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Sandro Magister: La Curia tendrá quince enfermedades, pero él tampoco está bien

Se aproxima el día en el cual el Papa Francisco felicitará las Navidades a los dirigentes de la Curia romana con uno de sus discursos.

Y muchos se preguntan: ¿Qué dirá esta vez, después de los estragos del año pasado cuando, a los curiales, les echó por encima la lista de las quince vergonzosas “enfermedades” de las que consideraba aquejados.

Desde entonces, en el Vaticano, el murmullo de las críticas a Jorge Mario Bergoglio ha venido creciendo, aunque siempre al amparo del anonimato, siendo notable la reactividad del Papa contra quienquiera que le critique o le irrite.

La más instructiva antología de estos reproches de obispos y cardenales de la Curia fue, a finales de abril de 2015, el reportaje del vaticanista suizo Giuseppe Rusconi que apareció en alemán en la publicación mensual de Berlín, Cicero, y en italiano en su blog Rossoporpora“Así habló la Curia profunda en el tiempo de Francisco”.

Pero ahora, de nuevo en Alemania y esta vez en el semanario Focus, ha salido una ulterior marea, en forma de carta abierta al papa, obra de un ex-curial de larga carrera, de nacionalidad, presumiblemente, alemana: “Se distancian de la Sabiduría”

El autor es conocido en la dirección de Focus, pero ni siquiera firma con el nombre y apellido; no sólo por el “clima de miedo”, que dice reina hoy en el Vaticano, sino también para “proteger de la ira del Papa” a sus superiores precedentes en la Curia.

Ésta que sigue es la traducción integral de la carta aparecida en Focus el 29 de noviembre.

Mientras que una traducción inglesa del texto está disponible aquí.

Sandro Magister

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Carta Abierta al papa Francisco por un ex-miembro  de la Curia Romana

Santo Padre:

En su discurso de Navidad en 2014, Ud. llamó a sus colaboradores de la Curia a hacer, ante todo, un examen de conciencia. En efecto, el Adviento es una ocasión para reflexionar sobre aquello que Dios nos promete y espera de nosotros. Usted afirmó que, sus colaboradores en el Vaticano, deben ser un ejemplo para toda la Iglesia, y después enumeró una serie de “enfermedades” de las cuales la Curia sufriría.

En  aquel momento, encontré este juicio bastante duro y también injusto, contra muchos en el Vaticano que yo conozco personalmente, mientras Ud. parecía hablar como uno que conoce al Vaticano sólo de afuera o sólo de lo alto. Sin embargo, es precisamente aquel discurso suyo, que ha inspirado la carta que le escribo. Siguiendo su mismo ejemplo, omitiré todas las cosas buenas que Ud. hace y dice, y enumeraré tan sólo aquellos aspectos de su ejercicio del ministerio papal que me parecen problemáticos.

1.- Un comportamiento emotivo y anti-intelectual

La alternativa a una Iglesia de la doctrina es una Iglesia del arbitrio, no una Iglesia del amor. Entre muchos de sus colaboradores y consejeros, hay una falta real de competencia en términos de doctrina y teología; son hombres que, a menudo, tienen a sus espaldas una carrera en el gobierno eclesial o en la administración de una universidad y, con demasiada frecuencia, prefieren razonar en términos pragmáticos y políticos. Ud., como sumo maestro de la Iglesia, debería mostrar con mayor claridad el primado de la fe, para sí mismo y para todos los católicos. La fe sin la doctrina no es nada.

2.- Autoritarismo

Ud. está tomando distancia de la sabiduría -que está custodiada en la disciplina eclesiástica, en el derecho canónico y también en la praxis histórica de la Curia-. Junto a su aversión a una enseñanza presuntamente teórica, esta inclinación lleva a un autoritarismo que ni San Ignacio, el fundador de su Orden de los jesuitas, hubiera aprobado. ¿Ud. escucha verdaderamente las advertencias de quien le hace notar aquello que Ud por si solo, no ha visto o comprendido inmediatamente? ¿Qué sucedería si Ud. se enterara de mi nombre? Actuar de modo menos autoritario ayudaría a cambiar el actual clima de miedo.

