nuevos tiempos que vive la Iglesia desde que fue el Sínodo. Ella me comentaba que se sentía en una representación teatral de la que no tenía claro que quisiera formar parte. Recordaba cuando de niñas íbamos al catecismo, llenas de pureza tras Confesarnos, Comulgábamos y textualmente me dijo “en ese momento sentía como el mismo Dios me hablaba en mi interior”. Su cara cambio y una mueca de desagrado reveló que eso no sucedía hoy en día, realmente tal y como ella me dijo, se siente presa de una gran mentira, es consciente de que vive en pecado mortal y aunque le han dado un pase de Comulgante, cuando se para a pensarlo, la idea de la condenación la supera, por las noches se para a meditar y se da cuenta de que todo esto es una farsa, el pecado no cambia, los Mandamientos son invariables. “Si un hombre es sorprendido yaciendo con una mujer casada, ambos morirán” (Deuteronomio 22:22). En medio de las lágrimas me dijo que ojala el Señor volviera a su alma como cuando éramos pequeñas. No es algo irrealizable, le dije, pero Dios no dialoga con las almas impuras. ¿Objetivo? Lo mismo que se hace con los ordenadores: formatear.

Mi segunda amiga participó en un aborto, sobran los detalles, aprovechando el año de la Misericordia pensó que se podría despojar del pecado “simplemente con verle la cara al cura”, tal y como se propuso desde las altas esferas y aprovechando la ocasión, decidió quitarse de encima lo que tanto la importunaba, “un pequeño asesinato” que ahora era comparable a cualquier pecadillo de los que nos adornan habitualmente. Esto decían los titules de prensa Vaticanos:

“El Papa Francisco ha anunciado que durante la celebración del jubileo de la Misericordia, el cual se celebrará desde el próximo 8 de diciembre al 20 de noviembre de 2016, todos los sacerdotes tendrán la potestad de absolver a las mujeres que hayan cometido “el pecado del aborto”, ya que “el perdón de Dios no se puede negar a todo el que se haya arrepentido” y “muchas de ellas llevan en su corazón una cicatriz por esa elección sufrida y dolorosa”.

Recuerdo que esta noticia causó gran algarabía, el Clero progresista y los laicos implicados en cargarse la Iglesia criticaban a los Sacerdotes Santos que recordaban la importancia de no frivolizar los Sacramentos. Mi segunda amiga, hacía tiempo que todo lo de la Iglesia le resultaba ajeno y después de pasar por el Confesonario para “liberarse”, me dijo que nada parecido a lo que nos inculcaron en la Parroquia, donde no sólo Confesábamos el pecado, sino que nos dolíamos y purgábamos por él. El Sacerdote le restó importancia y después de un “muy bien y que no se preocupara más, Dios es misericordioso y lo perdona todo, tal y como ha dicho el Papa Francisco”, la despachó vía absolución y por un momento, ella se sintió aliviada, pero a tres años vista, todo esto la tortura día y noche. No volvió a la Iglesia, su idea era simplemente borrar ese pecado. Ese mismo día también Comulgó. Curiosamente me comentó lo mismo que mi otra amiga, “no sentí a Dios en mi alma como en nuestra infancia” ¿Qué sucede para que Dios no se cobije en nuestro pecho? Muy sencillo, cuando nuestras Confesiones no son buenas, el pecado continúa ahí… ¡Cuántas almas torturadas por este motivo! En vez de tanta falsa misericordia, de esto, es de lo que hay que hablar, del arrepentimiento verdadero.

Relatos imaginarios, relatos reales…dejemos que pase el tiempo y lo sabremos, mientras tanto volvamos al 2015, ¿Es posible un encuentro con Jesús si permanecemos en pecado? El Señor ama la pureza, sólo entra en nuestra alma si de verdad en ella haya un cobijo digno. Podemos encubrir nuestra pobredumbre ante los hombres, ante los Sacerdotes, incluso ocultar o minimizar lo que deseemos en la Confesión, pero jamás se lo podremos esconder a Dios y todo el mal que vamos albergando, es un muro que nos impide mantener un diálogo con el Señor. Nos podemos poner el vestido más hermoso del mundo, pero si por debajo estamos sucios, oleremos mal. Es muy simple, piensen en el parabrisas del coche, primero se pone un mosquito y no le damos importancia, lo dejamos, a medida que avanzamos se van poniendo más y mientras conseguimos ver la carretera no hacemos nada. Cuando el cristal está completamente sucio y pretendemos limpiarlo, resulta que la porquería está tan incrustada que es necesario bajarse del coche, remangarse, frotar y echar un manguerazo de agua para que quede brillante. Eso mismo pasa con nuestras almas si no las cuidamos y descuidamos u ocultamos pecados, se ensucian e imposibilitan la relación con Jesús. ¿Acaso no es viable una conversación con Dios como la que tenemos con nuestros familiares? No sólo es posible, sino que es superable, hablar con Él es volar al cielo, pero para ello, hay que preparar el camino.

