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¿Debería algún católico admirar a Lutero?

El bloguero Dr. Christopher Malloy, ha escrito una pieza elocuente sobre el porqué no deberíamos admirar en absoluto a Lutero, al acercarnos al 500 aniversario de su acto inicial de rebelión pública.  Rorate le da las gracias al Dr. Malloy por su autorización para la reproducción de esta oportuna colección de citas aquí.

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Admiramos a quien fundamentalmente merece admiración.  Nadie está exento de faltas, y nadie carece de algún mérito.  Pero sólo son dignos de admiración aquéllos que fundamentalmente los merecen, aquéllos cuya esencia es buena.

Ahora, Lutero ciertamente observó algunas cosas malas en la Iglesia, que estaban mal. Nadie puede decir que su visión estaba totalmente equivocada.  ¿Pero era su visión digna de admirarse?  Debemos, por supuesto, hacer una distinción entre los luteranos contemporáneos y Lutero.  Aquí nos interesa el fundador, y las bases que estableció.

¿Cuál debería ser el tema sobre el cual juzgaremos este caso?  Los propios textos de Lutero, por supuesto.

Así que, en esta publicación, citaremos a Lutero extensamente en una de sus contribuciones clave.  Cierto es, que esta contribución clave no la siguió desarrollando más explícitamente.  Sin embargo, jamás se retractó de ella.  Podemos exponer las tesis que sí continuó sosteniendo explícitamente, en otra publicación.

Al leer lo siguiente, hágase usted mismo las siguiente preguntas:  ¿Podría un santo pronunciar las siguientes palabras?  ¿Podría un hombre santo escribir lo siguiente?  ¿Podría un verdadero amante de Dios, alguien en estado de gracia, escribir lo siguiente?

Primera Tesis de Lutero.  Para Lutero, la Presciencia Divina significa que no hay Accidentes, y eso significa que no hay Libertad.  Esta tesis la establece, y así lo afirma, para proteger  la presciencia de Dios así como para proteger su promesa y proteger nuestra confianza en la salvación solamente a través de la fe.  Ciertamente, aquí vemos  la conexión entre este fundamento y las enseñanzas explícitas de él que perduran, y que serán abordadas en una próxima publicación.  La conexión:   si los eventos futuros son accidentales, la promesa de Dios no es tan confiable como necesitamos que lo sea.  Por lo tanto, los eventos futuros no son accidentales.

Para Lutero, o bien hay gracia o hay libertad (Martín Lutero, La Esclavitud de la Libertad, de las Obras de Lutero vol. 33, p. 126; de aquí en adelante, OL 33:126). O hay Libertad o Cristo (LW 33:279).

(Respecto al Faraón), Lutero escribe: “Si hubiera habido algo de flexibilidad o libre albedrío en el Faraón, que pudiera haber sido de una u otra manera, ciertamente Dios no hubiera sido capaz de predecir su endurecimiento.  A pesar de que, el Dador de la promesa es alguien que no puede equivocarse ni puede decir una mentira, estaba necesaria e inevitablemente destinado a suceder, que el Faraón debía endurecerse; lo cual no sería el caso a menos que el endurecimiento estuviera más allá de la capacidad del hombre y sólo al alcance del Poder de Dios.” (OL 33:183).

De nuevo,

Si Dios previó que Judas fuera un traidor, Judas inevitablemente se convirtió en uno, y no estaba en poder de Judas o en el de ninguna otra criatura para que fuera de otra manera o para cambiar su voluntad, sin embargo él hizo lo que hizo voluntariamente y no bajo coacción, pero ese acto de voluntad fue una obra de Dios, la cual Él puso en marcha a través de su omnipotencia, como todo lo demás” (OL 33:185).

De nuevo,

No está en nuestro poder el cambiar, mucho menos el de resistir su voluntad, la cual nos quiere endurecidos y por la cual estamos obligados a serlo, nos guste o no” (OL 33:187).

De nuevo,

 “Admito que la cuestión es difícil, y ciertamente imposible, si lo que se desea es mantener al mismo tiempo la previsión de Dios y el libre albedrío del hombre. ¿Qué podría ser más difícil, es más imposible, que insistir en que contradictorias o contrarias no significan  opuestas, o encontrar un número que sea al mismo tiempo 10 y 9?…. Pablo está poniendo de esta manera un control sobre los impíos, que se sienten ofendidos por estas sencillas palabras cuando ellos la entienden como que la voluntad divina se cumple a través de nuestra necesidad, y que definitivamente nada de la libertad o el libre albedrío permanece para ellos, sino que todo depende sólo de la voluntad de Dios…. No es que se nos haya hecho, alguna injusticia, porque Dios no nos debe nada, ni ha recibido nada de nuestra parte, y tampoco nos ha prometido nada más que lo que le conviene a su voluntad y placer” (OL 33:188).

De nuevo,

La presciencia y omnipotencia de Dios son diametralmente opuestos a nuestro libre albedrío” (OL 33:189).

