Les dejamos un fragmento de esta mística y beata, caso excepcional en la historia de la Iglesia Católica por los dones que le fueron concedidos, acerca del Santo Sacrificio del Altar, la Santa Misa, que merecen ser reflexionados sobre la reverencia y forma de estar con la que los fieles deben estar y los sacerdotes celebrarla:


“Veo a todas horas del día y de la noche las misas que se dicen en todo el mundo y en comunidades muy remotas, donde todavía se celebra como en tiempo de los apóstoles. Sobre el altar se me ofrece en visión una asistencia celestial con que los ángeles suplen las negligencias de los sacerdotes. Por las faltas de devoción de los fieles ofrezco yo también mi corazón y pido a Dios misericordia. Veo muchos sacerdotes que desempeñan su ministerio de un modo deplorable. Guardan las formas, pero muchas veces no se cuidan del espíritu. Siempre tienen presente que los está viendo el pueblo, y con esto no piensan en que los ve Dios.

Los escrupulosos quieren convencerse de su propia devoción. Muchas veces durante el día estoy viendo de esta manera la celebración de la misa por todo el mundo; y cuando me dirigen alguna pregunta, me parece como si tuviera que interrumpir una ocupación para hablar con un niño curioso. Es tanto lo que Jesús nos ama, que perpetúa en la misa la obra de la redención; la misa es la redención oculta que se realiza constantemente en el Sacramento. Todo esto lo vi desde mis primeros años, y creía que todos los hombres lo veían como yo.

En la festividad de san Isidro Labrador me fueron enseñadas muchas cosas acerca del valor de la misa que se dice y que se oye; y supe que es una gran dicha que se digan tantas misas, aunque las digan sacerdotes ignorantes e indignos, pues mediante ellas se libran los hombres de peligros, castigos y azotes de todo género. Conviene que muchos sacerdotes no sepan lo que hacen, que si lo supieran, no podrían celebrar, de pavor, el santísimo sacrificio. Vi cuán admirables bendiciones nos vienen de oír misa, y que con ellas son impulsadas todas las buenas obras y promovidos todos los bienes, y que muchas veces el oírla una sola persona de una casa basta para que las bendiciones del cielo desciendan aquel día sobre toda una familia. Vi que son mucho mayores las bendiciones que se obtienen, oyéndola, que encargando que se diga y se oiga.”