Vigilen con cuidado los ordinarios para que los objetos sagrados y obras preciosas, dado que son ornato de la casa de Dios, no se vendan ni se dispersen” (Concilio Vaticano II-El arte y los objetos sagrados)

“Y se cargó la pila bautismal”, me comentaba el otro día una señora, refiriéndose al Sacerdote que llegó como Párroco,  hace 40 años a su pueblo. Por lo visto, esta fue la primera medida que tomó en su primer mes de nombramiento, allá por la década de los 70, “literalmente reventó el Baptisterio, compró una palangana movible y la instaló en el altar”. Muy propio del clero progresista post-conciliar y en todo este tiempo allí, según me decía ella, no le ha quedado ni un Santo por mover o remover. Con el Comulgatorio, lo tuvo claro, “aquí se Comulga de pie y en la mano, el que quiera arrodillarse, a un Santuario Mariano”, así que, cuatro machetazos, a la basura y todos al altar, Iglesia Conciliar.

Es habitual, encontrarnos Iglesias que durante estos años, han sido saqueadas por unos administradores desnaturalizados que con una nula formación en arte y liturgia, y creyéndose dueños de unos bienes que les han sido legados, para custodiar, no para dinamitar, destruyen nuestros Templos, ante la mirada impasible de los Obispos. ¿Es el Párroco, o el Superior, el dueño absoluto de los bienes que hay en un la Iglesia? ¿Pueden a su libre albedrío, poner o quitar, como si estuvieran en el salón de su casa?

Conozco anticuarios y restauradores, que han montado su almacén, acercándose a los contenedores cercanos a las Iglesias, allí, han encontrado desde imágenes de incalculable valor, hasta cálices, misales y vestiduras litúrgicas. ¿Somos conscientes del Sacrilegio que cometemos?

Tallas de Santos, con la firma de artistas consagrados de la época, son sustituidas por ridículos póster multicolor, con una imagen que más que a Nuestro Señor, parece que representen a una estrella del Rok. Así estamos… precisamente esto, es lo que se vende en las librerías religiosas hoy en día: poco de piedad y mucho de zafiedad.

Hace unos meses, me encontraba en una Iglesia, en la que había un Sagrario movible, en medio del altar, fabricado en loza típica de nuestra tierra, un despropósito tal, que resulta increíble que nadie lo haya denunciado al Obispo. ¿Nos hemos parado a pensar que está el mismo Dios dentro de nuestras Iglesias y debemos darle la dignidad de un Rey? Precisamente, cabe preguntarse que sucedería si en el Palacio Real, cambiaran el mobiliario por uno de la firma noruega y salieran los reyes dando el discurso desde tan regias sillas, ¿Nos quedaríamos callados? Parece mentira que ante los atentados a la casa de Dios, bajemos la cabeza y consintamos.

Transformamos las Iglesias de tal manera, que se asemejan más a locales nocturnos, que a una casa de oración. Se construye, se tira y se vuelve a construir, así, con cada Párroco que va llegando. Cada uno quiere dejar su huella, por lo innovador que ha sido y lo mucho que se ha preocupado de la decoración, ¿No deberían preocuparse más de que lo que está a nuestro alrededor, sea armonioso y nos ayude a elevar el alma a Dios? ¿Somos conscientes de que debemos conservar lo que ha permanecido, durante años, e incluso siglos y que en muchos casos se sufragaron por la aportación económica de los fieles o de unos benefactores piadosos, que buscaron realzar la belleza del Templo y dar Gloria a Dios?

Con relación a las Vestiduras Litúrgica, no es raro, encontrar casullas de guitarra guardadas en las Sacristías y sustituidas por algunas tan innovadoras como las que se utilizan en las JMJ, más propias de un mariachi que de un Sacerdote. No es que el Pueblo de Dios, estemos de acuerdo con estas aberraciones, pero no nos queda más remedio que sufrirlas, gracias a los Párrocos que se llaman Conciliares, cercanos, dialogantes y progresistas…Mucha relación horizontal con los Fieles, SÍ, para las excursiones, para lo demás, VERTICAL como un cohete lanzado al espacio.

El arte sagrado, las vestiduras sagradas y los utensilios, la arquitectura sagrada:

todo debe concurrir a hacer consolidar el sentido de majestad y de belleza, hacer

transparentar la “noble sencillez” de la liturgia cristiana, que es liturgia de la verdadera Belleza” (Benedicto XVI-Sacramentum Caritatis).

Sonia Vázquez