Auferte ista hinc! Nolite facer domum

Patris mei domum negotiationis” (Juan, 2-16)

Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre, una casa de comercio”. Llega el adviento y con él, los conciertos y representaciones de Navidad en las Iglesias. Incongruente, pero cierto, esta es la realidad de todos los años… En Adviento se celebra la Navidad y en la Navidad, se sigue celebrando la Navidad y la mejor manera de festejar tanta alegría reprimida, es ocupando los Altares, como si fueran el Metropolitan de Nueva York.

¿En qué estamos convirtiendo la casa de Dios? No vamos a Misa, no acudimos a rezar, los Sagrarios abandonados a diario, pero asistimos a un concierto en la Iglesia. ¡Interesante!

Segunda semana de Adviento, llegas a una Parroquia cualquiera de tu ciudad, para hacer un tiempo de oración y te encuentras la Iglesia transformada en un auditorio. ¿Pecado, sacrilegio o simplemente, en la Iglesia, todo vale?

El mismo lugar Sagrado, en el que por la mañana se estaba oficiando la Santa Misa, ahora, aparece invadido por un orfeón, para celebrar lo que aún no llegó: “la Navidad”. El Altar ocupado como si fuese la mesa de la cocina de nuestra casa, con todo tipo de objetos personales y el Párroco, el gran promotor, al micrófono, como un Matias Prat, haciendo las presentaciones. ¿Es esta la preparación de Adviento que nos proponen nuestras Parroquias?

Es frecuente y normal, que esto suceda en las Catedrales y Colegiatas, a lo largo de todo el año. Se puede decir, sin miedo a cometer una imprudencia, que son los grandes impulsores de semejantes atentados, enfocados a dinamitar la casa de Dios.

Se permite utilizar el Templo para todo tipo de actuaciones, desde visitas nocturnas con cenas en el claustro, hasta rodajes de películas, exhibiciones de bailes y danzas de todas las culturas y etnias…Así que…Llegado el tiempo de Villancicos, ¿Por qué no aderezar la aburrida vida Parroquial, con unos conciertos que pongan algo de color? ¿Qué mal puede haber en esto? Al contrario, aprovechando la ternura de las letras, se nos ofrece hasta como algo piadoso y recomendable: “La Parroquia, canta a la Navidad”. Y nadie piense que se está promoviendo un movimiento en contra de tocar la pandereta y cantar, NO, pero todo tiene, su espacio y lugar. Si estamos en el Tiempo de Adviento y queremos vivirlo plenamente, es un sin sentido ponernos a cantar que El Niño nació y está entre el buey y la mula. Lo propio de estos días, es recordar la Venida y ensalzar la figura de María.

El Tiempo de Navidad, es lo suficientemente largo, como para dar cabida a todos los conciertos y representaciones, que se quieran celebrar. No obstante, si esto se hace en un auditorio en vez de en la Iglesia, cada uno puede representar allí, lo que le venga en gana y cuando le venga en gana.

Sobre la idoneidad de los Templos como escenario para una actuación, sobra decir que aunque la Congregación para el Culto Divino quitó un documento sobre las normas a seguir, se supone que es algo excepcional, como por ejemplo, para escuchar un concierto de órgano, pero en absoluto quiere decir que, estos hechos, tengan que ser cotidianos. La mayoría de las Iglesias en las que hay conciertos Navideños, disponen de locales parroquiales, más aptos para el esparcimiento y la diversión, que el Templo.

¿Cómo podemos relegar a Nuestro Señor y quitarlo del Sagrario, en favor de un recital que en ocasiones es más propio de un piano swin que de la casa de Dios? Por no decir los casos más sangrantes, en los que se le deja en el Tabernáculo, mientras alrededor de Él, se da cabida a todo tipo de representaciones de lo que se llama “Belenes modernos”, en los que Jesús, nace en un semáforo, en vez de en el Portal. Sería de risa, sino fuera porque estamos hablando de una adulteración de los Evangelios y de un saqueo demoledor de nuestras Iglesias. Siendo realistas, cantos como “blanca Navidad”, “ande, ande la Mari Morena” y demás, por mucho que utilicen la palabra Belén, Jesús y María, en sus estrofas, no les garantiza la religiosidad de la letra. No obstante, en el caso de querer darle a los peces en el río, carácter sacro, lo más recomendable y aconsejable, es hacerlo a partir de la noche del 24 y mientras tanto, sumergirnos en el Tiempo de Adviento, ya que, si el Calendario Litúrgico nos recomienda la sobriedad musical en las Misas, no será para que al quitarse el Párroco la Casulla, sitiemos la Iglesia con la Orquesta Nacional de Viena tocando la Marcha Radetzky

Las iglesias, por lo tanto, no pueden ser consideradas simplemente como lugares «públicos», disponibles para cualquier tipo de reuniones. Son lugares sagrados, es decir «separados», destinados con carácter permanente al culto de Dios, desde el momento de la dedicación o de la bendición” (Congregación para el Culto Divino)

Sonia Vázquez