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Textos extraídos del Simposio sobre Matrimonio y la Familia

Aquellos que vieron la transmisión en vivo del simposio del 8 de septiembre, con el Cardenal Burke y un panel de expertos, escucharon un extracto leído en voz alta por cada uno de los panelistas. El mensaje del Cardenal Burke, así como las diferentes disertaciones de los panelistas, serán publicados en un libro editado por Emmaus Road, titulado “Desde el Comienzo: Misión y Vocación de la Familia en el Mundo Contemporáneo.”

Para aquellos que no vieron la transmisión en vivo, o preferirían tener los extractos por escrito, aquí están en el orden en que fueron dictadas durante el evento. Algunos extractos leídos fueron modificados.

Sínodo sobre la Familia:

Direccionando el Instrumentum Laboris

Presentación principal:

Su Eminencia Cardenal Raymond Leo Burke

Seguido de un Panel de Discusión

8 de septiembre de 2015

Universidad Franciscana de Steubenville

EXTRACTOS

La indisolubilidad del Matrimonio y el Problema del Relativismo 

Fr. Sean O. Sheridan, TOR, JD, JCD
El Papa Francisco ha dado un paso extraordinario al convocar dos Sínodos de Obispos en un periodo corto de tiempo para discutir asuntos relativos al matrimonio y a la familia dentro de la Iglesia y el mundo. Su interés en estos temas está fundamentado y evidenciado por numerosos desafíos y ataques sufridos por el matrimonio y la familia que muchas personas alrededor del mundo, incluidos católicos fieles, han venido encontrando, particularmente desde el Concilio Vaticano II. Este documento está direccionado hacia la necesidad del sínodo de Obispos de afirmar claramente el significado tradicional del matrimonio, antes que nada, por la Naturaleza Divina de dicha enseñanza. Más aún, la solución pastoral sugerida que propone una “puerta estrecha” para la participación en la vida sacramental, para los que están en unión irregular ha sido considerada y rechazada en numerosas ocasiones pasadas por varios niveles de la Santa Sede. Además, cualquier cambio pretendido a las enseñanzas de la Iglesia sobre leyes en estos asuntos reflotaría numerosos problemas, incluido el riesgo de relativizar esas (hasta ahora) verdades absolutas sobre el matrimonio Cristiano, como fiel unión indisoluble y exclusiva entre hombre y mujer que Cristo elevó a sacramento entre los bautizados.

El Matrimonio como Comunidad Natural Requiere un Compromiso por toda la Vida 

Patrick Lee, PhD

Como comunión natural, el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer que se han comprometido a compartir su vida en todos los niveles de humanidad (corporal, emocional y espiritualmente) del tipo que se cumpliría naturalmente al concebir y educar niños juntos (aunque en algunas instancias estos objetivos no lleguen a cumplirse). La naturaleza del matrimonio requiere que sea fundamentado en un compromiso de por vida y constituya una unión irrompible. El nexo moral del matrimonio (el conjunto de derechos y obligaciones creados por el mutuo consentimiento de los esposos) es distinto de la plenitud de esa comunidad. La unión marital podría ser más o menos plena, sin debilitar el nexo marital. Ninguno puede prometer algo sobre lo que Él o Ella no tiene control. Pero el compromiso matrimonial sirve a una conducta voluntaria. Así que los matrimonios no pueden morir de por sí mismos. El nexo marital permanece aunque el sentimiento de amor o la profundidad de la unión, a los que los esposos se han comprometido, puedan erosionarse.

¿Oikonomía en la Iglesia de Hoy?: Divorcio y Segundas Nupcias en la Iglesia Primigenia y el Desarrollo desde el Vaticano II al Día de Hoy 

Pia Crosby y Stephen Hildebrand, PhD

Los Evangelios y las Epístolas de Pablo son testigos de las enseñanzas del Señor sobre la indisolubilidad del matrimonio, donde el adulterio puede ser causa de separación pero no indica la permisibilidad de segundas nupcias. Los Padres, casi unánimemente, entendieron esta enseñanza del Señor, a pesar de clamores erróneos de que los cristianos no pudieron haber contradicho la ley Romana (lo hicieron) o que los Padres entendieron la ruptura del matrimonio para implicar la posibilidad de un nuevo matrimonio (no lo hicieron).

Solo Pseudo-Ambrosio, en la tradición patrística, defiende el divorcio y segundas nupcias. Justino Mártir, Clemente de Alejandría, Tertuliano, Orígenes, Basilio (quien más veces erróneamente es ubicado en compañía de Pseudo-Ambrosio), Gregorio de Nisa, Jerónimo, y Agustín (la lista continúa), todos son testigos de la permanencia del matrimonio y la aceptación de la separación en ciertas circunstancias, pero sin perspectivas hacia las segundas nupcias. Una consideración especial debe dársele a Basilio para poder mostrar (1) que él no patrocina el divorcio ni las segundas nupcias, y (2) que él si permite una oikonomia que anticipa la de Kasper. (Dentro de este uso, el término oikonomia significa “un acomodo”.) Basilio tolera que un hombre divorciado cohabite con una mujer que no es su esposa pero se queda corto en la indicación de Kasper de que tal hombre pueda ser admitido a la comunión.