Primero son faltas a las que no le damos importancia, después pecados veniales y llega un momento que ni siquiera reconocemos el pecado mortal, nos dejamos mundanizar por toda la porquería que nos rodea y en aras a una modernidad mal entendida, nos parece que todo está bien. ¡Cuántos Católicos estos días están firmando la solicitud para que el Papa permita Comulgar a los que viven en pareja! ¿Se nos ha ido la cabeza? El otro día me mandaba esta solicitud una colaboradora Parroquial, incluso hay Sacerdotes que la han firmado y se vanaglorian de ello, ¿Es esto una lucha entre entre Comulgantes y no Comulgantes? Miren Vds., el que está en pecado mortal no está con Dios, Comulgue o no Comulgue, esto no va con un carnet, como se piensan muchos. Hay una página web de Sacerdotes, que promueven todo tipo de relaciones pecaminosas, hombres con hombres, mujeres con mujeres, curas casados, mujeres ordenadas, toda aberración tiene cabida ahí. Una ofensa directa a Dios. ¿Saben con quién hablan estas personas? Con el demonio, ese es el diálogo que mantienen, cada uno escoge libremente a su interlocutor.

Cuantas veces nos llama la atención cuando vemos a una persona Santa, como brillan sus ojos, como sus intenciones son todas puras, como sus pensamientos van todos dirigidos a agradarle a Él y nos preguntamos cuál es el secreto de esa felicidad. Es tan simple y nosotros somos tan torpes y limitados…el encuentro con el Señor solo es posible si vivimos en Gracia. ¿A Vds. no les gusta hablar a diario con sus amigos o con sus familiares? Pues susurrar al oído del Señor y dejar que él nos responda, es la conversación perfecta, es lo único que puede llenar nuestro interior, no hay felicidad si no es con Cristo y Él sólo permite ese relación intensa si le presentamos un alma pura, sin mancha, como la ropa cuando sale de la lavadora, inmaculada. De no ser así, no podremos aspirar más que a un aburrido y absurdo monólogo. El otro día escuchaba una predicación en la que el Sacerdote decía que el encuentro con Dios no era en la oración, en el Sagrario, sino en la calle con nuestros semejantes, si esto fuera así, ¿Por qué entonces la gente es tan infeliz si estamos rodeados de “semejantes”? Burdas mentiras de malos pastores que engañan a sus ovejas y las descarrían. Sin oración ante Jesús Sacramentado no hay vida interior y sin Sacramentos, no hay encuentro con Jesús.

La gran conversión se produce cuando rasgamos completamente nuestra alma y se la entregamos a Dios, cuando nos acercamos al Confesonario, revisamos detalladamente lo que hay dentro de nosotros, nos dolemos de los pecados cometidos, nos proponemos abandonar la vida de pecado y cuando estamos dispuestos a pagar el precio que sea necesario con tal de expiar, ahí se produce la gran conversión, el primer paso para un cambio, sólo puede a través de la pureza.

¿Vds. quieren ser felices? ¿Saben lo que es necesario para ello? Cuando respondan, no lo hagan sobre cosas terrenales que nos llenan unos días y después nos dejan otra vez desesperanzados y vacíos, no piensen en tener una casa, un coche mejor, un trabajo, nada de eso nos da la felicidad, al contrario, cuando lo conseguimos, ya estamos vacíos otra vez, queremos algo material que supere a lo anterior. Jesús quiere ocupar nuestro corazón, quiere ser el centro de todo, desea ser el latir de nuestro corazón… se lo vuelvo a preguntar, ¿Quieren ser felices de verdad? Entonces hagan una Confesión sincera, completa, no dejen nada en el tintero y a esa primera confesión tiene que seguirle una vida de piedad y de oración que nos lleve a frecuentar los Sacramentos. Cuanto más perfecta sea nuestra contrición el acercamiento a Dios se irá haciendo más intenso.

¿Les parece imposible un diálogo como los que nos planteaba S Juan de la Cruz? ¡Por favor! No se queden pensando que era un poeta o un místico al que no podamos imitar, ¡en absoluto! el Señor le hablaba en ese hermoso discurrir de palabras porque su alma estaba pura, como también puede estar la nuestra: “Quedéme y olvidéme, el rostro recliné sobre el Amado, cesó todo y dejéme,dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado” (San Juan de la Cruz), esto no es poesía, es el diálogo de cualquier alma enamorada con su Amado y sólo tenemos que presentar un corazón limpio para ser parte de esta historia de Amor que empieza aquí en la tierra y si nosotros queremos, continuará en el cielo.

¡Oh llama de amor viva, que tiernamente hieres de mi alma en el más profundo centro!

Pues ya no eres esquiva, acaba ya, si quieres;

¡Rompe la tela de este dulce encuentro!

(San Juan de la Cruz)

Sonia Vázquez