3.- Populismo del cambio

Invocar el cambio está hoy de moda. Pero, especialmente, el sucesor de Pedro, tiene el deber de recordarse a sí mismo y a los demás, las cosas que cambian sólo lentamente; y aún más: las cosas que no cambian para nada. ¿Ud. cree, realmente, que el apoyo que  obtiene de los gurúes de la política y de los medios es un buen signo? Cristo no ha prometido a Pedro la popularidad en la prensa y el culto que lleva a una celebridad (Jn. 21, 18).Muchas de sus afirmaciones, levantan falsas expectativas y dan la impresión dañina  de que la doctrina y la disciplina de la Iglesia podrían, y deberían, ser adaptadas a las opiniones mutables de la mayoría. El apóstol Pablo piensa diferente sobre esto (Rm 12, 2; Ef 4, 14).

4.- Ninguna “humildad” ante la herencia de sus predecesores

Su comportamiento es percibido como una crítica del modo en que sus predecesores (a menudo canonizados) han vivido, hablado y obrado. No alcanzo a ver como esto se concilia con la humildad que Ud. ha invocado y reclamado tantas veces. Esta humildad es, seguramente, necesaria, sobre todo cuando se trata de continuar la tradición que se remonta a Pedro. Su comportamiento sugiere, implícitamente, la idea de que Ud. quiere, de algún modo, reinventar el ministerio petrino. En vez de preservar fielmente la herencia de sus predecesores, Ud. quiere apropiarse de ella de un modo muy creativo. Pero, ¿no ha dicho san Juan: «Él, el Cristo, debe crecer y yo, en cambio, disminuirme» (Jn. 3, 30)?

5.- Pastoralismo

Recientemente, Ud. ha dicho que lo que más le gusta de ser papa es cuando puede actuar como un pastor. Naturalmente, ni un papa ni cualquier otro pastor,  debe poner en duda, ni siquiera mínimamente, que la Iglesia sigue la doctrina de Cristo en todo aquello que hace (pastoral, sacramentos, liturgia, catecismo, teología, caridad); porque, en definitiva, todo depende de la fe revelada así como nos llega de las Sagradas Escrituras y de la Sagrada Tradición y es, por lo tanto, vinculante para la conciencia de los fieles. Tampoco podemos vivir la fe, y transmitirla a los demás, si no la conocemos. Sin una buena teoría, no podemos actuar bien a largo plazo. En el campo del cuidado pastoral, sin una enseñanza doctrinal, solamente  toparemos con algún acontecimiento emocional y, además, efímero.

6.- Exhibición exagerada de la simplicidad de su estilo de vida

Cierto, Ud. quiere dar el ejemplo; pero, ¿le conviene ocuparse Ud. mismo de cada mínima actividad cotidiana? En el campo ascético, la mano izquierda no debe saber qué hace la mano derecha (Mt 6, 3); de otro modo el conjunto parece de algún modo falso. Si Ud., realmente, quiere conducir vehículos ecológicos, necesita pagar mucho de más o hacer que pague otro el precio de las tecnologías más costosas: la ecología tiene su precio.

7.- Particularismo

Hay un particularismo que, a menudo, subordina los objetivos de la Iglesia universal a los puntos de vista de solamente una parte de la Iglesia. Este comportamiento en un papa es casi cómico, si se piensa cuan interconectado está nuestro mundo, más móvil y más cercano que nunca. Especialmente hoy, es un tesoro que la Iglesia católica sea siempre la misma en todo el mundo. Que los católicos en todos los países vivan, recen y piensen de un modo similar y uno junto al otro, corresponde a la realidad global de la vida.

