Cuando el pasado mes de julio visité varias ciudades españolas, teniendo en cuenta el clima imperante en el ámbito eclesiástico y la general falta de apoyo a la liturgia tradicional, no me esperaba encontrar tantas sacras tridentinas a la vista en los altares. Doy por sentado que se podría decir que han seguido ahí por pura inercia, o quizás porque a alguien le parecieron estéticas, pero da gloria ver que permanecen como recordatorios concretos de una tradición perdida para los altares, que algún día se podría recuperar.
En la catedral de Sevilla, por ejemplo, encontramos una capilla lateral dedicada a San Gregorio Magno (en la parte central del retablo se puede contemplar la célebre escena de su milagro, que es uno de los temas más representados en el arte sacro). A diestra y siniestra se observan las sacras del Último Evangelio y el Lavabo, mientras que la principal se encuentra en otro lugar de la capilla (obsérvese la primorosa labor de carpintería).


Bajo el retablo, encontramos una característica típica de muchas iglesias españolas: el texto de la consagración tallado en madera o metal justo encima del centro del altar. Diríase que para que en cualquier situación esas palabras estén siempre a la vista del celebrante y sean en todo momento un testimonio verbal del misterio de la Transustanciación.
En otro lugar de la Magna Hispalensis podemos ver un elocuente ejemplo realizado en plata:

Pasemos ahora a la famosa catedral de Córdoba, antigua mezquita transformada en templo episcopal en 1236 (los cristianos cordobeses sostienen que antes de ser templo islámico hubo una iglesia visigótica en el mismo emplazamiento). En una capilla lateral encontramos el texto de la consagración, en esta ocasión enmarcado en volutas de madera bañada en oro:

En otra capilla las sacras están en el lugar correspondiente:

En cambio, en otra las sacras están, como olvidadas, en una credencia no usada, como si no supieran qué hacer con ellas, pero tampoco las quisieran tirar:

Otra que vi, exquisitamente labrada, con el texto del Lavabo y una estampa de San Juan Bautista:

En la catedral de Salamanca, una austera capilla gótica lateral exhibe una disposición que da una clara impresión de que algún sacerdote las emplea, pues no faltan el mantel del altar, que está prácticamente listo para decir misa.
Obsérvese en concreto la primorosa labor de orfebrería y la caligrafía, capaces de inspirar a algún artista a emular su calidad (como suele señalar Shawn Tribe, hay que esforzarse por embellecer y elevar todo lo que esté relacionado con el Santo Sacrificio, hasta los más mínimos detalles):



Se me vino el alma a los pies cuando en la catedral salmantina pasé ante una capilla dedicada a San Pedro cuyo altar mayor al parecer había sido destinado en algún momento a la ofrenda perpetua de un Réquiem por las almas benditas del Purgatorio y se notaba claramente que hacía muchísimo tiempo que no se usaba ni había muestras de que fuera a devolvérsele dicho uso.



Después de esto empecé a preguntarme por el destino de cientos de altares laterales que había visto o vería durante mi estancia en España, despojados, desnudos y abandonados como Cristo en su Pasión, en muchos casos con el ara crudamente al descubierto, o retirada, sin sagrario. Como a las víctimas de los sacrificios aztecas, se les había arrancado el corazón para aplacar a los insaciables dioses de la modernidad, los ridículos diablos de la reforma litúrgica que han malvendido la ofrenda diaria del Santo Sacrificio en innumerables altares a cambio de lamentables concelebraciones con clérigos de rango cada vez inferior.
Un ejemplo de ello lo tenemos en un magnífico altar lateral, actualmente sin uso, dentro de una capilla dedicada a Nuestra Señora en la catedral de León.

¡Un espacio lleno de armonía! Observemos una vez más el texto de la Consagración, en este caso con purpurina dorada sobre fondo azul dentro de una cartela.

Pero dos de las sorpresas más agradables que me llevé mientras contemplaba obras de arte sacro la tuve viendo el tesoro de la catedral de Segovia. La primera era un tabernáculo de oro y plata con gran riqueza de detalles fechado en 1557 si la memoria no me falla, en el que observamos varias curiosidades:

Para empezar, fijémonos una vez más en las palabras de la Consagración inscritas abajo en la parte central:

Arriba se le añadieron un par de ángeles, cada uno con el principio del Gloria enmarcado en un corazón:


Debajo de ellos hay sendos comienzos del Credo. Veamos uno de ellos:

Cuando la melodía del canto no varía se la puede tallar en metal o en piedra, en testimonio de la permanente vigencia de un rito fijado, perfeccionado y conforme a la Tradición.
La otra sorpresa consistió en un altar y reliquiario portátil del primer cuarto del siglo XVII. Contemplemos una vista frontal (los reflejos del cristal han complicado la fotografía):

Se puede apreciar la magnífica labor de artesanía en la parte principal, que representa a la Sagrada Familia y la Santísima Trinidad. Se cierra como un tríptico, con reflejos sobre la plata y la infaltable placa con el texto de la Consagración sobre una cajonera que se cierra con una puerta de dos hojas, todo ello cubierto de imágenes religiosas. Encima del pequeño altar, una tarjeta de plata dice: «
quorum reliquiae hic sunt
», frase de la oración que reza el sacerdote al besar el altar tras el Aufer a nobis y antes del Introito:

Reliquias no faltan. Montados sobre los batientes que cierran el altar hay huesos rotulados, artísticamente dispuestos:


El artesano le puso dos relicarios laterales, cada uno de los cuales puede servir también de sacra (si se mira por detrás, se ve el texto pegado). Así pues, cuando se dice Misa se ponen con el texto mirando hacia delante, y en otros momentos lo que se ve es la reliquia. Al menos, ésa es la impresión que da de cómo se utilizó en algún momento, pues el texto está impreso y sujeto con clavos.



Entre las piezas del tesoro se encontraba también un altar portátil que al parecer se colocaba sobre uno
fijo cuando se estaba de viaje. Hay que ver a qué extremos se llegaba antes de estos tiempos que padecemos de minimalismo y utilitarismo para que todo lo que tuviera que ver con el culto a Dios fuera hermoso, incluso cuando había que viajar.

Por último, el tesoro de Segovia alberga también una colección de sacras de plata junto con otros objetos para oficiar Misa pontifical: un atril, candelabros, un portapaz y una naveta para el incienso.

¡Quiera Dios que algún día volvamos a alcanzar un nivel artístico tan elevado!




























