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Corruptio Optimi Pessima

El Hospital Materno-infantil de San Juan de Dios de Esplugues (prolongación de la Barcelona más señorial) se ha convertido en hospital de referencia de las prácticas más contrarias a lo que fue su espíritu fundacional. Otro tanto ocurre en Manresa. El Hospital de Referencia de Salud Sexual y Reproductiva y para la Información para la Interrupción Voluntaria del Embarazo en Manresa y en Barcelona, es el de San Juan de Dios. En estos centros de la Orden Hospitalaria, se hace verdad una vez más la sentencia latina del título: la corrupción de lo óptimo es pésima.[1]

En efecto, los Hermanos de San Juan de Dios han estado rodeados de un halo de bondad, de generosidad, de heroísmo, de imitación de Cristo y del fundador de la orden. Han sido durante estos últimos siglos el más perfecto referente de la obra hospitalaria de la Iglesia, encaminada a socorrer a los pobres y necesitados. Fue justamente la fuerza de arrastre de estas virtudes, la que movió la generosidad de los donantes que permitieron la construcción de esos grandes hospitales.

Tal como rezan los estatutos de la orden, los Hermanos de San Juan de Dios “formamos un cuerpo comprometido en el servicio a la persona que sufre. Y nuestros ideales nos comprometen a velar para que se respeten siempre los derechos de la personaa nacer, a vivir decorosamente, a ser curada de su enfermedad y a morir con dignidad. Nos comprometemos decididamente en la defensa  y promoción de la vida humana. Respetamos la libertad de conciencia de las personas a las que asistimos y de nuestros colaboradores; pero exigimos que se acepte y se respete la identidad de nuestros centros hospitalarios.

La proclama no podía ser más bella: defensa y promoción de la vida humana  que se concreta en el derecho de la persona a nacer y a morir con dignidad… Y una valiente declaración de firme defensa de la identidad religiosa de sus centros: “exigimos que se acepte y se respete la identidad de nuestros centros hospitalarios.”

¿Y cuál es esa identidad de sus hospitales para la que piden respeto? ¿Haberse puesto a la cabeza de la investigación con embriones humanos, que mantienen congelados para “usarlos” como mejor crean?[2] ¿Apuntarse al bebé medicamento? ¿Ser hospitales de referencia para toda clase de abortos, con especial renombre en los eugenésicos? ¿Es ése el precio que han pagado por estar en el ranking de los hospitales más prestigiosos de Europa? ¿De qué identidad están hablando? ¿De la que les da el tener albergado en su hospital de Esplugues el Instituto Borja de Bioética, abortista y eutanásico con matices, frontalmente enfrentado por tanto al magisterio de la Iglesia?

abortos san juan

Es que, aunque por las preguntas arriba volcadas no lo parezca, la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios está dentro de la Iglesia católica; por eso se entiende  que los miembros de la orden son obviamente católicos, y sus centros hospitalarios se denominan con toda  propiedad “hospitales católicos”. Hospitales que obviamente tendrían que mantenerse fielmente en el ideario de la orden, que de ningún modo puede cuestionar la doctrina de la Iglesia.

Siendo tan flagrante la contradicción entre lo que entendemos todos por hospital de la Iglesia, católico por tanto, y lo que realmente es el Hospital de San Juan de Dios, cabe preguntarse: ¿qué hace en semejante hospital la Iglesia, representada por los hermanos de San Juan de Dios? ¿No sería más decente y coherente que esos Hermanos se constituyesen en simple sociedad mercantil explotadora del hospital, totalmente al margen de la Iglesia? Porque es evidente que lo único que cosecha la Iglesia de semejantes hospitales es descrédito, acusación de incoherencia e ignominia.

El Regió7.cat publicaba: “El Hospital de Referencia en Manresa, -para la Salud Sexual y Reproductiva y para la Información de la Interrupción voluntaria del Embarazo– es el de San Juan de Dios y los casos de aborto son derivados al hospital de la Vall d’Hebron. Los servicios de urgencia sí que facilitan la píldora del día después, que se considera que no es un método abortivo, aunque los adversarios de la legalización del aborto consideran su efecto equivalente a un aborto inducido.” [3]

El hecho de que el Hospital de San Juan de Dios de Esplugues dispense también la píldora “del día después”, considerándola como un placebo anticonceptivo porque impedir la implantación del embrión no lo consideran aborto, indica el descaro de aquellos que cuelan la mosca y se tragan el camello.  (Escola de Pares – minuto 12:10, Anticoncepción de urgencia 34:50)[4]

