Santo Job

Es un aforismo de San Agustín referido a Dios y válido para todos los tiempos, incluso para la gente de nuestro tiempo, que parece impaciente por alcanzar algunos logros, según una lógica propuesta por la mentalidad relativista hoy dominante, que querría sustituir a Dios por el progreso técnico-científico. Un modo torpe para velar los últimos obstáculos que impiden la afirmación de la apostasía generalizada, premisa bíblica y profética para que se manifieste el anticristo. Al ser la paciencia uno de los grandes atributos divinos, alejada de los parámetros humanos, no podemos hacernos ilusiones discutiendo sobre ella, sino que debemos solamente acogerla como uno de los muchos misterios de nuestra fe, aceptando la Voluntad de Dios en nuestra vida, sea la que sea.

En efecto, no es nuestra voluntad la que debemos imponer, sino acoger todo lo que Él quiera proponernos en todo momento de nuestra existencia terrena, sabiendo que todo lo que sucede es dispuesto para nuestro bien, es decir, para nuestra felicidad eterna.

En efecto, hemos sido creados a imagen de Dios y, tras el pecado original, rescatados y redimidos mediante la Pasión, Muerte y Resurrección de su Hijo Jesús, nacido de María Virgen, por obra del Espíritu Santo, y por ello, somos muy preciosos a sus ojos. Además, nos ha confiado a María, nuestra Madre, guía y apoyo en nuestra peregrinación terrena en estos últimos tiempos, en la lucha contra Satanás, que querría destruirnos con el holocausto nuclear, junto con toda la Creación.

No lo conseguirá, porque el Señor intervendrá en el momento oportuno, pero nos costará muchos sufrimientos.

Es lo que el maligno está preparando hoy con la ayuda de muchos colaboradores, presentes en las estructuras públicas tras la máscara de personas de bien – verdaderos lobos vestidos de corderos en cargos políticos, económicos, culturales y religiosos, en perfecta concordancia entre ellos – a las órdenes de un grupo planetario de poder que se presenta como “benefactor” de la humanidad.

La paciencia es nuestra fuerza

Job es el personaje bíblico de referencia para quien quiere ser paciente; citado como ejemplo a imitar, porque tras tantos acontecimientos superados, dolorosos y negativos, es premiado por su inmutable confianza en Dios al aceptar Su Voluntad, que premia la constancia y la perseverancia.

Es también la virtud de los Santos que han soportado tantas dificultades por amor de Dios y del prójimo, pero también de tantos cristianos que han superado heroicamente calumnias y tormentos por amor de la justicia y de la verdad. Tendrán ciertamente una recompensa de Dios, según justicia y verdad, también las personas no cristianas que, sin embargo, en su conciencia han acogido pacientemente la verdad, la justicia y la paz.

El Espíritu Santo trabaja a menudo en el misterio, por medio de la Bienaventurada Virgen María, Su Esposa, que hoy, a pesar de las dificultades presentes en los cargos de la Iglesia, continúa dándonos mensajes destinados no sólo a los creyentes sino a toda la humanidad sufriente, aunque no respaldada por un unánime consenso, mientras que debería ser acogida con más favor por el Magisterio de la Iglesia.

La paciencia es una virtud cristiana

La actualidad del aforismo de San Agustín se revela una gran virtud cristiana, cada vez más rara con la rarefacción de los verdaderos creyentes. Con otras virtudes, como la fortaleza y la perseverancia en la Fe, hoy la paciencia se manifiesta especialmente con la serenidad y la paz interior de los creyentes.

La apostasía generalizada, preparada desde hace tiempo por los enemigos de la Iglesia colocados en los puestos clave de la sociedad a nivel mundial, permite evitar que florezca algún resto de fe cristiana, para desviarla inmediatamente hacia el gran caldero de la apostasía.

Por varias fuentes, se habla desde hace años de un falso Cristo y de una falsa Iglesia, que se está intentando imponer a los católicos tradicionalistas en sustitución de la verdadera Iglesia de Cristo, de manera taimada, siguiendo la pista del Concilio Vaticano II: una Iglesia que hoy parece en pleno desarrollo con la puesta en marcha del ecumenismo, que debería desembocar en una Iglesia sin el verdadero Cristo. Incluso por medio de la presunta y programada nueva fórmula de consagración eucarística, en el sentido de la equiparación de la Santa Misa católica al rito luterano, sin la Eucaristía, es decir, sin la transustanciación.

Frente a una situación como la actual, de una gravedad excepcional, en otros tiempos había gente de sentido común en la Iglesia que protestaba enérgicamente, denunciando los errores y las anomalías, mientras que hoy pocos tienen el valor de alzar la voz y de exponer sus protestas: ¿qué está sucediendo?

La rebelión existe, lógicamente, pero está circunscrita a una minoría, aterrorizada y marginada.

Las críticas más racionales están condensadas actualmente en las siguientes conclusiones:

  • Ha cambiado formalmente el aparato en el vértice de la Iglesia, centrado en pocos.
  • Causa conmoción la presencia de dos Papas en el vértice de la Iglesia, de los cuales uno dimisionario.
  • La situación actual, política, religiosa y ecuménica, presenta anomalías paradoxales.
  • Se tiene la sensación de que la política y la religión vayan concordes en la misma dirección.
  • No se habla del final de los tiempos, pero la idea que prevalece es precisamente la de “últimos tiempos”.
  • Que la paciencia y la esperanza sean eliminadas de la opinión pública es muy significativo.
  • También el silencio de las instituciones públicas sobre las profecías últimas es un gran signo del fin.

