Pío de Pietrelcina: el santo de lo sobrenatural

Lo sobrenatural no sólo se manifiesta en apariciones y visiones extraordinarias, sino también en la vida ordinaria de los santos, que es una de las principales manifestaciones de Dios en la historia.

En comparación con otras épocas, el siglo XX fue parco en santos. Con todo, parece que una carismática figura acumuló en sí gran parte de los dones extraordinarios de los que estuvo desprovista su época. Nos referimos al padre Pío de Pietrelcina. En su persona, lo sobrenatural llegó a centrar la atención de un mundo que todo lo quería explicar por la ciencia y la técnica. Fue el primer sacerdote estigmatizado en la historia de la Iglesia Católica, el primero que tuvo las señales de la Pasión visiblemente impresas en su cuerpo. Del estigmatizado de San Giovanni Rotondo se recogieron más tarde numerosos testimonios de curación, milagros, sorprendentes bilocaciones, profecías y discernimientos de conciencia. Entre tantos, recordamos el caso de la doctora Wanda Półtawska, que atribuyó al padre Pío su milagrosa curación de un tumor. El 17 de noviembre de 1962, el entonces obispo auxiliar de Cracovia Karol Wojtyła escribió al capuchino pidiéndole que rezara por ella. En una segunda carta le dio las gracias y le contó que la señora por la que había rezado había recuperado inesperadamente la salud antes de la operación prevista.

Francesco Forgione nació en Pietrelcina el 25 de mayo de 1887. Ingresó en el noviciado capuchino en enero de 1903 y adoptó el nombre de fray Pío. Hizo sus votos solemnes en 1907, fue ordenado sacerdote en 1910 y llegó a San Giovanni Rotondo en 1916. Allí, el 20 de septiembre de 1918 aparecieron en su cuerpo los estigmas, que durante nada menos que cincuenta años estuvieron abiertos y sangrando. Aparecieron tras una visión en la que se le apareció Cristo crucificado y le dijo: «Te asocio a mi Pasión».

Toda su existencia estuvo marcada por el sufrimiento. Lo ofreció por la salvación de las almas, y lo acompañó de una infatigable actividad en el confesionario y de obras concretas de caridad. La más notoria fue la Casa Sollievo della Sofferenza, el hospital que quiso levantar en San Giovanni Rotondo para aunar la curación del cuerpo y la asistencia espiritual al alma.

El padre Pío padeció físicamente la Pasión de Cristo, pero también sufrió padecimientos espirituales y persecuciones por parte de las propias autoridades eclesiásticas. El fenómeno de los estigmas y la fama de santidad del religioso habían suscitado un movimiento de devoción por toda Italia, generando una afluencia masiva de visitantes a San Giovanni Rotondo. La presencia del padre Pío causaba incomodidad por la relajación moral que reinaba en la diócesis de Manfredonia debida a la conducta inmoral arzobispo Pasquale Gagliardi y algunos de sus colaboradores. Para desembarazarse del molesto capuchino, el arzobispo y dichos sacerdotes lo acusaron de corromper a mujeres y de haberse provocado artificialmente los estigmas.

Uno de los promotores de la campaña contra el P. Pío fue el padre Agostino Gemelli, que en 1923 fue a ver al fraile con la intención de examinar los estigmas. El padre Pío no lo consintió, pues el célebre médico capuchino no llevaba una autorización del Santo Oficio. A pesar de no haberlo examinado, el P. Gemelli envió el mismo día a Roma un informe en el que afirmaba que consideraba los estigmas una manifestación psicosomática de origen histérico.

El Santo Oficio encargó a monseñor Raffaello Carlo Rossi, piadoso carmelita, obispo de Volterra y futuro cardenal, que investigara el caso. Tras una detallada indagación, presentó en enero de 1922 un dossier de 123 páginas compuesto de 27 documentos en los que excluía la tesis del P. Gemelli de que los estigmas eran provocados artificialmente, y declaraba: «No se puede afirmar cuál sea el origen del extraordinario fenómeno que se da en la persona del padre Pío, pero es indudable que no es de origen diabólico ni se trata de un engaño o un fraude […] Ya se verá con el tiempo lo que hoy por hoy no se puede entender de la vida del padre Pío de Pietrelcina», escribía el inquisidor del Santo Oficio.

Mientras tanto, algunos laicos asumieron públicamente la defensa del capuchino. Entre ellos se distinguieron Francesco Morcaldi, alcalde de San Giovanni Rotondo, y el empresario Emanuele Brunatto, que reunió documentos y testimonios para refutar las acusaciones. En junio de 1925 Brunatto viajó a Roma llevando dos voluminosas carpetas. Aconsejado por el P. Luigi Orione, se entrevistó con el cardenal Merry del Val, secretario del Santo Oficio. El purpurado lo escuchó muy atentamente, examinó los documentos que le presentó, y lo tranquilizó con estas palabras: «No se preocupe, Sr. Brunatto. El Santo Oficio no ha condenado al P. Pío. Cuando la Suprema Congregación quiere condenar a un sacerdote, lo que hace es suspenderlo a divinis. Y no olvide que en algún momento de su vida, todos los santos han pasado alguna vez por pruebas, algunas bastante duras».

Una visita apostólica realizada de manera reservada del 26 de marzo al 5 de abril de 1927 obligó a monseñor Gagliardi a dimitir de su cargo de obispo de Manfredonia, pero cuando falleció Merry del Val en mayo de 1931 el Santo Ofició retiró al padre Pío la facultad de confesar y celebrar Misa en público. La restricción duró hasta julio de 1933, pero la controversia no cesó. Entre las más humillantes inspecciones canónicas a las que se sometió al padre Pío en los años sucesivos estuvo la promovida por Juan XXIII, que del 13 de julio al 2 de octubre de 1960 envió como visitador apostólico a San Giovanni Rotondo a monseñor Carlo Maccari. Aquel periodo será recordado como la fase más dura de la persecución que tuvo que padecer el santo de Pietrelcina, hasta que en 1964 Pablo VI le restituyó la plena libertad para el ejercicio de su ministerio.

El padre Pío aceptó las decisiones de sus superiores sin romper con la Iglesia a la que había consagrado la vida. Obedeció incluso cuando ello le costó la separación de los penitentes que acudían a él y las almas a las que orientaba. Siguió reconociendo a la Iglesia como su casa, aun en los años durante los cuales sus representantes le hicieron más pesada la cruz.

De todos modos, dicha actitud no significa que no hubiera lugar para reconocer la realidad. La Providencia llevó hasta él a una muchedumbre de periodistas, historiadores, científicos y simples fieles que lo defendían a capa y espada y contribuyeron a que volviera a imponerse la verdad frente a las injustas acusaciones de que fue objeto.

En 1967 confió a su sobrina Pia Forgione cuánto tiempo le quedaba de vida. La joven puso por escrito la conversación y encomendó el texto a un notario antes del fallecimiento de su tío, que tuvo lugar el 23 de septiembre de 1968. Pío de Pietrelcina fue beatificado en 1999 y canonizado en 2002 por Juan Pablo II. Actualmente es una de las figuras religiosas más populares, amadas y veneradas por el pueblo católico. Su festividad se celebra el 23 de septiembre.

Roberto de Mattei
Roberto de Matteihttp://www.robertodemattei.it/
Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.

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