“Los BANCOS han provocado más daños a la religión, a la moralidad, a la tranquilidad, a la prosperidad e incluso a la riqueza de la nación que el bien que pueden haber hecho hasta ahora o que nunca harán.” John Adams, Presidente de los Estados Unidos de América (1819).

Pocos comprenden la naturaleza real de la institución bancaria.

Esta comprensión va en el sentido opuesto a la narrativa dominante impuesta todos los días por los medios de comunicación más poderosos, va en sentido opuesto a las ideologías capilarmente difundidas financiando universidades, centros de investigación, think-tank. Estas ideologías trabajan para construir monopolios económicos y comerciales que aumentan constantemente su riqueza a costa de la colectividad.

El sistema bancario internacional es el instrumento que determina el dominio del planeta por parte de la oligarquía masónica del dinero, la cual ha podido aumentar desmedidamente su propio poder material alcanzando el control absoluto sobre los mercados y sobre los recursos del planeta.

Para desacreditar en el plano moral a las oligarquías que mueven los hilos del sistema basta contar lo que hacen en el plano económico y político, cosa que no harán nunca los “canales oficiales de información” a su servicio. Para los inscritos en la eterna confraternidad de los fariseos de todos los tiempos no existe ni moral ni ética en las cuestiones económicas y financieras.

“La actividad bancaria fue fecundada con la injusticia y nació en el pecado. Los banqueros poseen el mundo. Si se lo quitáis dejándoles el PODER de CREAR DINERO, con un golpe de pluma crearán suficientes depósitos para volvérselo a comprar. Quitádselo de alguna manera y todos los grandes patrimonios como el mío desaparecerán, y es necesario que desaparezcan para que este se convierta en un mundo mejor en el que vivir. Pero si preferís seguir siendo ESCLAVOS DE LOS BANQUEROS y pagar vosotros mismos el coste de vuestra misma esclavitud, dejad que sigan creando dinero.” (Sir Josiah Stamp, Director del Banco de Inglaterra de 1929 a 1941).

Con la transformación del mal en apariencia de bien se realiza la “subversión del orden natural y espiritual” de las cosas. El actual sistema bancario internacional es precisamente un ejemplo de esta “subversión”, con la que se consolida el extra-poder del Becerro de Oro. Esto se aproxima a un ápice de poder satánico que ha transformado ya en sentido mercantilista toda profesión, y ha procurado que ninguna ley vaya contra su interés.

En la realidad los bancos prestan “aire”, dinero que no tienen.

“La actual creación de dinero de la nada realizada por el sistema bancario es idéntica a la creación de moneda por parte de los falsificadores. La única diferencia es que son distintos los que se aprovechan de ello.” (Maurice Allais, Nobel de Economía en 1988).

Es el mecanismo conocido como “reserva fraccionaria”, es decir, la creación de préstamos por un cierto número de veces más de la “moneda real” que un banco tiene en sus depósitos: una reserva fraccionaria al 10% (hoy estamos en el 2%) significa que, en sustancia, el banco puede prestar 90 cuando sólo tiene 10, y de esos 10 nada es suyo. Los detalles están contenidos en el Modern Money Mechanics (“Federal Reserve Bank of Chicago”).

La “usura” condenada por la Iglesia en el pasado como la práctica en la que “se exige que del préstamo (que por su naturaleza exige sólo que sea devuelto lo que fue prestado) le sea devuelto más de lo que fue recibido” (Enc. Vis Pervenit, 1745, Benedicto XIV), es muy poca cosa frente a la práctica fraudulenta de la “reserva fraccionaria”.

Esta práctica hunde sus raíces en la antigua Babilonia, símbolo del desorden y de la degradación moral. Ya en el siglo XVIII a. C., los campesinos depositaban el grano en silos gubernativos y en cambio recibían certificados de depósito (tablillas de barro), que seguidamente se transformaron en común moneda de cambio. Los gestores de los certificados se convirtieron en banqueros y comenzaron a prestar a interés usando un sistema de reserva fraccionaria, en el que muy pronto el montante de la deuda superó ampliamente el grano disponible en los silos. Fue entonces cuando el rey Rim-Sin decretó la remisión, la condonación de las deudas (los historiadores han encontrado los vestigios incontestables de cuatro anulaciones generales de la deuda en el siglo XVIII a. C.). El poder económico de los banqueros babilonios, maestros de sofisticación financiera, se volvió tan grande que al rey-sacerdote sólo le quedaba asignarles un puesto a su lado investidos como custodios de las riquezas del Templo (The Origin of Tyranny, Profesor Halliday).

