2º Domingo de Adviento
(Mt 11: 2-10)

El evangelio de hoy está lleno de sorpresas; aunque en realidad todo el evangelio es una sorpresa.

La primera sorpresa la encontramos en la figura de Juan preguntándole a Jesús desde la cárcel si realmente era Él o tenían que esperar a otro. Juan, que había predicado del Mesías, que había visto descender sobre Él al Espíritu Santo, que era el mayor de los nacidos de mujer, ahora está deprimido y dubitativo. Juan había sido encarcelado por denunciar el pecado. Entonces Jesús le responde a Juan: “Decidle a Juan que los ciegos ven, los cojos andan… y a los pobres se les anuncia el evangelio”

Esta es la segunda sorpresa, que los pobres sean evangelizados. No dice que sean redimidos de su situación social, sino que sean evangelizados. Esta es una tarea trascendental. Negar la evangelización es atacar de raíz el corazón del cristianismo; es negar el mandato de Jesús: “Id a todo el mundo y predicar el evangelio….”. En cambio, lo que nunca se debe difundir es el error y el odio; eso sería una burla directa contra las enseñanzas de Jesús.

Y también les dice Jesús: “Y decidle a Juan: Bienaventurado aquél que no se escandalice de mí”. Es natural que a veces estemos entristecidos, desanimados, confusos cuando vemos que el bien es derrotado por el mal, cuando vemos que los fieles son perseguidos precisamente por ser fieles.

La situación en España y en Europa va a un suicidio sin remedio, pues se está haciendo una continua burla de lo sagrado. La conversión de Europa al Islam es cuestión de años. Todo esto acabará suscitando la ira de Dios; Dios está esperando el momento oportuno para actuar. La inmensa mayoría ya ha hecho su opción por la mentira y ha apostatado de su fe.

Otra sorpresa del evangelio es cuando el Señor nos dice que son bienaventurados los pobres. La Iglesia ha subsistido gracias a los pobres. Cristo mismo se hizo pobre por amor. Fue Cristo quien nos dijo que siempre tendríamos a los pobres con nosotros. Esta frase a veces se ha interpretado en el sentido de queja de que siempre habría pobres; pero en realidad esta frase no es de queja sino de esperanza: “a los pobres siempre los tendréis con vosotros”. El padre de la mentira, que lo falsifica todo, ha falsificado también el concepto de pobreza. Hoy día impera en el mundo el odio a la riqueza; pero la riqueza de suyo no es mala, lo que es malo es el mal uso que se pueda hacer de la misma. Hemos de vivir la auténtica pobreza al estilo de San Francisco de Asís. Las riquezas, como cualquier otra criatura de Dios, son buenas, pues fueron creadas por Dios para nuestro bien. Por otro lado no podemos endiosar a las criaturas por sí mismas, ellas reciben su ser y su sentido del Creador. No podemos transformar la ecología en una nueva religión.

Jesucristo trataba igualmente con los pobres y con los ricos. La raíz de los males del mundo no está en las situaciones o en las estructuras sino en el pecado del hombre. El del corazón del hombre de donde procede lo malo y lo bueno. Vayamos pues, a la raíz del mal, que es el pecado, si es que realmente deseamos atajar con el mal…

Padre Alfonso Gálvez
Nació en 1932. Licenciado en Derecho. Se ordenó de sacerdote en Murcia en 1956. Entre otros destinos ha estado en Cuenca (Ecuador), Barquisimeto (Venezuela) y Murcia. Es Fundador de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, aprobada en 1980. Desde 1982 reside en El Pedregal (Mazarrón-Murcia). A lo largo de su vida ha alternado las labores pastorales con un importante trabajo redaccional. Ha publicado Comentarios al Cantar de los Cantares (dos volúmenes), La Fiesta del hombre y la Fiesta de Dios, La oración, El Amigo Inoportuno, Apuntes sobre la espiritualidad de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, Esperando a Don Quijote, Homilías, Siete Cartas a Siete Obispos, El Invierno Eclesial, Los Cantos Perdidos y El Misterio de la Oración. Para información adicional visite su web http://www.alfonsogalvez.com