Les voy a contar una historia real. Hace un cuarto de siglo un grupo de estudiantes muy avanzados de una universidad jesuita argentina –considerada una de las más prestigiosas del país- tenía un par de días para preparar Teología III, cuyo programa estaba referido a Doctrina social de la Iglesia. El  material de estudio contenía varios documentos episcopales, fundamentalmente “Iglesia y Comunidad Nacional”  elaborado en 1981, así como algunos textos secundarios del Concilio Vaticano II.

En el barrio más tradicional de estudiantes que llegaban a la ciudad mediterránea, en una vecindad parecida a la del “Chavo del 8”, alrededor de una gran mesa  de fórmica cavilaban varios estudiantes. Entre otros,  Roger ”el Mendocino” –hombre muy leído en  teología, filosofía y rock-,  Quique “el Inglés” –refinado y gran dominador de varias lenguas-, Tristán, “el  Pira” – experto en política nacional y asados a leña-, Esteban “el Negro” -buenazo como pocos, estudioso y de preguntas intrincadas-.

CEA y su nuevo documentoPero quien tomó la batuta fue el “Gordo” Ariel, hombre de tierra adentro, un poco relegado en la carrera, pero dueño de una intuición notable y bañado de sentido de común. Aficionado a los bares, con naipes y dados de por medio, era “un tipo con estaño” –al decir de Don Arturo Jauretche-.

El “Gordo” Ariel ya había tanteado los documentos episcopales. Ante el desconcierto general los sentó a la mesa  y empezó a desarrollar el programa.  Con abundancia de mate amargo y cigarrillos negros, esta especie de gurú de las mesas de exámenes decía ante cada tema: “vamos a decir solamente esto, pero si lo dicen al revés también está bien”. Las jornadas empezaron temprano, de manera intensa, y solo se interrumpieron para compartir un almuerzo de tallarines y una cena con lentejas, preparadas por un coterráneo del Gordo, también de modales toscos pero que estudiaba a solas.

Si alguno de los compañeros osaba sugerir que la preparación de tema era muy básica o no tenía mucho sentido, el “Gordo” Ariel decía, terminante, “con eso basta…” y seguían avanzando. Se fueron escuchando, en la vieja casa de dos plantas, repetidos palabreríos que contenían términos como “diálogo”, “solidaridad”, “fraternidad”, “historia”, “camino”, “proceso de conversión”, etc. Cada tanto “bien común” y la referencia a alguna virtud cardinal. Nobleza obliga, también había citas bíblicas y una mirada de la historia argentina.

El 18 de marzo de 2015 la Conferencia Episcopal Argentina presentó el documento  “Las elecciones, exigencia de compromiso ciudadano”. Lo hizo en conferencia de prensa, luego de la 170° reunión de la Comisión Permanente de la CEA. Cuatro jerarcas –que se ven en la foto publicada por el diario “La Nación”- dieron a conocer las líneas principales del documento, que luego fue propalado de continuo por los titulares de los medios gráficos, televisivos e informáticos, además de tener las consabidas “repercusiones” en los ámbitos políticos, sociales y culturales.

Según mi procesador de texto consta de tres páginas y 1407 palabras. Hay cuatro citas del Papa Francisco –entre ellas la infaltable “El gozo del Evangelio”-. Una cita a ellos mismos (documento de la CEA “Hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad”). Ninguna cita del Evangelio, ni de Santo Tomás de Aquino, ni de ningún otro santo o autor cristiano. En los últimos tres renglones se menciona por primera –y única vez- a Cristo y a la Virgen, en una genérica plegaria.

El texto está plagado de lugares comunes, propio de un trabajo práctico de primeros años del bachillerato. No pasaría por ninguna test en alguna Facultad seria de ciencias sociales. Piden que los políticos no se agredan, que las plataformas electorales sean claras, que no se enriquezcan con la función pública. Toman conceptos en boga como “educación inclusiva”, “políticas de estado”, etc. Reclaman, una vez más, luchar contra la inflación, la trata de personas, el narcotráfico. Apelan a la “cultura del diálogo y del encuentro”. En fin, nada distinto que lo que puedan decir un grupo de vecinas a la hora del té mirando la televisión.

Ninguna mirada sobrenatural sobre las causas de los males del país. El documento podría llevar la firma del “Rotary Club” o de la “Cámara de Fabricantes de Envases de Plástico”. Pero es el documento sobre el cual la supuesta “prensa seria” derrama chorros de tintes y los dirigentes de toda laya adhieren.

Les cuento el final de la historia de los estudiantes. Todos superaron holgadamente el examen. Hoy son respetables profesionales y recuerdan, divertidos, como el “Gordo” Ariel en dos días los preparó para rendir. Es que el sentido común, de un hombre sencillo, advierte la nada de todo el palabrerío episcopal, fruto del nominalismo e historicismo que campea en la Iglesia. Sobre eso una carrada de gente, supuestamente ilustrada, gasta palabras en pro y en contra.

¿Son o se hacen?

 Hildebrando Tittarelli