Quizá los historiadores del mañana recordarán que en 2014, en la plaza de San Pedro, se bailaba el tango mientras los cristianos eran masacrados en Oriente y la Iglesia estaba al borde de un cisma. Esta atmósfera de ligereza e inconsciencia no es nueva en la historia. Recuerda Salviano de Marsella que, en Cartago, se bailaba y se banqueteaba en vísperas de la invasión de la Vándalos y, en San Petersburgo, según el testimonio del periodista americano John Reed, mientras los bolcheviques conquistaban el poder, los teatros y restaurantes continuaban abarrotados de gente. Como dice la Escritura, el Señor ciega a los que quiere perder (Jn 12, 37-41).

Sin embargo, el principal drama de nuestro tiempo no es la agresión que viene desde el exterior, sino aquel misterioso proceso de autodemolición de la Iglesia que está llegando a sus últimas consecuencias, después de haber sido denunciado por Pablo VI en el famoso discurso en el Seminario Lombardo del 7 de diciembre de 1968. La autodestrucción no es un proceso fisiológico. Es un mal que tiene unos responsables. Y los responsables, en este caso, son aquellos hombres de la Iglesia que sueñan con sustituir el Cuerpo Místico de Cristo con un nuevo organismo, sujeto a una perpetua evolución sin verdad y sin dogmas.

Un impresionante cuadro de la situación es el que han facilitado, a finales de 2014, dos informes sobre la Iglesia publicados, respectivamente, por el diario francés “Le Figaro” y el diario italiano “La Repubblica”.

Le Figaro”, un periódico de centroderecha famoso por su moderación, ha dedicado su suplemento de diciembre, “Figaro Magazine”, a la Guerre secrète au Vatican. Comment le pape François bouleverse l’Eglise: 11 páginas firmada por Jean-Marie Guénois, considerado uno de los vaticanistas más serios y competentes.

Algo parece volcarse en la Iglesia después del Sínodo sobre la familia del otoño de 2014 —escribe Guénois — y la acumulación de indicios autoriza a poner este interrogante: ¿se arriesga la Iglesia a enfrentarse a una tempestad a finales de 2015, tras la segunda sesión del Sínodo sobre la familia? Guénois revela la existencia de una “guerra secreta” entre cardenales que no tiene como objetivo la conquista del poder. Lo que se está librando es una batalla de ideas que tiene como principal objetivo la doctrina de la Iglesia sobre la familia y el matrimonio. El Papa Francisco es acusado desde dentro de la Iglesia de una gestión autocrática del poder que el periodista francés resume en la fórmula: “Quand il tranche, le Pape ne met pas de gants (“Cuando el Papa decide, no utiliza guantes”). Pero, el verdadero problema es su visión eclesial, inspirada en y aconsejada por las corrientes más progresistas del Vaticano. Según Guénois, son tres los teólogos que están definiendo los nuevos objetivos: el Cardenal alemán Walter Kasper, el Obispo italiano Bruno Forte y el Arzobispo argentino Víctor Manuel Fernández. “¡Es éste el trío que ha prendido fuego a las pólvoras en ocasión del Sínodo sobre la familia!” Dicho sea de paso, Kasper es la cabeza de ariete utilizada para la admisión a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar. Forte es el fautor de la legalización de la homosexualidad y Fernández es el exponente más destacado de la teología peronista del pueblo.

Guénois entrevistó entonces sobre el Sínodo al Cardenal Burke, el cual, como es su costumbre, se expresó con claridad cristalina: “El sínodo ha supuesto una experiencia difícil. Ha habido una línea, podríamos decir la del cardenal Kasper, detrás de la que se han alineado los que tenían a su cargo la dirección del Sínodo. ¡De hecho, el documento intermedio parecía haber sido escrito ya antes de las intervenciones de los padres sinodales! Siguiendo además una línea única, a favor de la exposición del cardenal Kasper… (…)Esto fue, por tanto, muy desconcertante. Lo mismo que el hecho de haber mantenido, en la relación final, párrafos sobre la homosexualidad y sobre los divorciados vueltos a casar que no habían sido aprobados por la mayoría de obispos requerida. Igualmente se ha introducido la cuestión de la homosexualidad, que no tiene nada que ver con la cuestión del matrimonio, buscando en ello elementos positivos. (…) Estoy pues muy preocupado —añadió el Card. Burke— y aliento a los católicos, a los laicos, a los sacerdotes y a los obispos, a implicarse, desde ahora hasta la próxima asamblea sinodal, a fin de traer la luz acerca de la verdad del matrimonio.”

