Ecuador, la República del Sagrado Corazón

Estamos en el mes del Sagrado Corazón, no en el mes de Sodoma, y hay que dejarlo claro.

La devoción al Sagrado Corazón en el país andino se remonta a tiempos muy anteriores a la república, cuando aquel territorio aún no se llamaba Ecuador sino Real Audiencia de Quito y formaba parte del Virreinato del Perú, que por el norte abarcaba hasta tierras actualmente colombianas, por la parte de Pasto, Cali y Popayán. En aquellos tiempos, Ecuador era un tecnicismo apenas usado salvo por marinos, astrónomos y geógrafos para referirse a la imaginaria línea que parte el mundo en dos.

El testimonio más antiguo que se conoce de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se remonta al jesuita Diego Álvarez de Paz, que en 1608 publicó De la vida espiritual y su perfección. Ya en el siglo XVIII, el P. Juan Bautista Aguirre, poeta, filósofo y orador, publicó tres obras defendiendo el culto al Sagrado Corazón. Todo esto fue antes de que santa Margarita María Alacoque popularizara en Francia la devoción al Sagrado Corazón. Para entonces, en Ecuador la devoción esta devoción ya había llegado a incluirse en la liturgia, con cantos a los Sagrados Corazones de Jesús y María en los días de entresemana, como se puede en la portada del libro para el coro que reproducimos a continuación:

Coral de Feria Secunda, escuela quiteña, orden dominica, con una representación del Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María

El pueblo ecuatoriano, encabezado por el padre Proaño, inició una campaña para consagrar el país al Sagrado Corazón de Jesús. La consagración tuvo lugar el 25 de marzo de 1874, en presencia del cuadro del que hablaremos a continuación. El país de la mitad del mundo fue el primero que se consagró al Sagrado Corazón.

La inestabilidad política y la anarquía que siguió a la emancipación de los virreinatos, fruto de revoluciones liberales, acabó por dar lugar a la guerra civil de 1859, que estuvo a punto de terminar con la existencia de Ecuador como nación. Gabriel García Moreno y el general Flores, triunfaron en la contienda, y el nuevo presidente emprendió el proceso de construcción de la nueva república. Durante sus tres periodos como presidente transformó a fondo el Ecuador, fomentando el progreso, la educación y las obras públicas.

García Moreno era un devoto católico, de misa y rosario diarios, y firmó un concordato con la Santa Sede. Marcadamente antiliberal, declaró el catolicismo religión oficial y exigió la obligatoriedad de profesar la religión católica para acceder a cualquier cargo en el Gobierno. Promovió las buenas costumbres, combatió enérgicamente la corrupción, saneó la economía, rebajó los impuestos y modernizó los hospitales.


El Sagrado Corazón de García Moreno

El cuadro, obra de Rafael Salas, fue encargado por el presidente mártir, el cual lo costeó de su bolsillo y le dio instrucciones de cómo debía pintarlo. Becado por García Moreno, Salas estudiaba en Roma para perfeccionar su talento cuando recibió el encargo. En la pintura aparece Jesús con el cetro real en la diestra y el globo terráqueo en la izquierda, mientras unos rayos de luz que proceden de su corazón se proyectan sobre Ecuador.

El presidente era objeto de gran dilección por parte del religioso pueblo ecuatoriano, pero los liberales lo odiaban, y lo amenazaron de muerte en varias ocasiones. Al final fue asesinado por orden de la Masonería, a tiros y machetazos, cuando salía de misa, a la que acostumbraba asistir a primera hora de la mañana. Dos años después, fue asesinado también el arzobispo de Quito, monseñor Ignacio Checa y Barba. En el caso del prelado, le envenenaron con estricnina el vino de consagrar

Para proteger la pintura, que estaba en su casa, la familia de García Moreno la entregó a un sacerdote, que la ocultó en su domicilio. Unos años después, tras ser nombrado canónigo, este sacerdote la entregó al P. Agustín Serrano SS.CC, y le pidió que la sacara de Ecuador a fin de que estuviese más segura en aquellos convulsos tiempos de gobierno anticristiano.