8.- Un deseo continuo de espontaneidad

Una falta de profesionalidad no es un signo de la obra del Espíritu Santo. Expresiones como “proliferar como conejos” o “¿quién soy yo para juzgar?” pueden hacer impacto sobre mucha gente, pero llevar a graves malentendidos. Cada vez, otros deben correr a explicar que cosa Ud. quería decir realmente. Actuar fuera de programa, y fuera del protocolo, tiene sus tiempos y sus lugares; pero no puede transformarse en la norma. Se trata, también, del necesario respeto por sus colaboradores en Roma y en todo el mundo. Para un papa la medida de la espontaneidad debe ser sin lugar a dudas, inferior a la de los pastores.

9.- Falta de claridad sobre los vínculos entre libertad religiosa, política y económica

Muchas de sus declaraciones indican que el Estado debería gobernar siempre más, controlar más y hacerse responsable de más, en particular en el campo económico y social. En Europa estamos habituados a Estados muy fuertes. Pero que el Estado pueda ocuparse de todo está refutado por la historia. La Iglesia debe defender organismos no-gubernamentales que puedan proveer los bienes que el Estado no puede proveer del mismo modo. Contra la tendencia a esperarse todo de parte del Estado, la Iglesia debe ayudar a la gente a tomar cuidado  de la vida propia. También el Estado social puede volverse demasiado poderoso, y así, paternalista, autoritario y reaccionario.

10.- Meta-clericalismo

Ud., por un lado, muestra poco interés hacia el clero; pero, por el otro, critica un clericalismo que es más imaginario que real. Esta falta de interés no puede ser compensada por buenas intenciones o declaraciones antes pequeños grupos.

Los obispos y los sacerdotes tiene derecho de saber que el papa les respalda cuando defienden el Evangelio “en el tiempo y fuera del tiempo”, aunque ellos lo hagan de un modo que, personalmente, no le gusta al Papa. No está bien que algunas personas piensen que el Papa ve muchas cosas de un modo diferente al del Catecismo, y que otros lo imiten a fin de hacer carrera bajo este pontificado.

Como papa, Ud. cumple un servicio necesario para la continuidad y la tradición de la Iglesia; e, incluso, los cristianos no católicos son de la misma opinión. Sería mejor que Ud. redujese sus innovaciones y provocaciones; tenemos ya muchas personas que lo hacen. Su magisterio, en cuanto tal, es ya de por sí palabra definitiva de provocación e innovación; y después de todo Ud. es el representante de Cristo y el maestro supremo de nuestra fe sobrenatural.

«Gracia, misericordia y paz (…) de Dios Padre y de Jesucristo, el Hijo del Padre» (2Jn. 1, 3) [1]; y vienen en bloque. Mientras, en este año de misericordia, también Ud. se prepara para la Navidad, por favor acoja esta ocasión como una invitación a descubrir qué cosas ha descuidado en los últimos tiempos.

Hágase ayudar por sus colaboradores, que aprenderán de Ud. solamente si Ud. está dispuesto a aprender algo de ellos. Como yo, tantos otros se encuentran en dificultades por el modo en que Ud., a veces, habla y actúa. Pero esto se puede arreglar, si se hace evidente que Ud. escucha aquello que los demás tienen para decirle.

Desgraciadamente, yo sé que Ud. no tolera bien este tipo de críticas y por este motivo no escribo mi nombre al final de esta carta. Quiero proteger a mis superiores de su ira; sobre todo, a los sacerdotes y obispos con los cuales he trabajado durante muchos años en Roma y de los cuales tanto he aprendido. Pero Ud. puede actuar de modo nos quiete a mí y a otros nuestros temores; o, mejor aún, puede volver superfluas cartas como ésta, simplemente aprendiendo algo de los demás.

¡En este espíritu, le auguro un bendito y meditativo tiempo de Adviento!

[Traducción de Alex Bachmann. Artículo original]

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[1] La cita completa es: «Gracia, misericordia y paz sean con vosotros en la verdad y la caridad, de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, el Hijo del Padre».




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