Bueno, yo diría “el cura combativo”, el cura que no forma parte del redil, acusado de “hacer política” en la iglesia. ¡Quién lo dijera!, en Cataluña han pillado a un cura que hace política en la iglesia. Por todos los indicios, es el único al que han pillado en este delito. ¡Intolerable! Y por supuesto piden su cabeza. ¡Faltaría más! Y tienen toda la razón, porque las consecuencias de semejante conducta son gravísimas. Resulta que a consecuencia de su activismo político aprovechando su condición de eclesiástico y los medios que pone la Iglesia a su disposición (templo, locales parroquiales, etc.), y de la discriminación de fieles que de ello resulta, está provocando el enfrentamiento de unos ciudadanos contra otros. La acusación es extremadamente grave, puesto que recuerda el fascismo que promoviendo nacionalismos de toda ralea, reventó Europa y causó grandes  males a millones de personas.

Se entiende perfectamente que la gente ya no pueda más y se hayan movilizado contra el ‘cura legionario’ que llaman. La mayoría de sus feligreses, afirman quienes le acusan, prefieren ir a misa a Cornellá y a Esplugas, porque no están dispuestos a soportar que un cura haga política en la iglesia y que consienta que en el mismo templo, en sus locales o en su fachada e incluso en el campanario se exhiban banderas que al no ser compartidas por todos los ciudadanos, puesto que sólo representan a algunos, dividen a la población y generan crispación y enfrentamientos entre ellos.

¡Menos mal que es uno solo!, menos mal que sólo es este cura el que hace política en la iglesia (aunque en quince años sólo le han pillado una vez en una misa para los difuntos de la División Azul y tres veces en la procesión de los veteranos de la Legión Española). ¿No se da cuenta este cura de que sus símbolos y banderas ofenden a muchos? ¿No se da cuenta de los malos recuerdos y de los pésimos presagios y temores que les trae a muchos de sus fieles? Menos mal que él es el único cura que al hacer política en la iglesia y al permitir que se exhiban banderas que no comparten todos los ciudadanos, provoca la irritación de éstos y la división entre los partidarios de unas y otras banderas. Aunque sea un solo cura el que tal hace, el obispo tendría que llamarle al orden. Una cosa así es intolerable.  ¿Qué habrán dicho los Matabosch, los Cabots, los Moretós cuando se hayan enterado de este escándalo? Pobres, se les habrán abierto las carnes de dolor y vergüenza ajena. ¡Qué habrán dicho los monjes de Montserrat, tan cuidadosos en no mezclar la religión con la política, cuando haya llegado esta tropelía a sus oídos!

El Ayuntamiento de Hospitalet y los vecinos se han movilizado y han movido Roma con Santiago con el propósito de forzar al obispo para que expulse a ese cura que usa la iglesia para hacer política. Que lo expulse de la diócesis, y si puede ser, hasta de Cataluña. ¡Usar la iglesia para hacer política! ¿Cuándo se ha visto esto en Cataluña? Es intolerable que ocurra esto en un país de acogida donde el poder se desvive porque todos se sientan como en su casa, unidos todos bajo una misma bandera. Esto redunda en desdoro de la buena fama del país. La Iglesia, totalmente neutral en estas cosas, no consiente que los curas en sus sermones, en sus iglesias, en sus locales, en sus fachadas, en sus campanarios, exhiban banderas que puedan dividir al pueblo. Pueden permitírselo los políticos, que es su oficio, que los partidos van a partes. ¡Pero jamás la Iglesia! Si tal cosa ocurre, es contra los principios de igualdad y de unidad que defiende la Iglesia.

Por eso se han movilizado el ayuntamiento y el vecindario para expulsar del municipio al cura que aprovecha su condición de cura para hacer política. Un castigo justo y una medida necesaria, para que de ese modo queden avisados todos los demás curas de que la iglesia es para rendir culto a Dios, no a las banderas y banderías políticas.

Pero no es eso sólo: este cura, según informan los enemigos de que los curas se metan en política, “tiene un discurso antiabortista incendiario”. (Claro que esto lo saben de oídas, porque nunca lo han oído de su boca). Y lo más grave es que ese discurso, dicen sus acusadores, “implica una falta absoluta de respeto por la libertad y la dignidad de las mujeres”. Ahí lo tenemos: según estos defensores de la unidad de los ciudadanos y de la libertad y dignidad de las mujeres, la mayor libertad de la que puede disfrutar la mujer es el aborto.  Y también es el aborto, según estos defensores del bien común, el mayor timbre de dignidad de una mujer.

Ellos han descubierto que el aborto dignifica a la mujer igual que en la feroz revolución industrial, los benéficos empresarios descubrieron que el trabajo dignifica. Por esa razón les cargaron con todo el trabajo que pudieron, porque con él iba aparejada la dignidad: les cargaron de dignidad. Por eso, porque les quema el celo por la dignidad de la mujer, promueven el aborto con todos los medios a su alcance y procuran empujar al aborto a todas las que pueden: ¡es por su dignidad!

Bien, bien, bien, el Consistorio de Hospitalet aprobó una moción en la que se pedía a la diócesis (equivocándose de ventanilla) que adopte medidas ante la reiterada utilización de la parroquia con fines políticos. Y se quejan de que todo se ha quedado en una reprimenda del Arzobispado de Barcelona. Está claro que no entienden muy bien cómo es y cómo funciona la Iglesia: ¡Y quieren mandar también en ella! Parece que sí, que están dispuestos a echarle una mano al Arzobispo (no al arzobispado ni a la diócesis) para evitar que se utilicen las iglesias y sus locales con fines políticos. Han visto claro que no sale nada bueno de mezclar la iglesia con la política y por eso están dispuestos a combatir toda injerencia de la Iglesia en política.

Menos mal, por algún sitio había que empezar: sea por Hospitalet. El Ayuntamiento no consentirá que se haga política en las iglesias. Ya era hora. Sea bien venido este celo tan apostólico de los ediles de Hospitalet. La lástima es que todo quedará ahí, en Hospitalet. Los “otros” curas seguirán haciendo tanta política como les de la gana, pues será siempre la del poder. La lástima es que todo quedará ahí, en Hospitalet, y con la visión miope y sectaria que les caracteriza. Los “otros” curas seguirán haciendo tanta política como les dé la gana: no una vez cada cuatro años, sino un día sí y el otro también siempre que sea, ¡claro está! la política de los partidos en el poder.

Cesáreo Marítimo