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Showman: El mal intrínseco del Novus Ordo

En la misa del Vaticano II el showman es más importante que el Alter Christus, quiera o no quiera el buen celebrante, lo cual no la invalida, pero sí la distorsiona en su misión establecida por los Cuatro fines del Santo Sacrificio. A los hechos me remito.

Miremos una comparación triste, pero recordando que el Vaticano II pidió el asesoramiento para el cambio de la Liturgia a varios capitostes de la iglesia protestante. Para éstos, la clave de la liturgia es “el libro”, no el Altar del Sacrificio. Las iglesias anglicanas y las protestantes, religión del libro como la mahometana, fueron prestigiando las sillas del pastor con el libro y sacando el Altar. El pastor dirige, canta, predica, el pastor  como “animador” es el centro de la liturgia protestante. La fe está en el libro de una manera ciega , y por ende, en aquél que me lo comenta. Y como “cada maestrillo con su librillo”, entonces nacieron las miles de sectas y divisiones según la visión fideísta del pastor de turno. El pastor centraliza a su rebaño en su liturgia para que se vuelvan fieles y proselitistas. Es la verdad vuelta loca, -que diría Chesterton definiendo una herejía-, de la Verdad católica Cristocéntrica.

Por el contrario a la postura luterana, desde la época de la liturgia patrística, raíz de la tradicional de la Iglesia católica, se centró todo en el Altar, en la Hostia y en el Sacrificante, que todo es Cristo. Durante el tiempo de catacumbas, se celebraba la Misa sobre el féretro-ara de los últimos mártires bajados para su entierro. El Altar, en esos primeros tres siglos, era esa caja que contenía los huesos triturados por las fieras en testimonio –martirio- de Cristo que se identificaban con el Crucificado del Gólgota “al que no quebraron ningún hueso”, porque “si así tratan al árbol verde, qué no harán con el seco”. La sangre de los mártires se mezcla con la Sangre del Mártir por Excelencia. El Sacerdote, siempre in persona Christi, es Sacrificante sobre el Ara ofreciendo al Padre Eterno la Santa Hostia, lo único infinito que ha producido la naturaleza humana por hipostasiada con el Verbo Pontífice. El centro, para todos los fieles que miraban hacia Sol que Nace, era el Cristo de la Cruz participando su naturaleza divina gracias al Sacerdotepontífice que revivía incruenta la Última Cena del aviso y mandato. El Centro era derramar la Sangre con Cristo y por Cristo para la Redención de muchos. Esto era así, esto se quería así, esto se vio así “lo que vimos, lo que tocamos, de eso os hablamos”. Y venía la Tradición así…

Pero la Misa nueva logró el giro antropológico.

Entre los pocos católicos que aún perseveran en la Santa Misa moderna[1], mirando las cifras en Argentina, dice el censo que en una población de 40 millones son unos  31 millones los católicos, y sólo un 31% iría a Misa, casi 930.000 personas, desparramadas en 70 jurisdicciones episcopales y casi 11 mil templos, que si tuvieran misa cada domingo –no es así-, habría 84 persona por templo por Misa dominical[2], pero se necesitaría como mínimo 5 mil sacerdotes ejerciendo, y no los hay, apenas superan los 3500[3] contando hasta los jubilados y lisiados. Por ello la proliferación de las “paraliturgias” presididas por laicos, mujeres incluidas, y con indiscriminada repartición de Comuniones…

Si la disminución de fieles es un eco de la “primavera de la iglesia” con la que nos vendieron el Vaticano II, sin embargo no va ahora el comentario por ahí, sino por este cura escaso que tiene una herramienta como la Misa Nueva para arengar a los laicos que aún perseveran por los motivos que fueran.

Es decir, miremos esa arenga o teatralización de la liturgia.

Constata Marcelo González en un artículo de Adelante la Fe que El Novus OrdoSugiere que el sacerdote tiene una función  de “animador” o representante de los fieles, en detrimento de su carácter de “alter Christus”. Misa Nueva “bien rezada” vs. Misa Tradicional (II).