El gran jurista y monetarista G. Auriti definía los bancos como “las iglesias de Satanás”, ya que no son puros intermediarios del crédito como querrían hacer creer, sino que son auténticos entes de emisión de dinero virtual o escritural que genera DEUDA monetizando las garantías ofrecidas por aquel que pide el préstamo.

Cuando la empresa, el particular o el Estado no pueden restituir el préstamo, los bancos adquieren bienes REALES frente a la cesión de bienes inexistentes.

La Gran Usura no es la banal aplicación de un interés exorbitado, sino que es la FALSIFICACIÓN monetaria realizada por todo el sistema bancario. Es una de las más ingeniosas estafas por la distorsión de su estructura productiva y la manipulación social. Es la causa del repetirse de todos los procesos cíclicos de expansión, crisis y recesión que dañan gravemente a las familias y perturban el orden público.

Se comprende la razón de la lúcida rabia de Jesús en el Templo contra los cambistas.

Si, como afirmaba Pío XII, “De la forma dada a la Sociedad, según que esté de acuerdo o no con las Leyes divinas, depende el bien o el mal de las almas”, es lícito preguntarse: ¿cuál puede ser la forma de una sociedad basada en una falsificación monetaria en la que toda la creación del capital es objeto de un oligopolio? ¿Cuál puede ser la forma de una sociedad en la que la economía se basa en una continua expansión de la deuda necesaria para el pago de los intereses frente a una moneda que el sistema bancario privado crea de la nada? ¿Qué “bien” pueden sacar las almas de lo que es llamado “mecanismo virtuoso de la competencia”, cuando en realidad se trata sólo de competición económico-social dada por el “tirarse al degüello” sobre el “hueso monetario”?

La verdad es que no se puede restaurar la fe sin restaurar también la vida social, política y económica (“Restaurare omnia in Christo”, Pío X).

El hombre moderno, privado de su fe en Dios, precarizado económicamente y constantemente afligido por preocupaciones monetarias, acaba arrodillándose ante el altar del “estiércol de Satanás”. Constantemente absorbido en un mecanismo de supervivencia programado desde lo alto, no comprende que es manipulado.

En la jungla societaria querida por el Poder Absoluto del Capital Financiero, los valores de la cultura cristiana como la honestidad, la fidelidad, el pudor, la sinceridad, la gratitud, el valor, son aplastados. Son sofocados los mejores aspectos humanos para expresarse en la hipocresía, la mezquindad, la adulación y el conformismo. Todo entra en el plan para destruir el destino sobrenatural del hombre. Vivimos en una sociedad enferma, gobernada por mentes enfermas que beben del talmudismo y usan todo el poder de los medios de comunicación de su propiedad como instrumentos de colonización cultural, porque saben que la fuerza de un pueblo es intelectual, moral y espiritual. Una sociedad CRISTIANA consciente y disuadida da miedo a los grandes usureros, los cuales, no pudiendo debilitarla, no tienen su control.

En la sociedad actual, en la que la política está sometida a las finanzas, las instituciones y las leyes son de hecho las correas de transmisión de los dictámenes de la masonería al servicio del Gran Arquitecto de los Repartos y de los Comederos.

El control que las organizaciones masónicas tienen sobre todo el sistema político, económico y financiero es claramente una consecuencia natural del proceso de descristianización de las conciencias y de la sociedad. Cuando disminuye la fe cristiana, aumenta el poder de la corte satánica, que pretende guiar a las “masas” aplastando a aquellos que no se “abren” al Nuevo Orden Mundial.

Las Altas Finanzas son la “Cueva de Ladrones” que concentra en sus manos el control de las riquezas del planeta y las orienta a los fines de dominio mundial perseguidos por la Alta Logia. ¡En este escenario se entrevé ese arrogante y profundo odio contra las leyes de Dios, odio consciente de la meta ansiada que se aproxima!

Con el dinero se ha comprado incluso el silencio de quien debería haber puesto en guardia de este poder oculto y destructor.

Hoy, las centrales de las finanzas mundiales, como Goldman Sachs, ponen a disposición del Papa incluso a los “apuntadores” de la conducta que debe adoptarse con los “migrantes”.

Hoy, ya no hay nadie que use “el látigo de cuerdas”, como hizo el Maestro, para expulsar a la “Cueva de Ladrones”…

“En el mismo tiempo en que las instituciones y las leyes iban alejándose del espíritu cristiano… Acrecentó el mal una usura voraz que, aunque condenada tantas veces por la Iglesia, sigue igual, bajo otro color…” (Rerum Novarum, León XIII).

Anonimo Pontino

(Traducido por Marianus el eremita/Adelante la Fe)

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