Recientemente Televisión Nacional de Chile emitió el capítulo 26 de su programa «El informante», dirigido por el periodista Juan Manuel Astorga, homosexual declarado[1], en el que éste abordó el tema «¿Qué le pasó a la Iglesia Católica?»; el panel de invitados estuvo constituido por el señor obispo auxiliar de la Archidiócesis de Santiago de Chile Monseñor Fernando Ramos, el sociólogo Eugenio Tironi, el sacerdote Fernando Montes S.J., y la religiosa Eugenia Valdés, estos tres últimos, destacados exponentes de un mal llamado «catolicismo social» chileno.

En días precedentes se habían hecho públicos correos electrónicos privados intercambiados entre los cardenales Francisco Javier Errázuriz (ex arzobispo de Santiago de Chile y miembro del Consejo de Cardenales de Francisco), y Ricardo Ezzati, actual arzobispo de Santiago de Chile, en los que ambos purpurados expresaron opiniones frente al nombramiento de un futuro capellán de La Moneda [el sacerdote jesuita Felipe Berríos, que defiende la despenalización del aborto y temas morales anejos], como también respecto de la posibilidad de que uno de los demandantes por el caso Karadima, el laico Juan Carlos Cruz, fuera integrante de una comisión pontificia para la protección de menores. Los escritos electrónicos filtrados fueron cursados antes del presente año.

Al hacerse públicas las epístolas electrónicas, una ola de críticas se desató en contra de ambos cardenales tanto de parte de «teólogos», como de la denominada «clase política» chilena, que pidieron la renuncia del arzobispo Ezzati y su «exclusión» de una celebración sui generis denominada «Te Deum ecuménico» en la fiesta nacional de Chile el pasado 18 de septiembre, argumentando que «habían vulnerado la participación de los fieles al interior de la Iglesia».

Como es ya habitual en los programas de las estaciones televisivas liberales y socialistas, y de los lobbies, el periodista acribilló al obispo Ramos, con los habituales temas dirigidos.

«La estrategia de esta embestida de amoralidad, consiste en utilizar el binomio “miedo y simpatía”. Se utiliza el descrédito de la Iglesia, se la devalúa, se la sataniza, y, al final se la arrincona a las sacristías, para en definitiva sacarla de cualquier influencia social. Es decir “Debilitar la oposición religiosa enturbiando las aguas. Divide y reinarás.» Lanzando «a las corrientes liberales y moderadas contra las conservadoras», «en un esfuerzo por hacerse aceptar», centrando «a menudo la discusión en la “compasión”. Así, cualquier persona que favorece la agenda homosexual demuestra compasión, mientras que quienes se oponen no demuestran ninguna».[2]

Hoy como en la Iglesia naciente, se busca expulsar del mundo la Verdad de la Fe, y no faltan tampoco «quienes elaboran algunos trucos de moral que hagan posible pecar con buena conciencia».

Don Plinio Correa de Oliveira, lo advertía magistralmente, distinguiendo en esa Revolución tres profundidades, que cronológicamente hasta cierto punto se interpenetran.

La primera, es decir, la más profunda, consiste en una crisis de las tendencias. Estas tendencias desordenadas por su propia naturaleza luchan por realizarse, no conformándose ya con todo un orden de cosas que les es contrario comienzan por modificar las mentalidades, los modos de ser, las expresiones artísticas y las costumbres, sin tocar al principio de modo directo las ideas, para pasar en una segunda etapa al terreno ideológico. Transformación de las ideas que en su tercera etapa extiende al terreno de los hechos, donde pasa a operar, por medios cruentos o incruentos, la transformación de las instituciones, de las leyes y de las costumbres, tanto en la esfera religiosa cuanto en la sociedad temporal.[3]

Retornando a las propuestas del programa chileno «El informante», los panelistas en cuestión retomaron las pretensiones de la Revolución exigiendo «una conversión de la Iglesia», conversión a la que el sociólogo Tironi le otorga un sentido completamente distinto.