Por aquí radica este problema con frutos de tibieza y banalización de la Fe en la pobre gente manoseada necesariamente por el showman, aunque sea un piadoso cura bueno. Notemos los comentarios de los asiduos a Misa que con frecuencia en voz sonora y llena de cadencias dicen: “voy a la misa los sábados a las 20 hs porque es más linda”; “yo voy a la Misa del padre P.P. porque la hace más corta y divertida”; “no voy más a la Misa del viejo de la Catedral, no se le entiende nada”; “desde que se fue el padre más joven, los jóvenes no van a Misa”; “¡qué se piensan esas viejas que dirigen todo y chillan desde el micrófono ´canten todos´, ´seamos generosos en la colecta´, ´participen en la Misa´, si hasta el cura les pide permiso! ¡No voy más!”; “¡qué Misa linda!” “Qué Misa fea”, “¡qué Misa más triste!, ¿no te parece?” , e via dicendo

¿Es propio de la Liturgia que se la califique por el celebrante? ¿No han pasado más de veinte siglos de iglesia donde nunca importó que el cura fuera gordo o flaco, alto o bajo, pelado o peludo, para la Misa me refiero, sino que absorbía la atención de los fieles esa “parafernalia” de casulla sin cara humana sino con nuca humana, altar, cruces, latines, cirios y posturas? ¿La gente podía ir a Misa para rezar sin esfuerzos con su misalito o mirando a su alrededor a la biblia de piedra que la interpelaba en su abundante imaginería? ¿O no aprendió a hablar con Dios hasta que el “animador” la fue llevando?

Y alguno me alegará que esto de elegir a qué Misa ir pasó siempre, que hasta Pemán en el Divino Impaciente relata el alboroto que en Portugal hizo San Francisco Javier antes de embarcarse hacia la China, y cómo las mujeres corrían de iglesia en iglesia para escuchar sus sermones. Sí, a escuchar sus sermones. Esto puede ser verdadero y lo era. Y hasta diría, constituye un plus lícito basado en el buen gusto y en el buen criterio de la búsqueda del buen orador. Hasta Santo Tomás de Aquino define a la retórica como el arte de persuadir[4], de lo contrario no sirve, y esto por caridad con los fieles ya que fides ex auditu. Los curas buenos suelen caer en la tentación de negar estas ciencias de la lógica porque serían sensibleras o pasteleras. Pero es otro tema. Sigamos con el showman de la Misa Nueva, exigencia intrínseca de la liturgia del Vaticano II, y no se trata de que hable mejor o peor durante la homilía.

Es decir, y ayúdenme a pensar porque me parece no estar exagerando, que para bien o para mal la gente de las encuestas de arriba se acostumbró al showman. Sí, el cura que es mirado por todos y debe corresponder a tanta mirada, tiene un deber establecido por el feed-back del Novus Ordo . El cura ya no puede meterse en el libro de la Vida, el Misal, para estar en el Cenáculo-Gólgota con el Señor de la Transubstanciación, sino que debe alentar a los fieles a “participar” de “la Eucaristía”. Ya no eleva el Sagrado Cuerpo de Cristo con el Retablo representando a la Iglesia Celestial como marco de la vista del Santísimo, sino que la Elevación de la Misa Nueva es mostrarles a los fieles la Santa Hostia y establecer un diálogo, y mirarse durante esas palabras recitadas o cantadas. El pueblo, el hombre, la Comunidad es el centro del Misterio, no Dios recibiendo la petición del Verbo Encarnado y Encarnecido por los hombres. El showman se los remacha con sus actitudes. Y el pueblo fiel es llevado a la exteriorización que sería “la verdadera participación en Misa”.

Es showman porque se dirige al pueblo en todo lo que dice, aunque en teoría lo esté diciendo a Dios, y en la práctica algún cura bueno esté haciendo un sacrificio inmenso para concentrarse en lo que hace y no en cómo la gente lo hace. Les dice a las gentes, cuando el cura-showman es buen cura, que ahora está haciendo tal cosa importante, les da órdenes, está atento a las distracciones de los niños y a la abulia de los adolescentes a los que intenta chicanear,  dirige los cantos y hasta recoge la guitarra –cuando el cura showman ya no es tan buen cura- y les pone ritmo a las arrastradas canciones pseudo-populares.

