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¿Quién rezará por nosotros si nadie lo enseña?

“Absuelve, ¡Oh Señor! de todo vínculo de delitos, a las almas de todos los fieles difuntos, socórrelos con tu gracia, y puedan librarse de la condenación.” (Extraído del libro de los difuntos)

Esta semana revisando mis cosas, una vez más abrí el misal de mi abuela y me dejé impregnar por su aroma, que aún se mantiene en cada una de sus páginas. Era una mujer de su tiempo, con una personalidad propia, pero sobre todo con el alma asentada en lo verdaderamente importante, en Dios. Hasta el último suspiro de su vida, continuó metódicamente con su plan de vida espiritual, en el que incluía el ofrecimiento de Misas por las benditas ánimas del purgatorio. Sin duda alguna tenemos que agradecer estas enseñanzas piadosas que nos han transmitido de padres a hijos o de abuelos a nietos. Me llama la atención como en nuestras parroquias, las intenciones de Misa están libres, es decir, no se aplican sufragios por las almas de los que nos han dejado, ¿la razón? ¿Ya no se habla de estas cosas en los hogares cristianos?

Me encontraba hace unas semanas con mi sobrina intentando encajar un árbol genealógico, ella recordaba hasta la bisabuela y yo, hasta la abuela, es decir, las dos paramos en la misma persona, en el mismo punto, estancadas en el siglo XX, ¿Es que no hubo vida anterior? Ante su asombro por lo poco que conseguimos retroceder, nos pusimos a hablar de cómo serían todos esos familiares nuestros lejanos en el tiempo y que aparentemente están olvidados, rostros que no sabemos ni como eran pero que pertenecen a nuestros antepasados, ¿Vds. no se preguntan si descansarán en la Gloria de Dios o necesitarán de oraciones para conseguirlo? Han podido pasar siglos y algunas almas pueden continuar en el purgatorio. ¿Somos conscientes de la importancia de rezar por los que nos precedieron? Mi sobrina se quedó un tanto sorprendida con todas estas conclusiones a las que llegamos. Le expliqué que si sólo pedimos por los que recordamos, ¿Qué pasará cuando llegue nuestra hora? Si nos toca parada en el purgatorio y nadie  nos tiene en cuenta y ni siquiera ofrecen una sola Misa por nuestras almas, ¿Qué sucederá? Enseñemos a los que nos rodean, transmitamos las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia. Si nuestra oración es por las benditas ánimas del purgatorio, no excluimos a nadie que lo pueda necesitar, sea conocido o desconocido y algún día, estas mismas almas, es posible que intercedan al Padre en nuestro beneficio.

Recuerdo cuando era niña y mis padres, aún a día de hoy lo siguen diciendo, cuando hablaban de alguna persona que había fallecido, añadían unido al nombre, la frase “en paz descanse”, era una hermosa semblanza y una súplica a Dios. A día de hoy, es casi imposible escuchársela a nadie y es que realmente nos importa poco el que muere, porque ni siquiera, muchas veces, nos importan los vivos. ¿En sus parroquias este mes de Noviembre tienen en cuenta, de manera especial a los difuntos? Si es así, les felicito por su párroco, pero en la mayoría de las Iglesias ni siquiera hay una pequeña mención, porque, siendo realistas, ni siquiera se habla jamás del purgatorio. Pídanles a sus párrocos que hagan la Novena a las Benditas Ánimas del purgatorio en vez de ofrecerles excursiones en las que no se celebra ni una Misa, ¡Anímenlos, esta es la función de los laicos! Cuántas Iglesias estos días celebrando fiestas mundanas, comiendo castañas para festejar la llegada del invierno y ni una mísera Novena por las almas de los fallecidos. ¡Qué vaciedad! Decía estos días el Santo Padre que no nos preguntarán en el juicio sobre si hemos acudido a la Santa Misa y entonces, ¿Qué nos preguntará el Señor, si hemos comido medio kilo de castañas? No se engañen ni dejen que les engañen, pero… ¿Qué vamos a esperar si hay en funerales que en vez del Réquiem aeterna se entona un canto de Demis Roussos? ¡Así estamos, empobrecidos interiormente, paganizados!

Vivimos en un desconocimiento total sobre nuestra Fe, hagan la prueba con cualquier niño que asiste a la catequesis, pregúntele sobre el purgatorio y verán lo que les responde: ¿El pur qué? Es normal, la gran mayoría de las homilías actuales sólo nos hablan del cielo. En mi infancia le preguntaba continuamente a mi madre sobre este tema, me sentía muy inquieta al respecto y es que nuestros catequistas, nos lo ponían claro, “en el cielo no entra nada impuro”, yo llegaba a casa y una y otra vez, atacaba con lo mismo, “mamá, ¿por qué hay que ir al purgatorio, no puedo ir al cielo directamente?”, ella se mostraba inflexible, “primero hay que purgarse”. Mi pobre raciocinio infantil me impedía entender todo aquello, pero ahora, con la madurez de los años, veo claramente que el cielo no sólo es un deseo, sino que es algo que uno tiene que ganarse con sus obras.