La fe y la paciencia son prerrogativas importantes para afrontar con valor los últimos tiempos, que ninguno de nosotros puede negarse a afrontar.

En efecto, las profecías nos dicen que no seremos informados por las autoridades públicas en las proximidades del final de los tiempos, sino que acerca de estos preciosos momentos intervendrá el Cielo, que en el momento oportuno intervendrá decididamente para preparar a la humanidad a los últimos acontecimientos, en sustitución de la inercia de las instituciones.

El intento de algunos enemigos de la Iglesia de obstaculizar los planes de Dios ha fracasado, más aún, como respuesta a esta afrenta, el Cielo responde con paciencia a la espera del arrepentimiento de los responsables.

El castigo de pocos responsables no debe producir daño a muchas personas inocentes, por lo que a estos personajes les es concedido tiempo para convertirse y reconciliarse con la Misericordia de Dios.

La paciencia de Dios es misericordia

Según el Diccionario Bíblico, “la paciencia es una virtud que, comprendida en el ejercicio de la fortaleza, hace soportar los males correspondientes, de manera que no se ceda a la tristeza. Se oponen a ella tanto la impaciencia, que induce a la desesperación, como la apatía, que vuelve indiferentes a las desgracias propias y ajenas”.

Paragonada a la de Dios, nuestra paciencia es insignificante, a excepción de aquellos casos en los que el hombre se esfuerza por imitar heroicamente las virtudes divinas, tanto que la asimilan a Su infinita misericordia y justicia: los atributos que nos hacen verdaderos imitadores de Cristo.

Entramos en el misterio de Dios y, por tanto, no podemos juzgar lo que Él dispone para nosotros en cada circunstancia de nuestra vida terrena. No podemos criticar su obra, pero debemos considerarla siempre útil para nuestro destino eterno: en efecto, su amor es infinito y sólo Él puede juzgar nuestras acciones a la luz de la salvación eterna.

La palabra de Dios debería guiar siempre nuestros pasos, como cuando dice: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?” (Lc 9, 25). Hoy se tiene la sensación de que muchos están dispuestos a “ganar el mundo”, antes que luchar para salvar su alma inmortal; aunque se vive en una sociedad donde hay libertad de culto, pero con gran tendencia a marginar la religión católica.

Considerando con los ojos de la Fe católica la situación mundial, hoy, se puede constatar que el mundo se está alejando de Dios, más aún, está combatiendo contra el Dios verdadero de manera cada vez más decidida, especialmente después que ha prevalecido el falso principio de la paridad y de la equivalencia de las religiones monoteístas, ignorando, sin embargo, que la religión que nos salva es solamente la Católica, mientras que todas las demás son falsas y fueron rechazadas por Jesucristo, que es Camino, Verdad y Vida: ¡es lo que querríamos escuchar a menudo de nuestros obispos, sacerdotes y teólogos en sus manifestaciones porque Él se ha confiado a ellos!

Que fuerzas diabólicas están trabajando tras los bastidores de la historia, mediante las sociedades secretas anti-cristianas, subvencionadas por los grandes Institutos Financieros – moderna versión de la evangélica Mammona – para arrastrar al mundo hacia la catástrofe moral – además de a la social y a la económica – y conducir taimadamente a gran parte de la humanidad a la perdición eterna, según el proyecto de los enemigos de Dios, que desde hace siglos trabajan en secreto para destruir la Iglesia Católica instituida por Jesucristo, Hijo de Dios.

Junto con la Fe y la Caridad, la virtud de la paciencia, apoyo moral válido específicamente para nuestros tiempos, es también la fuerza que sostiene la Esperanza cristiana, alimentado por el Espíritu Santo, capaz de hacernos superar los obstáculos más insidiosos de los últimos tiempos contra la Iglesia Católica.

Es cierto que la Iglesia es combatida y perseguida por muchos enemigos, pero tiene también una defensa invencible que la protege, la Virgen María, Auxilio de los cristianos.

La palabra de Dios nos ayuda a orientarnos en los tiempos que hoy parecen dirigirse hacia el fin.

“Os entregarán al suplicio y os matarán, y por mi causa os odiarán todos los pueblos. Entonces muchos se escandalizarán y se traicionarán mutuamente, y se odiarán unos a otros. Aparecerán muchos falsos profetas y engañarán a mucha gente, y, al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría; pero el que persevere hasta el final se salvará” (Mt 24, 9-13).

Perseverar significa conservar la paciencia a ultranza, como un don precioso, conscientes de que Dios premiará esta virtud porque no es sólo válida en sí misma, sino que está sostenida por una fe ejemplar.

Este fragmento evangélico nos puede indicar entre otras cosas que nos estamos dirigiendo hacia la conclusión de la Historia, aunque el verdadero mensaje de los últimos tiempos sigue siendo por ahora misterioso.

Marco

(Traducido por Marianus el eremita)

SÍ SÍ NO NO
Mateo 5,37: "Que vuestro modo de hablar sea sí sí no no, porque todo lo demás viene del maligno". Artículos del quincenal italiano sí sí no no, publicación pionera antimodernista italiana muy conocida en círculos vaticanos. Por política editorial no se permiten comentarios y los artículos van bajo pseudónimo: "No mires quién lo dice, sino atiende a lo que dice" (Kempis, imitación de Cristo)