La estructura de la Liturgia nueva exige esta teatralización donde el “que preside”, a modo protestante, debe dar lugar al Guión de la Misa, al abrazo de la paz con todos yendo banco por banco –cuando es cura bueno sólo saluda al primer banco-, se adelanta para recibir la procesión de las ofrendas del pueblo (zapallos, tejidos, comida imperecedera para los pobres y el copón manoseado con perfumes de los laicos elegidos para la procesión de ofrendas…), regresa al Altar y ahora debe ofrecerle todo a Dios…

El cura bueno que intenta poner en práctica la Fe en el Sacramento del Santo Sacrificio de la Misa, ahora llamado la Cena del Señor, la Fiesta del Pueblo de Dios, se revestirá lo mejor que pueda, juntará las manos lo mejor que su piedad le permita para no obviar la atención del guión que le avisa la sucesión de los hechos preparados para esta Misa y distintos de la Misa de ayer… El cura bueno intentará colocar un crucifijo delante de su persona, contra las rúbricas litúrgicas del Misal nuevo, y no sabrá cómo colocar el Libro que puede obstruir la visión de la Comunidad en el diálogo litúrgico. Y seguro que será llamado al orden por el Liturgo de la diócesis, el obispo o sus emisarios, para que se ciña a las rúbricas. Exigentes para quitar lo que recuerde antigüedades, pero laxos con los showmen que en el ad libitum de la rúbricas nuevas agreguen sus creatividades.

El cura bueno se verá calificado como de “aburrido” si desea estar con Dios en lugar de estar con el pueblo. Hasta los murmullos de los “feligreses” llegarán al Señor obispo y deberá corregirse de su impericia como showman. O te vuelves carismático o serás abandonado por la pléyade de fiesteros, guitarreros, guionistas, ministros de la Comunión, figurones. Volverse carismático no es necesariamente asociarse a la secta pseudo-católica copia del pentecostalismo anglicano, sino tener la capacidad de adecuar la Misa según la audiencia, saber elegir entre docenas aquel “canon” que mejor convenga en esta oportunidad y darle la entonación –sobre todo la entonación- debida a la Plegaria de los Niños o la nº XII que marcó con una estampita en los libros adicionales vendidos por las Paulinas. Para ser showman deberá tener sobre el Altar muchos libros y revistas…

El cura bueno debe saber que no se celebra igual la Misa para los niños que para los ancianos, que debe ser un showman distinto en la Misa del colegio secundario que en la casa de las monjas. Showman o carismático es aquel cura bueno que sabe mantener la atención de la horita “de la Eucaristía”. Por supuesto que pondrá la intención de consagrar, por supuesto que preparará el sermón, por supuesto que se revestirá como debe, y todo según el Misal, pero no debe olvidar de ser showman, porque la gente le mira la cara, la actitud, el semblante corriendo el peligro de que piensen que no fue una Misa linda.

Daniel Giaquinta

[1] http://chequeado.com/elexplicador/losnumerosdeloscatolicosenelpaisdelpapa/   

[2] https://www.clarin.com/sociedad/vezsantuariosiglesiasargentina_0_ry3lizFeRFl.html  

[3] http://www.lanacion.com.ar/1043071caeenlaargentinaelnumerodevocacionessacerdotalesyreligiosas  

[4] Tomás de Aquino, S. Th., I-II, q. 27 a. 2 ad 2.




Daniel Francisco Giaquinta
Daniel Francisco Giaquinta
Nacido el 14 de octubre de 1958, Mendoza, Argentina.. Profesor de Oratoria (Filosofía, 1984). . Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra, España, 1990. Bachellors of Arts, Teología, por la Universidad de Navarra, España, 1989. Máster en Ciencias de la Información, Universidad de Navarra, España, 1992. Profesor Universitario Universidad Católica Argentina, Mendoza. Capacitador de Empresas en Comunicación interpersonal. Capacitador de planta en Escuela Gobierno de Legislatura Mza, Argentina

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