A vueltas con Amoris laetitiae

El pasado 19 de marzo, Festividad de San José, el Papa León XIV hizo público un Mensaje en ocasión del décimo aniversario del lamentable documento Amoris laetitiae, ratificando de este modo su plena vigencia y proponiéndolo, incluso, como guía para la futura acción pastoral en el ámbito del matrimonio y la familia. No queremos dejar pasar este Mensaje sin detenernos, al menos, en una muy breve reflexión.

Preocupa comprobar que diez años después, a la luz de los graves errores doctrinales y prácticos que trajo aquel malhadado documento, no solo no se aprecia ningún intento de rectificación (a, al menos, un piadoso silencio que lo suma gradualmente en el olvido) sino, por el contario, se lo elogia con hipérboles que suenan a sarcasmo: “luminoso mensaje de esperanza”, un documento por el que “queremos dar gracias al Señor”, “que ofrece una enseñanza valiosa que debemos seguir profundizando”.

Para mayor confusión, el Papa asocia Amoris laetitiae a Familiaris consortio de Juan Pablo II. Las dos Exhortaciones Apostólicas, afirma, “han estimulado el compromiso doctrinal y pastoral de la Iglesia al servicio de los jóvenes, los cónyuges y de las familias”. Pero la más elementar lectura de ambos textos basta para poner en evidencia que se trata de dos documentos que se contradicen entre sí.

Por último, como coronando esta penosa conmemoración, León XIV anuncia que, en octubre de este año, convocará a los Presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo para “proceder a un discernimiento sinodal” (no podía faltar la sinodalidad) sobre cómo evangelizar “a las familias de hoy, a la luz de Amoris laetitiae”. ¡Evangelizar a la luz de un documento que niega expresamente las enseñanzas del Evangelio!

Un detalle que llama la atención en este breve Mensaje, es que el Papa no hace la menor mención al controvertido capítulo VIII de Amoris laetitiae; sin embargo, es este capítulo el que desató en su momento las mayores polémicas y controversias. Es evidente que León XIV trata de eludir toda confrontación, fiel a su estilo de “desarmar las palabras”. Pero, si bien es cierto que hay muchas palabras que requieren ser desarmadas puesto que están cargadas de contenidos letales, no es menos cierto que en ocasiones, y esta es una de ellas, se hace preciso, siguiendo a San Pablo, empuñar la espada del espíritu que es la Palabra de Dios (Efesios, 6, 17).  

Para quienes firmamos la Correctio filialis dirigida al papa Francisco, el 24 de septiembre de 2017, en ocasión de las herejías que se propagaban (y se propagan) a partir de Amoris Laetitiae, este Mensaje del Papa León XIV es una nueva decepción (aunque, en verdad, no abrigábamos demasiadas expectativas respecto de un cambio de rumbo). Pero más allá y por encima del inevitable dolor personal (muchos de los que firmaron la Correctio filialis sufrieron persecución y distintas consecuencias en sus trabajos) lo más grave, sin duda, es el daño que se sigue infringiendo a la fe y a la moral de la Iglesia, con la consiguiente confusión de los fieles y el gravísimo peligro para la salvación de las almas.

Amoris laetitiae es una impiadosa ruptura con la moral, no solo la moral cristiana sino aún la moral natural; una verdadera subversión de todo lo que la Iglesia ha enseñado siempre y que, además, deriva directamente del Evangelio. Los graves errores de este documento han sido abundantemente señalados por numerosos autores; mucho se ha escrito al respecto. No queda nada nuevo por decir: basta remitirse a la extensa bibliografía existente.

La realidad que se reitera es la misma de siempre: la grave crisis de la Iglesia. Se trata de una crisis de fe, en cierto modo inédita, difícil de comparar con cuantas la Iglesia ha experimentado en el pasado. No entraremos en este tema que dejamos a los historiadores. Pero si, como observaba San Pío X en su tiempo, la herejía modernista estaba en las venas de la Iglesia, es incontrastable que hoy está no ya en las venas sino en la misma cabeza visible.

Frente a esto, ¿qué hacer? En primer lugar, estar en gracia de Dios y hacer penitencia. En medio de la tempestad permanecer fieles a Cristo, a la Iglesia de siempre, al magisterio de siempre, a la liturgia de siempre, a la moral de siempre. Tenemos de nuestro lado los santos, los doctores, los mártires…

Quizás sea oportuno que, superarando toda frustración y dolor, nos dispongamos a elevar al Papa León XIV una nueva Correctio filialis.

Y seguir esperando contra toda esperanza.

Mario Caponnetto
Mario Caponnettohttp://mariocaponnetto.blogstop.com.ar/
Nació en Buenos Aires el 31 de Julio de 1939. Médico por la Universidad de Buenos Aires. Médico cardiólogo por la misma Universidad. Realizó estudios de Filosofía en la Cátedra Privada del Dr. Jordán B. Genta. Ha publicado varios libros y trabajos sobre Ética y Antropología y varias traducciones de obras de Santo Tomás.

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