Es el lema de los Cartujos, fundados en el siglo XII por San Bruno de Colonia, dedicados a la oración y al trabajo manual. Uno de las muchas órdenes religiosas que han contribuido a lo largo de los siglos a la evangelización y a la civilización de Occidente, al desarrollo de los oficios, de las artes y del progreso.

Hoy, los Cartujos, como otras Órdenes religiosas, están en declive, como está en declive la civilización cristiana, la Fe en Dios, el respeto a la sacralidad de la vida y la esperanza en la felicidad eterna; porque los materialistas y los ateos han tomado el control y ahora, con gran soberbia, están dominando la sociedad – hasta que se lo permita el Señor del universo – mientras en el mundo se levanta estable la Cruz de Cristo, con el desprecio de sus enemigos. En efecto, no son los hombres que desprecian su Ley los que dominan el mundo, sino que es la Cruz gloriosa de Cristo la que reina mientras está salvando a la humanidad de la muerte y de la desesperación eterna.

El hombre es libre de ignorar los Mandamientos de Dios, pero está pagando un precio altísimo por su desobediencia: en efecto, están en aumento las calamidades naturales, las guerras fratricidas, la destrucción de las familias, la inmigración salvaje, los homicidios, los suicidios, las mafias, etc. A este paso tomaremos conciencia de nuestro estado de apostasía y comenzaremos a rebelarnos contra los dominadores de este mundo tenebroso, que han introducido en la sociedad el desprecio a Dios y a su Ley de Justicia y de Misericordia. Esperando también que alguien tenga el valor de denunciarlos abiertamente, superando el clima de silencio que nos oprime.

El Occidente post-cristiano deberá pagar muy caro, como enseña la Biblia, por las injusticias, el mal gobierno y el desprecio a Dios por parte de los dirigentes públicos – comunistas, radicales y masones – que completan la obra malvada de sus inspiradores: la sociedad es cada vez más inhumana porque los gobernantes han vuelto al paganismo. Los representantes de los gobiernos democráticos han traicionado a la mayoría de los electores en sus legítimos deseos de justicia y serán castigados en las próximas elecciones. Ya en los últimos años se ha comprobado un vuelco de los antiguos equilibrios políticos y la tendencia a opciones ideológicas nuevas e improvisadas, que llevarán cada vez más a las naciones a alejarse de la moderación y del sentido común.

La lejanía y el desprecio de Dios pesa mucho sobre la paz social de las naciones.

¿Adónde va el mundo?

Sin la bendición de Dio no puede pretender ir muy lejos; por ello, debemos estar preparados para cualquier eventualidad, tanto a nivel familiar como social, como también en sede internacional.

Para estar preparados a las eventualidades dolorosas, es necesaria una gran fe, que hoy muchos ya no tienen; sin embargo, el Señor no nos abandona jamás, pero nos advierte con signos personales, decisivos – que solo Él conoce – para dar a todos la posibilidad de tomar la decisión adecuada, en el momento oportuno.

En esta situación es necesario al menos tener la conciencia de que es Él quien nos llama y que podría ser la última ocasión que nos ofrece. Solo Dios nos conoce y quiere salvarnos a toda costa, por lo cual deberemos estar siempre preparados para afrontar los problemas, destinados a dar un giro decisivo a nuestra vida.

Conociéndonos mejor de como nos conocemos a nosotros mismos, es lógico que Dios dé a cada uno una gracia personal para prepararnos a la decisión final, la más segura para nuestra salvación eterna: por tanto, ¡atención!

Sin embargo, también aquí es necesario el sentido común: si un desdichado ha vendido, por ejemplo, su alma al diablo – esto sucede a los inscritos en las sociedades secretas anti-cristianas – por ligereza o ambición de carrera, deberá arrepentirse y pedir perdón, según la praxis canónica, para volver a hacer parte de la Iglesia, de otro modo se encontraría en problemas con respecto a Dios.

Y ciertamente es la mayor dificultad que involucra hoy a muchas personas llegadas al vértice del poder político o de la carrera pública, si se adhieren a las sectas secretas anti-cristianas.