¿Quién rezará por nosotros sino hacemos el esfuerzo de enseñarle a las generaciones futuras la importancia de la oración por los difuntos? No hay más que ver cómo se trata a los moribundos, dejándolos morir sin recibir los Sacramentos por la dejadez de la familia, así podemos entender el abandono posterior. ¿Cómo van a ofrecer misas si ni siquiera se hacen funerales de exequias? Son muchas las personas, que por un mero formalismo, contratan con las funerarias una Misa en las capillas multiusos de los tanatorios y con eso, hacen lo que se llama un cumplimiento. A la semana de haber fallecido, muchas personas ya han sido completamente olvidadas por sus familiares y amigos. ¿Quién lleva luto en sus prendas hoy en día? Pero no se queden sólo en la ropa, ya no hay luto ni interior ni exterior, hay Sacerdotes que hasta celebran de blanco. Se habla de modas y de que esas cosas ya no se estilan, pero seamos realistas, lo que se lleva es la frivolidad y la mundanidad y como dice el refrán “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”. Cuantas personas al mes de perder a un padre, madre, esposo, esposa, etc, ya acuden a fiestas, al cine y a distintos eventos de la vida cotidiana y es que todo lo resumimos con que “hay que hacer vida normal”. ¿Saben cuál debería ser la vida normal del Católico que acaba de perder a un familiar? Ofrecer Misas Gregorianas, misas de Ánimas, rezar Rosarios, confesarse y recibir la Sagrada Comunión, hacer mortificaciones, dar limosna, lectura espiritual, hacer la Novena de las Ánimas, visitar enfermos, oración en el Sagrario, llevar una vida austera por dentro y por fuera, ofrecer el sacrificio de no ir a sitios frívolos en sufragio por esas personas, etc. Quizás esto les resulte asombroso, pero piensen que algún día nosotros, Vds. y yo, estaremos ahí, necesitando que oren por nuestra alma, suplicando desde el purgatorio que se aplique alguna oración y quizás como tratamos, nos traten. ¿Vds. saben que simplemente rezando algunas jaculatorias conseguimos indulgencias? Simplemente diciendo: “¡Oh Jesús piadosísimo Señor, dadles el descanso eterno!”, sólo con esta frase se obtienen 300 días, hay que ser de piedra para no estar tomando nota y decirla a diario.

“¿Cómo podemos aliviar a las almas de los fieles difuntos? – Podemos aliviar a las almas de los fieles difuntos con oraciones, limosnas y con todas las demás obras buenas, pero sobre todo con el santo sacrificio de la Misa.

¿Por qué almas hemos de aplicar nuestros sufragios el día de la Conmemoración de los fieles difuntos, según la mente de la Iglesia? – En la Conmemoración de todos los fieles difuntos hemos de aplicar nuestros sufragios, no sólo por las almas de nuestros padres, amigos y bienhechores, sino también por todas las otras que están en el purgatorio.

 ¿Qué fruto hemos de sacar de la Conmemoración de todos los fieles difuntos? – De la Conmemoración de todos los fieles difuntos hemos de sacar este fruto: 1º, pensar que también nosotros hemos de morir presto y presentarnos al tribunal de Dios para darle cuenta de toda nuestra vida; 2º, concebir un gran horror al pecado, considerando cuán rigurosamente lo castiga Dios en la otra vida, y satisfacer en ésta a la justicia divina con obras de penitencia por, los pecados cometidos.”

(Catecismo mayor de S Pío X)

¡Qué poco tiempo dedicamos a pensar en la realidad de la muerte! Cuántos hombres y mujeres viudos a los pocos meses de perder al que ha sido su compañero de vida, ya están en los brazos de otras personas nada más que pensando en satisfacer sus deseos carnales, los locales de ocio llenos y los Sagrarios vacíos, así guardamos las ausencias y así esperamos que Dios nos ayude. Recuerdo a mis dos abuelas que mantuvieron el luto en sus prendas durante más de 20 años, hasta que se murieron y se preguntarán si esto es importante, por supuesto que sí, la presencia exterior ayuda al recogimiento interior… ¡Esta es la realidad! Un mundo que vive de espaldas a Dios, personas que buscan llenar su “soledad” y olvidarse cuánto antes de los que hace dos días compartían su vida con nosotros. Cuántas sepulturas sin flores, sin una placa de recuerdo, cuántas almas sin sufragios y nosotros a bailar y cantar que llega la Navidad.

“Miradme ¡Oh mi amado y buen Jesús! que postrado ante vuestra divina presencia os ruego con el mayor fervor, imprimáis en mi corazón los sentimientos mas vivos de Fe, Esperanza y caridad, dolor de mis pecados y propósito de jamás ofenderos, mientras que con todo el amor y compasión de que soy capaz voy contemplando vuestras cinco llagas comenzando por aquello que de Vos dijo ¡Oh mi Dios! el Santo Profeta David. Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos”. Pio VII, Clemente VIII y Benedicto IX, concedió indulgencia plenaria en favor de las almas del purgatorio á los que confesados y comulgados la digan delante de un crucifijo. (Extraído del libro de los difuntos)

Sonia Vázquez




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