Que las preocupaciones del Cardenal Burke sean justificadas lo demuestra el suplemento mensual “Il Venerdì di Repubblica” del 27 de diciembre de 2014 enteramente dedicado a un Reportaje sobre la Iglesia: 98 páginas con 20 artículos, en los que se describe “la nueva era de Francisco, entre adversarios, santos, perseguidos y pecadores”.

El campeón del periódico “La Repubblica” es el Cardenal Reinhard Marx, Arzobispo de Múnich y Frisinga, que confirma su apertura hacia los divorciados vueltos a casar y a las parejas homosexuales, niega la decadencia de Occidente y afirma que “la así llamada secularización es un desarrollo necesario de la libertad”. Y una sociedad libre es un progreso, según el verdadero punto de vista del Evangelio. Explica que Francisco “quiere conducir a la Iglesia a la fuerza originaria de su testimonio. Tiene una visión clara de lo que quiere, pero no sigue un plan fijo, personal o preestablecido, ni un programa de gobierno. Lanza señales y da ejemplos, como hizo en el Sínodo dedicado al matrimonio y a la familia”.

En el ámbito de ese mismo reportaje, Marco Ansaldo, en una entrevista titulada Franzoni, la revancha del ex-abad rojo, concede amplio espacio a Giovanni Franzoni, ex-abad de la Basílica de San Pablo Extramuros, subrayando cómo las posiciones por las cuales fue condenado ahora están muy cercanas a las del Vaticano. Franzoni fue destituido de su estado clerical por su sí a las leyes del divorcio y del aborto, y por sus declaraciones de voto a favor del partido comunista. Casado con una periodista atea japonesa, hoy no reniega de sus ideas y afirma haber “descubierto la sexualidad como enriquecimiento total y no como privación de energías que podrían dedicarse al Señor”.

Según algunas indiscreciones, el Papa Francisco tendría intención de admitir al sacerdocio a algunos laicos casados (los así llamados viri probati) y de reintegrar a la administración de los sacramentos a sacerdotes ya casados, reducidos al estado laical, como el caso del mismo Franzoni o del ex-franciscano y teólogo no-global Leonardo Boff, que actualmente vive en Brasil con una compañera. El 17 de diciembre, Boff, que ha pasado de la teología de la liberación a la eco-teología, ha confirmado a la Ansa haber enviado al Papa, tras su petición, materiales para su próxima encíclica, y el 28 de diciembre, polemizando con Vittorio Messori, ha expresado en Noi siamo chiesa su Apoyo a Papa Francisco contra un escritor nostálgico, con estas palabras: “Es sumamente importante una Iglesia abierta como la quiere Francisco de Roma. Es necesario que esté abierta a las irrupciones del Espíritu llamado por algunos teólogos ‘la fantasía de Dios’, por su creatividad y novedad, en la sociedad, en el mundo, en la historia de los pueblos, en los individuos, en las Iglesias y también en la Iglesia Católica. Sin Espíritu Santo la Iglesia se convierte en una institución pesada, aburrida, sin creatividad y, llegados a un cierto punto, no tiene nada que decir al mundo que no sean siempre doctrinas sobre doctrinas, sin suscitar esperanza ni alegría de vivir”.

¿Quién puede negar la existencia de una confusión absoluta? El tango bailado en San Pedro el 17 de diciembre de 2014, en ocasión del cumpleaños de Papa Francisco, recuerda otra música: la que se tocaba en el Titanic la noche de la tragedia. Pero entonces la punta del iceberg apareció de repente y los danzantes eran inconscientes del inminente desastre. Hoy el iceberg es visible y hay quien celebra el imposible naufragio de la Barca de Pedro. Sin embargo, muchas personas están alarmadas y tienen la fuerte sensación de que, como ha dicho el Cardenal Burke, la Iglesia sea un barco a la deriva. Nosotros nos contamos entre ellas y por esta razón no hemos saludado el 2015 con bailes y fuegos artificiales, sino con la firme decisión de recoger el llamamiento del mismo Cardenal Burke a combatir, desde hoy hasta el próximo Sínodo, y más allá, para defender la verdad del Evangelio sobre el matrimonio.

Roberto de Mattei

[Traducido con permiso del autor por María Teresa Moretti para Adelante la Fe. Artículo original]

Roberto de Mattei
Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.