Hemos incinerado a papá, era su voluntad. Es una frase muy común que escuchamos habitualmente, no obstante, cabe preguntarse si de verdad era la voluntad de papá, o más bien, es la voluntad de los descendientes. Seamos realistas, hoy en día, cuanto antes nos quitemos el cadáver de delante, mejor que mejor. De unos años a esta parte, están ocurriendo dos hechos que en otros tiempos, hubieran sido insólitos, uno es la “incineración del cuerpo” y otro es la desaparición de las Misas Exequiales. Ambas cosas, nos llevan a ver con claridad como la sociedad se va mundanizando y alejando de la tradición y como nos van presentando como “normal”, lo que antes era insólito o de “paganos”.

Nuestro desconocimiento de la religión Católica, el miedo a la muerte y los intereses mercantiles de algunas empresas funerarias, nos llevan a cometer graves errores en lo que son las honras fúnebres para nuestros difuntos.

¿Está mal incinerar a nuestros seres queridos?

Simplemente pensemos un momento en el Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, ¿Lo pusieron en una fogata? Alguno dirá que en aquella época no había incineración, pero eso, es totalmente incierto. En la prehistoria, los paganos, ya realizaban incineraciones, no hay más que remitirse a cualquier enciclopedia para verificarlo, sin embargo, los Cristianos primitivos, ya se oponían tajantemente a esta práctica. Hoy en día, los Católicos, hemos adoptado lo peor de la historia, lo que procede de ritos herejes y lo más cutre de las distintas religiones existentes.

¿Por qué nos sentimos atraídos por costumbres que están tan alejadas de lo que se nos muestra en la Biblia?

Lo primero, nos hemos dejado contagiar por prácticas hinduistas y budistas, lógico y normal, desde el momento en el que en los locales parroquiales se permiten cursos de yoga y taichi, lo demás ya viene por añadidura. Lo segundo, el creciente negocio de las funerarias, tan hábiles ellas en esos momentos tan delicados para endosarnos servicios a su conveniencia. Les interesa que nos cremen, ¿por qué? Muy sencillo, les va en su economía. Es tan simple como decir que facturan por servicio que nos venden y nosotros, como mentecatos, nos dejamos engañar y contratamos el pak de todo incluido. Por si alguno no lo entendió, les resulta rentable incinerar a nuestro difuntos, les reporta beneficios económicos para su empresa. ¡Qué dormidos estamos! Dejamos que los demás jueguen con nosotros a su conveniencia. Estamos hablando del cadáver de un hombre o de una mujer, que significaron algo en nuestra vida, deberíamos meditar sobre esto, tendríamos que pensar detenidamente si nos interesa quemar, carbonizar el cuerpo de una persona a la que quizás, unas horas antes, hemos acariciado su rostro ¡No es posible que estemos tan deshumanizados! Comentando con un amigo este tema, me decía él, muy acertadamente, que en nuestra cultura, se quema lo que odiamos, lo que queremos destruir y es cierto, porque las cosas que nos suponen un hermoso recuerdo, las guardamos con celo en algún lugar especial. Muchas personas que incineran a sus familiares sin ningún tipo de contemplación, no lo permitirían con una mascota. Y es que hoy en día, valoramos más el cadáver de un animal que el de un ser humano.

¿Saben Vds. desde cuando permite la Iglesia la incineración del cuerpo? Como quién dice, fue ayer, ya que nos remontamos simplemente a Pablo VI, es decir, preferimos adaptarnos a las novedades de hace dos días, en vez de fijarnos en la Tradición de la Iglesia. Precisamente, en el funeral de Pablo VI, se rompía el silencio propio de la celebración y se aplaudía y vitoreaba, como si la gente se encontrase ante un starlet. Como les decía hace poco, dinamita colocada estratégicamente dentro de nuestra Iglesia, para cepillársela. El Padre Almorth apuntaba hace poco, la dirección desde la que vienen las balas.

Este domingo escuchaba en una predicación, como el Sacerdote nos animaba a “dejar de lado lo de antes”. A este paso, nos cepillamos hasta la Biblia y el Sagrario.

“La Iglesia no ha ignorado jamás que incluso esa reducción a ceniza resultante de la cremación no prejuzga la reconstitución de los cuerpos resucitados; pero una religión en la cual toda la realidad es signo, no podía desconocer que la cremación de los cadáveres en un anti-signo de la resurrección. No es que la incineración contradiga directamente la idea de la resurrección, pero ciertamente le roba todo el simbolismo de la inhumación” (Iota Unum-Romano Armenio)

Me conmueve hasta el fondo del alma pensar en las Santas mujeres perfumando el Cuerpo de Jesús, amortajándolo y dejándolo en el sepulcro, ¡Imagínense si le hubieran prendido fuego! Repasemos la Sagrada Escritura: “la resurrección del cuerpo”. Es ahí hacia donde debemos dirigir nuestra vista, no se trata de convencer con opiniones personales, no, es el mismo Señor el que nos habla desde los Evangelios y nos invita a seguir su enseñanza con su ejemplo. ¿Por qué sino, el Apóstol amado iba a describir esa escena con tanta precisión, llegando al máximo detalle? Sencillamente para hacernos pensar en como debemos tratar los cuerpos de las personas a las que hemos amado en vida y como debemos respetar las tradiciones.

“Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas, agregándole la mezcla de perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos.”(Juan, 19-40)

Escuchaba hace poco, como una señora decía que ella prefería ser incinerada porque le daba miedo que la metieran en una caja y la dejaran en una sepultura. ¡Por Dios, nos entierran muertos, no vivos! O hemos visto muchas películas o estamos muy flojos espiritualmente. No parece que tengamos claro, que cuando fallecemos, el alma, en ese mismo momento, abandona el cuerpo y se dirige a su juicio particular. Comentaba el Santo Padre en una de sus audiencias, que deberíamos pararnos a pensar en “quién cerrará nuestros ojos”, haciendo alusión al momento de la muerte. Dado que hoy en día es un tema que levanta tanto pavor, es normal que su Santidad lance los mensajes como si fuéramos niños pequeños, pero Vds., vayan más allá, porque están a otro nivel ¿Qué quiso decir exactamente? Simplemente que debemos dejar previsto todo lo que concierne a nuestro cuerpo, porque lo relacionado con el alma, sino lo hemos hecho antes, poca solución tiene después. Si pensamos en ese instante, ¿A Vds. les gustaría que les metieran en un horno crematorio a 900 grados, repito, 900 grados y achicharraran su cuerpo como si fuésemos un faisán a la parrilla? Después de eso, díganme como alguien puede distinguir las cenizas, de la caja o de la ropa. Como una limpieza casera, todo al mismo cesto ¿No merecemos más respeto? Al final del artículo, pueden encontrar un enlace en el que se muestra el proceso de incineración de un cuerpo. Si Vds. van a decantarse por esta opción, lo normal y justo es que se informen y vean exactamente que es lo que pasa cuando se llevan el cuerpo, cierran la puerta y pasadas unas horas, nos devuelven una tarrina. ¿Qué hay ahí dentro exactamente, sigue siendo papá o es un compendio de varias cosas? ¡Centrémonos! “nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo”.

Corpus vestrum templum est Spiritus Sancti, qui in vobis est, quem habetis a Deo”(1 Corintios, 6-19)

Si volvemos a situarnos en la Biblia, imagínense la cara que le hubiera quedado a Nuestro Señor cuando se dirigió a la tumba de Lázaro, si le hubieran quitado una urna con las cenizas, ¿Qué habría pasado? Lázaro llevaba cuatro días en el sepulcro cuando el Señor obró el milagro. Los Evangelios no son un cuento de los Hermanos Grimm, narran fielmente la vida de Jesús.

“Lázaro, ven afuera”

“El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario” (Juan 11,44)

A lo largo de la historia, hemos visto como personas que murieron en olor de Santidad, al exhumar su cadáver, este, ha aparecido totalmente incorrupto, como por ejemplo, Bernardita Soubirous, Don Bosco, San Juan de la Cruz, o en el caso de Margarita María de Alacoque, su cerebro, la incorruptibilidad del cuerpo es una gran milagro, obra de Dios.

Unida a esta práctica totalmente pagana, de incinerar el cuerpo, surge también la idea de la supresión de los Funerales. Pueden Vds. preguntar en sus Parroquias si se siguen celebrando los mismos que hace unos años. Las empresas funerarias se encargan de todo y en una fría sala multiusos en la que se realizan actos de todo tipo, allí, se oficia una Misa, en muchos casos con el permiso de los Obispos, en otros, los Sacerdotes obrando por cuenta y riesgo desobedeciendo las normas…Se presentan las dos casuísticas. No obstante, lo que está claro es que siempre son Misas express, en veinte minutos se finaliza con lo que se considera un mero trámite y como la gente, precisamente lo ve así, como una formalidad, actualmente, la tendencia, es que están dejando de realizarse. En estos momentos, apenas se celebran Funerales, llegará un día, no muy lejano en el que no sabremos ni el significado de los mismos.

“La solicitud por los cadáveres, considerada obligación primaria de la piedad familiar, se remite a las funerarias. Han caído en desuso los ritos con que la Iglesia manifestaba la importancia otorgada al destino eterno, a la inmortalidad y a la resurrección. La familia, celebrada por la nueva teología como la Iglesia doméstica, ya no conoce ningún culto a los muertos” (Iota Unum-Romano Armenio)

Acudía esta semana al entierro del Padre Damián, Sacerdote perteneciente a la orden del Cister. Presenciar como los monjes despiden a un miembro de su comunidad, es una catequesis de cómo debe tratarse el cuerpo de un fallecido, hasta hace unas horas, lugar donde moraba un alma. Expuesto en una caja fúnebre en la Iglesia y con una Misa de Exequias, el Obispo, con Casulla negra, color que simboliza el duelo y no otros colores como exhiben muchos Sacerdotes, que son capaces hasta de salir de blanco en un funeral y cantar la Salve Rociera, como ya se ha visto recientemente. Un circo.

Créanme si les digo que es positivo que dejemos previsto todo esto, porque antes o después llega el día y sino queremos que le prendan fuego a nuestro cuerpo, si deseamos un entierro Cristiano y una Santa Misa en sufragio por nuestra alma, es mejor dejarlo todo planificado, ya que, en ocasiones la familia puede optar por una decisión muy contraria a la que nosotros hubiéramos tomado, acorde a nuestra vida de Católicos. Pensémoslo con calma. No se trata de juzgar ni de condenar, sino de reflexionar.

“Las exequias eran una expresión de piedad y sufragio, y el cadáver era honrado con luces, inciensos, y aspersiones de agua bendita. No pronunciaba el sacerdote ningún elogio del difunto y más bien incluso les estaba prohibido quedarse a escuchar las oraciones fúnebres. La memoria y los sufragios por el difunto eran renovados in die septima e in die trigesima, y se celebraban los aniversarios cantándose también el oficio de los muertos” (Iota Unum-Romano Armenio)

Sonia Vázquez