En defensa de los feligreses

Es muy posible que la lectura del título sorprenda a muchos lectores pero al finalizar la lectura de este breve artículo se va a comprender bien el mensaje. Este texto va dirigido a mis compañeros sacerdotes que, como muchos en nuestro tiempo, tienen ese justificado celo por las almas y, en consecuencia, por mantener una vida pastoral y litúrgica adecuada. Y en no pocos casos el demonio detiene esa voluntad con argumentos falaces que mezclan algo de verdad con mucho de falsedad. Voy a aterrizar a ejemplos concretos de la vida cotidiana de cualquier sacerdote secular:

“Quiero recordar a los fieles que han de arrodillarse en la consagración pero prefiero no decirlo porque les siente mal”

“Debo aludir en la homilía a que no deben comulgar los que no estén en Gracia de Dios pero omito decirlo para evitar dañar sensibilidades”

“Predicar sobre el pecado, la necesidad de confesar, los novísimos…: se vaciará la Iglesia”

“Puedo ubicar una balaustrada (o sistema similar) que separe presbiterio de galería pero los parroquianos sentirán que los separo”

“Indicar que haya silencio en la Iglesia y que los fieles salgan al atrio a hablar: seguro que los fieles la van a liar”

“Usar de forma habitual el canon romano en la Misa y no la manida plegaria segunda: entonces buscarán otra parroquia para ir a una Misa más corta”

“Evitar que la sacristía se convierta en lugar de encuentro y tertulia con los fieles: dirán que soy un cura poco cercano”

“Vestir siempre de traje talar o clerigman: me verán como de otra época y perderán confianza”

Pues bien: con ya dos décadas de experiencia pastoral puedo afirmar, sin miedo a equivocarme, que el PROBLEMA emergente si tomamos esas actitudes NO vendrá de parte de los laicos sino de los SACERDOTES (sean arciprestes, vicarios, canónicos….u Obispos o monseñores). La mayoría de los laicos aceptarán esas medidas aunque quizás precisen un poco de tiempo, pero finalmente las aceptarán. Pero si cerca de nosotros tenemos, simplemente hablando, a los portavoces de “la voz de su amo” (llamo “amo” a la ideología woke dentro de la Iglesia: modernismo para más señas) serán ellos, los clérigos, los que pondrán los obstáculos, las críticas, los “peros” y las dificultades añadiendo las supuestas respuestas o reacciones de los laicos como si ellos les leyeran sus conciencias. Son los mismos sacerdotes que debaten horas y horas sobre las respuestas que debemos dar a las preguntas que supuestamente nos harán los laicos (y que nunca hacen), los creadores de diálogos estériles y de hipótesis teológicas que viven solo en sus cerebros intelectualizados por la antropología humanista muy ajena a la conciencia mayoritaria de un laicado que, normalmente, solo espera del sacerdote que sea un servidor de la verdad y un amante de la caridad fraterna en el equilibrio ideal que une la doctrina con la liturgia y con la cristiana fraternidad.

Hagan la prueba queridos compañeros sacerdotes: se sorprenderán del resultado.

Padre Ildefonso de Asís
Padre Ildefonso de Asís
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