Basándose en Milkito, el Arzobispo Zoghby suplica al Concilio Vaticano II que la Iglesia siga la práctica Ortodoxa oriental de la oikonomía, ha habido un debate vibrante entre los teólogos occidentales líderes y prelados. A comienzos de los años 70, el Cardenal Joseph Ratzinger ha llegado a casi la misma conclusión a la que ahora ha llegado Kasper. Bajo la influencia de Juan Pablo II, cambió su posición mientras servía como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Juan Pablo y Ratzinger/Benedicto XVI repetidamente reafirmaron la enseñanza sobre la indisolubilidad del matrimonio y la incapacidad de los divorciados y vueltos a casar de recibir comunión. En julio de 2013, el propio Papa Francisco reabrió lo que parecía ser una discusión ya cerrada en respuesta a una pregunta de periodista sobre la comunión para los divorciados y vueltos a casar, a partir del deseo de ofrecer un cuidado pastoral realmente misericordioso a aquellos en circunstancias muy dolorosas.

La propuesta de la oikonomía levanta preguntas sobre cómo la Iglesia contemporánea puede en derecho hacer uso de las costumbres y tradiciones de la Iglesia Antigua. El adoptar y expandir esta práctica constituiría más bien una distorsión que un desarrollo en el entendimiento de la Iglesia sobre el matrimonio y el llamado universal a la Santidad, pues niega la verdad sobre el matrimonio y priva a los fieles en circunstancias difíciles al llamado a virtud heroica imitando a Cristo.
El Mal del Divorcio y la Dignidad de la Persona Humana: Entendiendo la Inmoralidad del Divorcio a través de la Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II. 

Donald Asci, STD

En Familiaris Consortio, el Papa San Juan Pablo II habla de “dar testimonio del inestimable valor de la indisolubilidad y fidelidad del matrimonio” como “una de las tareas más urgentes y preciosas” de los Cristianos, especialmente las parejas de casados en nuestro tiempo. Mientras esto primeramente “reconfirma las buenas nuevas de la naturaleza del amor conyugal que tiene a Cristo como su fundamento y fuerza,” La enseñanza Católica sobre la indisolubilidad del matrimonio también incluye el reconocimiento explícito de la inmoralidad del divorcio en sí mismo incluso aparte del mal agravante de las segundas nupcias civiles después de un divorcio. Sin embargo, una discusión reciente sobre la indisolubilidad del matrimonio durante el sínodo, ha sugerido: pocos parecen ver el mal del divorcio en sí como un tópico importante, mucho menos una tarea urgente, siendo el foco desviado más bien hacia los casos de aquellos que agravan el mal del divorcio con segundas nupcias civiles y su situación en cuanto a la comunión Eucarística. Este ensayo se refiere al divorcio como una grave ofensa contra la dignidad de la persona humana al aproximarse a la cuestión que atraviesa el significado del cuerpo articulado en teología del cuerpo de Juan Pablo II. Ver el divorcio desde la perspectiva del significado conyugal del cuerpo hace del mal del divorcio más una afrenta al valor intrínseco de la persona humana y un tipo de consumismo dentro de la esfera marital, que al tiempo compara el divorcio con el mal de la eutanasia. Este ensayo examina en forma secundaria cómo el divorcio puede, en algunos casos, ser una forma de desesperación, especialmente frente al sufrimiento o desesperación en una posibilidad de reconciliación, lo que pone al divorcio en contra del carácter sacramental del matrimonio. Finalmente, este ensayo propone que al fallar en cuestionar la maldad del divorcio clara e inflexiblemente, los Católicos pueden estar socavando nuestros intentos de defender la dignidad de la persona humana en otras situaciones (e.g. eutanasia, aborto, y la industria del sexo), y nuestros intentos de adoptar una esperanza Cristiana en general y específicamente en la esfera sexual.