Serrano la llevó a Valparaíso, y se la entregó al provincial de su orden, que a su vez la ocultó en un arcón de su cuarto, y allí la mantuvieron sus sucesores. En 1897, siendo provincial el P. Román Desmarais SS. CC., el diácono Mateo Crawley-Boevey SS. CC le pidió el cuadro, que había visto en el fondo del baúl unos años antes, cuando el propio Desmarais se lo mostró y le explicó su procedencia. El provincial aceptó dárselo con la condición de que nunca saliera de la casa provincial. El diácono lo colgó en su habitación. Con ocasión de su primera misa, en 1898, una amiga chilena donó al P. Crawley un marco mucho más elegante que el original del cuadro, que pasó a la Academia Literaria y posteriormente al aula del curso de Derecho, en la misma casa provincial.

Crawley viajó a Europa a proseguir sus estudios. Allí, hallándose muy enfermo, tuvo repentina conciencia de su misión en la vida: entronizar la imagen del Corazón de Jesús en los hogares católicos del mundo entero. Fue tal su entusiasmo que, a los pocos días, recuperada por completo su salud, viajó a Roma para pedir a San Pío X autorización para emprender dicha misión. «No le doy permiso para una obra tan magnífica –le dijo sonriente el papa–; le ordeno que a partir de hoy dedique la vida a esa causa».

En 1907 el P. Crawley volvió a Chile y comenzó su cruzada de entronización del Sagrado Corazón en el hogar, apostolado al que poco a poco se fueron incorporando otros sacerdotes y religiosas de los Sagrados Corazones en Chile y otros países. La idea era poner una imagen del Corazón de Jesús sobre la entrada o en otro lugar destacado de la casa, y mediante una ceremonia para declararlo Rey de ese hogar.

¿Y cuál fue la imagen que escogió Crawley para entregar a los hogares para que la entronizaran? El cuadro de Salas, en un principio reproducido a centenares, luego a miles y, más tarde cientos de miles, cuando la campaña llegó a tener alcance mundial. Esto llevó a los superiores de la congregación corazonista del principal puerto chileno a exponer por primera vez en público el cuadro de García Moreno en los años veinte. Y con toda lógica, pues su estampa ya estaba en miles de hogares hispanoamericanos.

De visita en Chile en 1941, el arzobispo de Quito Carlos Mª de la Torre consiguió la devolución del cuadro, que regresó a Quito en enero de 1942, coincidiendo con el protocolo firmado en Río de Janeiro que puso fin al conflicto fronterizo entre Ecuador y el Perú. )

A raíz de la guerra con este último, política y económicamente el Ecuador estaba por los suelos, y la represión aumentaba la impopularidad del presidente Carlos Arroyo del Río. Monseñor de la Torre había tenido la idea de renovar la consagración del país andino al Sagrado Corazón de Jesús. El prelado gozaba de gran popularidad entre el pueblo fiel, e incluso entre los gobernantes liberales y socialistas por su patriótica actitud durante la contienda con el Perú, y sabía que el apoyo de los quiteños le permitiría superar la prohibición de manifestaciones públicas de fe que desde hacía medio siglo tenían en vigor los gobiernos liberales. Con todo, el acto no se llevaría a cabo en un espacio público, sino en las extensas instalaciones del club de polo. Tras anunciar en mayo que el cuadro de García Moreno había vuelto a Ecuador, el 28 de junio se renovó la consagración ante el cuadro. Más de 60.000 personas asistieron a la Misa, a las 8 de la mañana. El cuadro ocupaba el lugar más elevado del altar. Horas después, y tras una enardecida alocución, el arzobispo invitó a repetir frase a frase la fórmula de consagración, previamente repartida en volantes a todos los presentes, cuya voz resonaba en toda la explanada. Nunca había habido una concentración tan numerosa en la capital ecuatoriana. Para la ocasión se compuso el himno Dios de amores, con letra del P. Aurelio Espinosa Polit, gran erudito y poeta, y música de Belisario Peña.

Dios de amores, Santa Eucaristía,

mira al pueblo de tu corazón:

todo es tuyo, lo ha jurado un día,

todo es tuyo, salva al Ecuador*.

Corazón de Jesús, arca de vida,

faro y puerto, luz y salvación.

Dios de amores…

Corazón de Jesús, abre tu herida,

di a la Patria: Soy tu redención.

Dios de amores…

Corazón de Jesús, ves cuán sufrida

hoy la Patria llora su aflicción.

Dios de amores…

Corazón de Jesús, fuente florida,
De Ti brotan aguas de perdón.

Dios de amores…


(*En otros países se puede cantar «salva a esta nación».)


Aquí tenemos una preciosa versión interpretada nada menos que por Harpa Dei:

Bruno de la Inmaculada
Bruno de la Inmaculada
Meditaciones y estudios desde el silencio claustral y la oración.

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