Y si la difusión del aborto, la eutanasia, la experimentación genética y la fecundación artificial han adquirido el carácter de unas estructuras de pecado que generan una cultura contraria a la solidaridad, que se configura como verdadera cultura de muerte (cf. Evangelium Vitae, 12), el Hospital de San Juan de Dios de Esplugues, diócesis de Sant Feliu cuyo obispo -D. Agustín Cortés- prefiere mirar hacia otro lado, forma parte ya de esa estructura cuyos ejecutores se conjuran contra el derecho de nacer de los más indefensos y del de vivir de los más enfermos.[5]

El hecho de que el aborto –“si estás de pocas semanas”- se ofrezca con absoluta normalidad en el Hospital de San Juan de Dios de Esplugues no por un médico aislado, sino en el departamento de admisiones del hospital, significa que el crimen más abominable (cf. Gaudium et Spes, 51) se ha instalado en la estructura y en el engranaje del centro.[6]  El mismo Dr. Lailla, jefe de Ginecología, afirmaba con toda desfachatez que “el aborto debe ser el mal menor si se cumple el fomento de la formación y de la educación de la salud sexual y reproductiva, siempre que la paciente reciba la información necesaria y asequible.”[7]

En octubre de 1943, siendo el Yom Kippur, la más sagrada de las festividades judías, el Dr. Josef Mengele, SS Hauptsturmführer en Auswitch-Birkenau, se dirigió en su motocicleta a un campo de fútbol que, en aquel momento, albergaba a dos mil niños judíos varones. De pronto, Mengele subió a un estrado y contempló a su congregación. Preguntó a un muchachito de catorce años qué edad tenía. Aquel niño apenas formado, pero versado en las costumbres del campamento, contestó que tenía dieciocho. Mengele, enfurecido, gritó: ¡Ya te voy a enseñar! Ordenó a uno de los guardias que buscara martillo, clavos y un trozo de madera. Luego le indicó al soldado que clavara la madera a cierta altura sobre uno de los postes de la portería. ¡Pasen por ahí abajo!, ordenó Mengele a los niños. Ellos comprendieron de inmediato: aquel cuya cabeza no llegara a la marca sería seleccionado. Algunos niños, frenéticos, se llenaron los zapatos de piedras para agregarse altura. Otros, asustados, vagaban en derredor, mientras Mengele aullaba sus órdenes. Cerca de un millar no alcanzaron la norma impuesta por Mengele. Se produjo un salvaje forcejeo cuando los soldados de las SS, acompañados por perros, reunieron a los petrificados niños. Mengele se reía, gozando de la escena. Su hilaridad parecía aumentar con los gritos de los niños que clamaban por sus madres. En aquella masacre del Yom Kippur, mil niños fueron seleccionados y pasados por la cámara de gas. La selección que Mengele hizo en el Yom Kippur no fue caprichosa. Conocía la religión de sus cautivos. Sabía que, en el Día del Perdón, los judíos recitan una plegaria que habla de un rebaño que pasa bajo la vara del pastor, el Señor, que decide quién ha de vivir. Yom Kippur proporcionó a Mengele la ocasión de demostrar a los internos de Auschwitz que él era su pastor, su señor, el que controlaba la vara.

En el caso que nos ocupa, la actitud no es ya la del colaboracionista que, por fatalismo o admiración, por cobardía o miedo, se deja aplastar por la coacción de otros. Aquí han cambiado las tornas. Los que deberían ser los guardianes de la vida del ser humano más débil e inocente, del no nacido, han tomado ahora en sus manos la vara de aquel pseudomédico que, poniéndose un día en el lugar de Dios, decidió sobre la vida o la muerte de los que tenía en sus manos. El impecable uniforme gris, con escarapela de oro y lustrosas botas altas, que lucía con tanto porte el SS Hauptsturmführer Mengele continúa mostrándose, si no en las palabras, sí en las obras de aquellos que, abandonando los más altos ideales evangélicos, se han vendido a un mundo que los ama como cosa suya (Jn 15,19). Porque ciertamente, corruptio optimi pessima.

Padre Custodio Ballester Bielsa

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[1] ivecentres2010.pdf

[2] 36011030

[3] lorde-sant-joan-deu-defensa-que-als-hospitals-no-savorta/154682.html

[4] https://www.youtube.com/watch?v=Hm3khAh_rdY

[5] denuncian-promocion-de-eutanasia-en-hospital-de-ninos-de-barcelona

[6] abcp-atenderemos-viene-volante-20111125.html

[7] la-ley-del-aborto-debe-tener-menos-componente-ideologico-y-mas-presencia-de-la-ciencia




Padre Custodio Ballester
Padre Custodio Ballesterhttp://www.sacerdotesporlavida.es/
Licenciado en Teología Fundamental-Apologética. Delegado de Sacerdotes por la Vida en España.

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