Recorramos las palabras más candentes de los profetas, y observaremos que su importante función consistió en denunciar los extravíos de su pueblo señalando al mismo tiempo los senderos de la salvación.

Jesús sembró para todos, pero no todos admitieron su semilla, invitaba al Reino, pero mediante una necesaria conversión o purificación, ya que el acceso al Reino de los Cielos, se abría mediante la aceptación de Jesús y su palabra, pero no todos la aceptaron, su exigencia era grande y no todos estaban dispuestos a enfrentarse con ella, ésta y no otra es la razón y el modo en que el tema del juicio se hace presente en la palabra de Jesús, fue la reacción negativa ante Jesús lo que convirtió la promesa en amenaza.

Jesús requería un cambio radical en la conducta, y no todos estaban dispuestos a entrar en ese cambio desgarrador. Este hecho que es en sí duro, calificó la misión de Jesús, de este modo vino a traer división, o a traer la espada. Los que le habían rechazado a Él, serían ellos mismos rechazados, y otros ocuparían su lugar, con Jesús llegó el momento de la verdad. Si no os arrepentís, todos pereceréis (Lc 13, 3).

Los actos salvadores al ser rechazados se convierten en sentencia de muerte. Jesús habla del día de Juicio, como del día en que se hace pálido y se ejecuta un veredicto que los hombres emitieron contra ellos mismos: aquel que se avergüenza de mí y de mis palabras, ante esta raza adúltera y pecadora verá al Hijo del Hombre avergonzarse de él cuando venga revestido de la gloria de su Padre con los santos ángeles (Mc 8, 38).

La Palabra de Jesús se convierte en promesa y amenaza. Promesa para los discípulos que componían su séquito y para los pecadores que hallaban en Él un manantial de esperanza y amenaza pare la élite de la nación, para los miembros del sanedrín, los clérigos del tiempo, los movimientos de fariseos y saduceos, pero sobre todo los escribas. Jesús no alejaba a nadie de sí y de su salvación, eran los hombres mismos quienes al no escucharle se precipitaban al abismo de la condenación.

Empero, el sociólogo Tironi pretende una conversión de la Iglesia al mundo, una mundanización a ese ambiente malsano y pecaminoso que se respira entre las gentes que viven completamente olvidadas de Dios y no piensan sino en divertirse y entregarse a toda clase de placeres lícitos e ilícitos. El ambiente de frivolidad y de pecado que forman esas personas es lo que constituye el mundo en cuanto enemigo de nuestra alma.[4]

A los discípulos de Nuestro Señor Jesucristo, San Pablo nos invita a ofrecer el verdadero culto que es espiritual y transformar nuestra mente no acomodándonos al siglo.[5] Esa es la conversión cristiana, no la que exigen los lobbies anti-Evangelio.

Germán Mazuelo-Leytón

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[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Manuel_Astorga

[2] Cf.: ACCION FAMILIA, En defensa de una Ley Superior.

[3] CORREA DE OLIVEIRA, PLINIO, Revolución y Contra Revolución.

[4] ROYO MARÍN, Teología moral para seglares, I.

[5] Romanos, 12, 1-2.

Germán Mazuelo-Leytón
Es conocido por su defensa enérgica de los valores católicos e incansable actividad de servicio. Ha sido desde los 9 años miembro de la Legión de María, movimiento que en 1981 lo nombró «Extensionista» en Bolivia, y posteriormente «Enviado» a Chile. Ha sido también catequista de Comunión y Confirmación y profesor de Religión y Moral. Desde 1994 es Pionero de Abstinencia Total, Director Nacional en Bolivia de esa asociación eclesial, actualmente delegado de Central y Sud América ante el Consejo Central Pionero. Difunde la consagración a Jesús por las manos de María de Montfort, y otros apostolados afines