IV Domingo después de Pentecostés
(Lc 5: 1-11)

En el evangelio de hoy nos encontramos con un conmovedor episodio. Cristo se subió a una barca para poder dirigirse a las muchedumbres. Acabado su discurso le dijo al dueño de la misa, que era Pedro, “rema mar adentro y echa las redes”. Entonces Pedro, con todo respeto le responde: “Maestro, hemos estado pescando toda la noche, pero no hemos conseguido nada, mas porque tú lo dices…”

También puede que nosotros hayamos estado pensando toda la noche y no hayamos conseguido nada. Después de tantas fatigas ¿qué es lo que hemos conseguido? Podríamos desalentarnos al ver el poco fruto obtenido.

No sería malo echar de vez en cuando la vista atrás y comprobáramos si nuestra vida había dado fruto, o por el contrario habíamos desperdiciado nuestros años. Ante ese espectáculo, muchas personas podrían desalentarse.

El hombre fue creado por Dios para amar y sentirse amado. Dotado de un corazón insaciable para el amor: “Nos hiciste Señor para ti…” como decía San Agustín. Sólo nos sentiremos satisfechos si “descansamos” en Él.

¡Cuántas personas viven su vida en una noche que aparentemente parece perpetua y además vacía! Existen muchos hombres que ponen su confianza sólo en las cosas de este mundo: en el poder, en el dinero, en el sexo… Viven con un corazón vacío e inquieto. Con un corazón duro para amar como Cristo nos enseña.

“La noche ya está avanzada y el día ya se acerca”. Vivimos en una Iglesia desolada, desierta y apóstata. Nuestra misma patria está al borde del abismo.

Esta mañana mismo veía un video promocional de la JMJ y no sabía si reírme o llorar. Se supone que es la canción oficial española para “tal evento”. Yo nunca he entendido cómo se sigue haciendo ese tipo de concentraciones al ver el escaso fruto de las mismas. Cualquier empresa revisa los resultados de sus negocios, y si algo no funciona lo cambia; en cambio la Iglesia sigue repitiendo lo mismo…

“No hemos pescado nada, mas porque tú lo dices”. Cuando parece que no hay solución, entonces aparece Cristo. Es verdad que la tiniebla nos envuelve, pero Cristo es la luz…

Sin Cristo no podemos hacer nada. Si al sacerdote le quitamos Cristo, ¿qué puede hacer?

Padre Alfonso Gálvez
Nació en 1932. Licenciado en Derecho. Se ordenó de sacerdote en Murcia en 1956. Entre otros destinos ha estado en Cuenca (Ecuador), Barquisimeto (Venezuela) y Murcia. Es Fundador de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, aprobada en 1980. Desde 1982 reside en El Pedregal (Mazarrón-Murcia). A lo largo de su vida ha alternado las labores pastorales con un importante trabajo redaccional. Ha publicado Comentarios al Cantar de los Cantares (dos volúmenes), La Fiesta del hombre y la Fiesta de Dios, La oración, El Amigo Inoportuno, Apuntes sobre la espiritualidad de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, Esperando a Don Quijote, Homilías, Siete Cartas a Siete Obispos, El Invierno Eclesial, Los Cantos Perdidos y El Misterio de la Oración. Para información adicional visite su web http://www.alfonsogalvez.com