La pregunta que podemos hacernos hoy racionalmente es esta: ¿cuánta gente ambiciosa está inscrita hoy en estas sociedades secretas para ser favorecida entre los candidatos a los cargos que más cuentan en la sociedad?

Además de la ambición por prevalecer y la preparación específica, cuenta mucho la pertenencia a la ideología radical, comunista, atea, relativista, etc., dispuesta siempre a obedecer al poderoso grupo que guía, vigila, remunera y dicta las normas con gran autoridad a los mayores exponentes de los gobiernos mundiales, especialmente si están inspirados en las ideologías anti-cristianas.

Claramente, detrás del escenario, se encuentran las fuerzas oscuras del Gobierno Único Mundial, que hoy prepara las condiciones favorables para la venida del anticristo, que se permite burlarse del sentido común y la sabiduría de los católicos, que creen firmemente en la intervención de Dios en el momento oportuno para salvar a la humanidad de la catástrofe. Si el mundo ha sido creado para dar gloria a Dios, es necesario tener todavía paciencia y saber esperar los tiempos establecidos por su Providencia.

Los tiempos decisivos se acercan

El tiempo es don de Dios y solo Él sabe disponer las cosas para obtener siempre el máximo beneficio para sus hijos en esta vida, también para aquellos que lo rechazan, dando a todos la posibilidad de convertirse: los acontecimientos son preordenados para llevar a todos por el camino de la salvación.

Las palabras conversión y salvación son siempre importantes para el pueblo de Dios; en cambio, en la predicación son poco consideradas o dadas por descontadas por la catequesis ordinaria, mientras que sería necesario recordarlas más a menudo, resaltando también la urgencia del problema.

Se tiene la impresión de que, bajo el Pontificado del papa Francisco, el Cielo y el Infierno están casi olvidados o quizá dados por descontado: esto podría valer si los creyentes fueran la mayoría, pero hoy esto ya no vale, por lo que está claro que es necesario cambiar de actitud hacia un pueblo de apóstatas, que ha abandonado la fe y el deber de santificar el día del Señor. En paralelo, aumenta cada vez más el número de los creyentes que disienten de las actitudes ecumenistas y neo-modernistas del papa Francisco: en resumen, un clima difuso de escepticismo y de contestación.

Es necesario, según el sentido común, que la autoridad de la Iglesia haga oír más su voz autorizada y diga claramente las cosas, como, por ejemplo, en lenguaje bíblico: “Si los bautizados rechazan a Dios, eligen su condenación eterna en la Gehenna”…

Existe también la duda de que los cristianos abandonan la iglesia a causa de las aburridas homilías de los celebrantes, a menudo de contenido social, ecuménico o cultural, despegadas de las urgentes necesidades espirituales del pueblo cristiano, compuesto tal vez no de verdaderos creyentes, sino de indiferentes, de rutinarios o de simples curiosos.

Muchos rechazan a Dios a causa de la apostasía “impuesta” por los enemigos de la Iglesia infiltrados por todas partes, especialmente en los medios de comunicación: se vuelve, por ello, más difícil para todos la conversión y, por tanto, la posibilidad de salvarse. Mientras, los humildes, los pequeños, los pobres, los últimos, conservan los elementos esenciales y genuinos de la Fe y rezan con sencillez: son los privilegiados en el diseño de Dios.

“Así los últimos serán los primeros y los primeros últimos” (Mt, 20, 16): también estas palabras de Jesús nos ayudan a meditar en la suerte de tantos maestros del pensamiento que hoy querrían “sugerir” a Dios la manera más actualizada para interpretar y explicar el Evangelio al pueblo de Dios.

La Virgen, en sus diferentes manifestaciones, por ejemplo como en Fátima, no ha venido a corregir las Escrituras sino a confirmarlas plenamente, subrayando con amor materno y con gran autoridad todas las palabras de su Hijo Jesús, transmitidas por los Evangelios.

Conversión y esperanza de salvación son hoy las condiciones de las cuales el pueblo cristiano tiene necesidad más urgente: las apariciones marianas de La Salette profetizaron también la gran apostasía que desde hace años nos vemos ahora obligados a sufrir por la fragilidad de muchos que creen clamorosamente en las astucias de satanás, involucrando también a varias personalidades de la Jerarquía.