Comunión para los Divorciados y vueltos a Casar 

Michael Sirilla, PhD

En su propuesta, que aparece en Instrumentum Laboris actual para el Sínodo Ordinario 2015, los artículos 120 y siguientes, el Cardenal Walter Kasper recomienda una nueva disciplina pastoral para la Iglesia, en la cual los Obispos decidirían caso por caso si admitir a los Católicos divorciados y  “vueltos a casar” a recibir el Sacramento de la Santa Comunión después de arrepentirse de su divorcio pero sin requerirles la confesión sacramental de adulterio y un firme compromiso de vivir en completa continencia. Este sugerido cambio en la disciplina pastoral es presentado como más misericordioso que la práctica actual de la Iglesia; pero de hecho, constituye un grave pecado de escándalo en el sentido estricto. Esto se establece su propuesta bajo la luz de los siguientes seis puntos de doctrina inmutable:

  1. El matrimonio sacramental es una unión marital de toda la vida, que se disuelve sólo con la muerte.
  2. El acto de abandono del divorciante activo con la intención de cortar este vínculo es un pecado grave.
  3. Aquellos que intentan “volver a casarse” cometen un pecado más grave que Cristo llama adulterio.
  4. La recepción de la Santa Comunión en un estado de pecado mortal de no arrepentimiento es en sí un grave pecado de sacrilegio.
  5. Los Obispos que admiten (o aquellos que dirigen o exhortan a los Obispos a admitir) personas no arrepentidas a la Comunión, cometen un grave pecado de escándalo.
  6. Los divorciados que se arrepienten, se comprometen a vivir en completa continencia, y reciben absolución sacramental, no se encuentran en estado de pecado mortal (al menos con respecto al divorcio y a las “segundas nupcias”); Pero aquellos que no lo hacen están en estado de pecado mortal, dado su completo conocimiento y consentimiento. Si un pastor discierne ignorancia invencible por parte de una pareja en este sentido, es su deber solemne informarles claramente de su situación y urgirles a arrepentirse para que puedan verdaderamente encontrar la misericordia de Cristo.

Los padres del Sinodo y el Papa deben rechazar la propuesta de sustitución del Cardenal Kasper sobre la misericordia como se encuentra en el Instrumentum Laboris, y en vez de esto, inequívocamente reafirmar la oferta genuina de Cristo de misericordia como esta en la práctica perenne de la Iglesia, y expresada por el Papa Juan Pablo II in Familiaris Consortio, a. 84.

Cómo la Reforma Litúrgica ha contribuido a la crisis en el Sinodo 

Peter Kwasniewski, PhD

Muchos factores han contribuido al declinar precipitado del conocimiento de los católicos y su adhesión al Magisterio de la Iglesia sobre matrimonio y familia. Un factor descuidado, sin embargo, puede llegar a ser la sagrada liturgia, que es donde los católicos más comúnmente encuentran a la Iglesia y a su enseñanza. Vale la pena preguntarse si cambios tremendos en la liturgia en sí misma, junto a costumbres prevalentes de celebración, pudieron haber contribuido a la confusión, incerteza, ignorancia, laxidad y heterodoxia en el reino del matrimonio y la familia. Mi ensayo testea la hipótesis en cinco áreas: la supresión o marginalización de textos claves de las escrituras en el leccionario reformado; el avance del feminismo e igualitarismo en los ministerios litúrgicos; las deficiencias espirituales y doctrinales de la música contemporánea de Iglesia y otros artes sacras; la desconexión entre la doctrina exaltada de la Iglesia y el horizontal, antropocéntrico ars celebrandi de las ceremonias de boda; y la pérdida casi total del ascetismo conectado a la recepción de la Santa Comunión. Si la argumentación es convincente, se deduce que la Iglesia de hoy debe tomar mucho más seriamente la urgente necesidad de una “reforma de la reforma, “así como la promoción de la forma tradicional del Rito Romano, que esta incomprendido en el marco de las dificultades actuales.
Fariseísmo y Matrimonio 

John Bergsma, PhD

En la discusión actual sobre matrimonio de la Iglesia Católica, en algunas ocasiones se ha aseverado o implicado que aquellos que apoyan la postura doctrinal de la Iglesia sobre el matrimonio (el no reconocimiento de segundas uniones, indicado públicamente por la abstención de la comunión Eucarística por parte de aquellos en ese estado) presenta una actitud “farisaica” hacia el divorcio y las segundas nupcias. Esta acusación establecida o implícita precisa ser sometida a escrutinio crítico. Se deben establecer los siguientes puntos:

  1. Los fariseos tenían pocas o ninguna objeción sobre el divorcio y matrimonio, pero Jesús sí.
  2. Jesús predicaba una práctica más rigurosa de ley moral y Divina que los fariseos.
  3. Jesús criticaba a los fariseos no por estándares morales rigurosos, sino por usar legalismo religioso y casuística para evitar las demandas de la ley moral y Divina.
  4. Jesús criticaba a los fariseos también por insistir en interpretaciones exageradas de la ley ceremonial, difíciles de seguir por los pobres.
  5. En suma, Jesús era inflexible en su fidelidad a la ley moral y Divina, pero generoso en su interpretación de la ley ceremonial. La indisolubilidad del matrimonio pertenece a lo anterior.

[Traducido por Edgar Martínez. Artículo original]




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