Primero, un ataque terrorista y una masacre en un periódico de París. Al día siguiente, al sur de la ciudad, un individuo involucrado derriba una mujer policía. Al día siguiente, una situación de rehenes en las afueras del aeropuerto de París, al norte de la ciudad. Luego, horas más tarde, otra situación de rehenes en la región de Porte de Vincennes de París, cerrando completamente la circunvalación alrededor de la ciudad.

Ayer decíamos que, “este tipo de eventos serán cada vez más comunes en las próximas décadas guerras al igual que aterradoras guerras de religión de una violencia desconocida a lo largo de las ciudades y campos de Europa que todos los cristianos amamos tanto.” En este mismo momento, expertos en redes de radio y televisión francesas están abiertamente utilizando la palabra “guerre” (guerra) sobre los sucesos, y uno declara abiertamente: “Nous sommes y … Ce n’est qu’un début”. (Hemos llegado … esto es sólo el principio.)

Las Guerras de religión de Francia en el siglo XVI, cuando las familias nobles y burguesas protestantes rompieron la unidad católica del Reino, eran muy pocas veces casos de batallas y asedios (aunque estos también ocurrieron y fueron muy importantes). Fueron más frecuentes, sin embargo, los casos de ataques aislados, eventos terroristas, grupos urbanos rebeldes, y en este sentido estas guerras extrañas del Islam que están a punto de empezar no son una novedad en la historia de Europa occidental. En ese momento, sin embargo, la mayoría católica nunca estuvo en duda, ni la fuerte fe de la mayoría de la población en Cristo y su Iglesia, con el apoyo de sacerdotes tradicionales, la Misa tradicional Latina en sus diferentes modos y los sacramentos tradicionales. Hoy en día, no hay ninguna columna vertebral espiritual de ningún tipo para evitar los efectos del terror en una población que ha abandonado en su mayoría cualquier amor por Nuestro Señor.

¿Hay una solución para una crisis que puede tomar decenas de años sangrientos antes de llegar a una conclusión? Ciertamente, Juan Pablo II ya dio a Francia la receta para sobrevivir en los próximos años:

.” Y he aquí que se presenta ante mis ojos Francia, madre de santos a lo largo de tantas generaciones y siglos. ¡Oh, cuánto me gustaría que volvieran todos a nuestro siglo, a nuestra generación, en la medida de sus necesidades y responsabilidades! (Notre-Dame de París, 30 de mayo de 1980)

“Permítame … pedirte:

Francia, hija primogénita de la Iglesia, ¿eres fiel a las promesas de tu bautismo?

Permitidme preguntaros:

Francia, hija de la Iglesia y educadora de los pueblos, ¿eres fiel, para el bien del hombre, a la alianza con la Sabiduría Eterna?

Perdonadme esta pregunta. La he hecho como la hace el ministro en el momento del bautismo. La he hecho por solicitud para con la Iglesia, de la que soy el primer sacerdote y el primer servidor, y por amor al hombre, cuya grandeza definitiva, se halla en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.”( Le Bourget , junio, 1, 1980)

Y así, la Santísima Trinidad es hoy, como entonces, la única respuesta permanente a las futuras angustias y problemas de Francia y Europa. Que la Iglesia acabe con su tibieza, que es rechazada por Cristo, y asuma sus responsabilidades.

[Traducido por Juan Campos, Artículo original]