De nuevo,

Entonces, en este caso, es algo fundamentalmente necesario y saludable para un cristiano, saber que Dios no prevé nada accidentalmente, sino que Él prevé, propone y hace todas las cosas por su inmutable, eterna e infalible voluntad. He aquí un rayo que debilita y destroza al libre albedrío por completo…”

Lutero presenta como evidencia el hecho de que Dios es inmutable.  Así que concluye, que es la voluntad de Dios.  Hasta ahora, todo bien.  Pero de ello él deduce que por lo tanto, nada es accidental. Nuevamente,

                   “De esto se concluye irrefutablemente que todo lo que hacemos, todo lo que sucede aún cuando nos parezca que sucede de manera cambiante y accidental, de hecho sucede, no obstante, necesaria e inmutablemente, si se tiene respeto por la voluntad de Dios” (Esclavitud [OL 33:37f]).

¿Qué han opinado los santos acerca de estas tesis? Bueno, Sto. Tomás Moro etiquetó las tesis de Lutero con absoluta determinación, de ser:

“LA PEOR HEREJÍA Y LA MÁS DAÑINA QUE SE HA PENSADO JAMÁS; Y ENCIMA DE ESO, LA MÁS DEMENTE.”

AMÉN Sto. Tomás Moro. ¿Cómo podemos contradecir a Sto. Tomás Moro? ¿Debemos, fuera de todo respeto humano y de versiones vagas de ecumenismo, perder a nuestros líderes teológicos, no en servicio del martirio, sino más bien en la alabanza de tal doctrina abominable?

Continuemos con las citas.

Para Lutero, la tesis del determinismo absoluto es necesaria para proteger la Certeza de la Fe.  Ninguna fe es posible a menos que uno “sepa” de antemano que al disponer Dios de todas las cosas, nada es por accidente (OL 33:42).

“Porque si usted duda o rechaza saber que Dios prevé todas las cosas, no accidentalmente, sino necesaria e inmutablemente, ¿Cómo puede usted creer en sus promesas y depositar su fe y confianza seguras en ellas? Porque cuando Él promete algo, debes estar seguro de que Él lo sepa y que sea capaz y esté dispuesto a realizar lo que promete; de otra forma, no lo considerarás ni sincero ni fiel, y eso es profano y una negación de Dios Altísimo. ¿Pero cómo estar convencido y seguro a menos que sepas que Él sabe y dispone y hará lo que promete, cierta, infalible, inmutable y necesariamente?” (Martín Lutero, La Esclavitud de la Voluntad, OL 33:42)

Ahora bien, este razonamiento para la humildad es falso, porque contradice el dogma católico.  Sin embargo San Bernardo dice que dar falsas razones por humildad es en realidad orgullo.  Por lo tanto, Lutero también adopta uno de los niveles de orgullo, al sostener que esta  tesis beneficia a la humildad.

Lutero reconoce que la noción del determinismo absoluto parece transformar completamente a Dios en malvado y perverso.  En cambio, en lugar de rechazarla como blasfema y fideísta, la acepta con el fin de enaltecer la Fe y la Revelación, ya que es contraria a todo razonamiento:

“Este es el grado más alto de la fe, creerlo misericordioso cuando salva a tan pocos y condena a tantos, y creerlo justo cuando por su propia voluntad Él nos crea necesariamente condenables, de manera que parece, según Erasmo, deleitarse en los tormentos de los desdichados, y ser más digno de odio que de amor” (OL 33:62f).

Las propias palabras de Lutero son la prueba.  Éste es el testimonio de sus propios labios.  Que el lector honesto y decente juzgue el caso.

Ante el juicio de cada persona racional y decente, ¿no se condena Lutero a sí mismo de completa inhumanidad?

Ante el juicio de todo lo que es razonable en la exhortación moral – desde el punto de vista paterno, educativo, civil y criminal, ¿No se condena él mismo de un crimen contra toda ley? ¿Es por lo tanto, un anarquista?

Ante el juicio del dogma católico, criterio supremo sobre la tierra de lo que sabemos que es y no es parte de, y/o en armonía con el Depósito de la Fe, ¿no se condena a sí mismo de herejía?

Ante el Dios a quien todos debemos honrar, a quien debemos atribuir sólo aquello que es bueno, verdadero y adecuado, ¿no se condena a sí mismo de grandes blasfemias, aún más grandes que las de los Gnóstico que fueron los primeros en intentar arruinar a la Iglesia?  Porque los gnósticos distinguen dos dioses, uno bueno y uno malo. ¿Acaso Lutero no le agrega maldad al restar del número de dioses, congregando esa maldad, a la cual toda razón y fe correcta y la decencia común, declaran como aberrante, en el único Dios?

Acaso, ¿NO TODAS LAS IDEAS MODERNAS – las cuales, por cierto, no están del todo corruptas, aunque por lo general no son amigas de Cristo – RECHAZAN ESE PENSAMIENTO TAN VIL?  Si nosotros, entonces, aceptamos lo que es bueno y decente en la modernidad – al rebelarse en contra del fideísmo y las ideas voluntaristas sobre Dios y las absurdas ideas sobre la justificación y predeterminación divina y la destrucción de toda la legítima autonomía del hombre – ¿no deberíamos rechazar esta teoría fundamental de Lutero?  Finalmente, ¿esta predeterminación hacia el mal, armoniza con la vaga idea sobre la misericordia despojada de justicia, tan popular en estos días?

[Traducción de Vanessa López Iturbe. Artículo original]




RORATE CÆLI
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