Durante casi tres años, Francisco ha estado proporcionando a la congregación y al mundo sus idiosincráticas lecturas de los acontecimientos del Evangelio, en sus sermones diarios en Casa Santa Marta. Estos suelen ser espontáneos, porque Francisco tiende a ver los textos preparados con menosprecio. Evidentemente, Francisco cree que es más “pastoral”  el decir simplemente lo que piensa sin que le importen las implicaciones doctrinales o el potencial escándalo, tal y como hemos visto una y otra vez. Los resultados han sido a menudo, por decirlo suavemente, increíbles.

Los lectores recordarán ejemplos memorables de la exégesis de andar por casa como la afirmación de que la inmaculada y sin pecado María “quizá” se sintió engañada por Dios cuando vio a su Hijo en la Cruz (“¡Mentiras! Yo fui engañada!”),  o la de que Cristo simplemente fingió estar enfadado con sus discípulos (“Jesús no se enoja, sino que lo finge”), o la de que Mateo se aferró a su dinero cuando Cristo le llamó (“¡No, no yo!¡ No, este dinero es mío!”), en lugar de hacer caso a la llamada de Nuestro Señor inmediatamente tal y  como dice el Evangelio (Mateo 9: 9-13).

En un sermón sobre la vida de Jesús, realizó también esta asombrosa oración: “Concédenos Señor  la identidad cristiana, que tu tuviste.” Decir que Jesús tenía una “identidad cristiana”, en lugar de decir que Jesús es “el Cristo, el Hijo del Dios vivo “, tal y como reconoció el primer Papa (cf. Mateo 16:16), es lo mismo que sugerir que no era divino, sino simplemente un hombre superlativo cuya supremo ejemplo cristiano debemos emular.

De hecho, en este mismo sermón improvisado Francisco opinó que: “La autoridad de Jesús-  y la autoridad del cristiano – provienen de esta capacidad de entender las cosas del Espíritu, al hablar el lenguaje del Espíritu. Es a partir de esta unción del Espíritu Santo…” Esto implica que cualquier cristiano puede ser ungido en la forma única en la que Jesús fue ungido (ver Hechos 10:38), o que Jesús no tendría autoridad en virtud de su propia divinidad, sino que sólo la tendría  tal y como la de cualquier cristiano “ungido”.

Independientemente de lo inadvertido que estas improvisaciones puedan parecer, lo que surge de estas es una reducción implícita del Dios-Hombre a un Mesías que no es más que una exaltada criatura; cuyas enseñanzas y ejemplos moral es sublimes conducirían a los hombres a Dios Padre. Esta es la visión iluminada de Cristo que sostuvieron los unitarios y  John Locke, que evitaron cuidadosamente cualquier afirmación sobre la existencia del Dios trino o de que Cristo sea la segunda persona divina de la Santísima Trinidad.

Una última improvisación de Francisco en este sentido sólo aumentan las complicaciones. Sermoneando sobre el hallazgo (de Jesús) en el templo, Francisco dijo lo siguiente:

En lugar de regresar a casa con su familia, Él se quedó en el templo de Jerusalén, causando mucho dolor a María y a José, que no pudieron encontrarlo. Por esta pequeña “escapada”, Jesús tuvo que probablemente pedir perdón a sus padres. El Evangelio no nos dice esto; pero creo que lo podemos suponer.

Cualquier niño bien catequizado sabe que Jesús, lejos de mendigar perdón, reprendió a sus padres de una manera que constituye una revelación temprana de su divinidad: “¿Cómo es que me buscabais? ¿No sabíais que debo ocuparme de los asuntos de mi Padre? “(Lucas 2:49) Francisco, sin embargo, reduce sin cuidado alguno, este evento fundamental a una aventura infantil por la que Jesús tuvo que pedir perdón. Según este mismo punto de vista, el enunciado  “¿Cómo es que me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?“ sería la peor especie de insolencia y falta de respeto a la autoridad de los padres.

Ahora bien: uno no puede pedir perdón a otro, a menos que uno haya ofendido injustamente al otro. Jesús, al ser divino, sería incapaz de cometer una injusticia en contra de nadie, y mucho menos contra sus propios padres. Al decir que Jesús tuvo que pedir perdón por su comportamiento es peor aún, al sugerir que habría pecado contra María y contra José y que siendo así estaría obligado a pedir perdón.

Surgen las preguntas: ¿Está Francisco confundido con la divinidad de Cristo? ¿Ve a Cristo como el Dios-Hombre, cuyo sacrificio de sí mismo al Padre, al ser de valor infinito, sirvió para expiar todos los pecados cometidos y por cometer? ¿O mantiene un concepto de  Mesías inferior, sin darse cuenta tal vez de lo que hace? Dejo en manos de los comentaristas el que puedan sugerir una explicación razonable de este sermón que sea consistente con la divinidad de Cristo y con una lectura ortodoxa del Evangelio.

Christopher A. Ferrara

[Traducción de Miguel Tenreiro. Artículo original]

Christopher A. Ferrara
Presidente y consejero principal de American Catholic Lawyers Inc. El señor Ferrara ha estado al frente de la defensa legal de personas pro-vida durante casi un cuarto de siglo. Colaboró con el equipo legal en defensa de víctimas famosas de la cultura de la muerte tales como Terri Schiavo, y se ha distinguido como abogado de derechos civiles católicos. El señor Ferrara ha sido un columnista principal en The Remnant desde el año 2000 y ha escrito varios libros publicados por The Remnant Press, que incluyen el bestseller The Great Façade. Junto con su mujer Wendy, vive en Richmond, Virginia.