La Cruz de Cristo, salvación del mundo

Si Cristo Crucificado fue la piedra de tropiezo para tantos pueblos y naciones paganos en los siglos pasados, y hoy, increíblemente, también para muchos cristianos de alto rango, parece próximo, sin embargo, el tiempo en el que la Cruz será la segura vencedora de todos sus enemigos por medio de una clamorosa victoria.

Esta es nuestra esperanza, que es certeza, consolidada por la fe en las promesas del Señor y de la Virgen María, que en Fátima dijo: “Al final mi Corazón Inmaculado triunfará”.

Por consiguiente, este tiempo es un periodo de gran expectación y de preparación para toda la humanidad, en gran parte víctima del maligno, que está vomitando los últimos ultrajes contra Dios y su Iglesia, a la espera del tiempo en el que será derrotado para siempre.

Considerando varias circunstancias y repensando en las profecías antiguas y modernas, se pueden prever con mucha aproximación, las siguientes etapas, que incluyen el breve reinado del anticristo:

1) La advertencia del Cielo no acogida por todos positivamente, como preaviso de que las cosas están cambiando en el sentido de un giro decisivo para la humanidad.

2) Las primeras señales sobrenaturales inexplicables por la ciencia, muy hostigadas por los escépticos, destinados a ser acogidos como una posterior prueba de que el Cielo interviene.

3) Varios acontecimientos extraordinarios como confirmación de la presencia de la amorosa asistencia de la Virgen María, nuestra Madre, que nos guía decididamente al encuentro con su Hijo Jesús.

4) Una serie de hechos dolorosos y funestos, acogidos por muchos como castigos merecidos por el comportamiento culpable de la mayoría de los hombres.

5) El retorno imprevisto de Jesús con su Cruz gloriosa para destruir las obras de satanás y derrotar para siempre al maligno, con el triunfo del Corazón Inmaculado de María.

6) “En cuanto al día y a la hora, nadie lo sabe, ni los Ángeles del Cielo ni el Hijo, sino solo el Padre” (Mt, 24, 36).

7) La creación de cielos nuevos y tierra nueva profetizados por San Pedro, en sustitución del mundo actual, profundamente contaminado por el veneno de satanás.

La Cruz de Cristo molesta mucho a los enemigos de la Iglesia: en efecto, a menudo es contestada y quitada de los despachos públicos y de las escuelas, porque no es bienvenida por todos: la Europa católica está renunciando progresivamente a su Fe secular, porque está “ocupada” cada vez más por sus enemigos, que la han conquistado con el engaño, apropiándose de los cargos más prestigiosos.

Consecuencias: esperémonos también algún decreto gubernamental – el acuerdo entre gobiernos democráticos y miembros de la jerarquía parece perfecto – que imponga la retirada del Crucifijo en casos particulares, para comenzar, especialmente cuando molesta demasiado a los seguidores de otras religiones que lo soliciten a las autoridades competentes. Y será inútil protestar porque la mayoría democrática apoyará la decisión de los administradores: será solo el inicio de la feroz persecución anti-cristiana que prepara la manifestación del hombre inicuo, el anticristo, el máximo de los flagelos contra el pequeño resto de los cristianos.

Esto no es fantapolítica, sino solo crónica cotidiana que no es ni siquiera ya noticia, si no ¿cómo podríamos afirmar honestamente que estamos en la apostasía generalizada?

No debemos asustarnos demasiado: sabido es que ¡las fuerzas del infierno no prevalecerán!

Marco

(Traducido por Marianus el eremita)

SÍ SÍ NO NO
Mateo 5,37: "Que vuestro modo de hablar sea sí sí no no, porque todo lo demás viene del maligno". Artículos del quincenal italiano sí sí no no, publicación pionera antimodernista italiana muy conocida en círculos vaticanos. Por política editorial no se permiten comentarios y los artículos van bajo pseudónimo: "No mires quién lo dice, sino atiende a lo que dice" (Kempis, imitación de Cristo)