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La educación cristiana de los hijos (II): padres, colegios e Iglesia

Antes de ocuparnos del análisis de todos aquellos elementos que tendremos que tener en cuenta para educar cristianamente a los hijos, es conveniente considerar otros factores no menos importantes, y que sin los cuales, una adecuada educación sería prácticamente imposible: los padres, el colegio y la Iglesia.

(Nota previa: Con el fin de aprovechar lo que se dice en estos artículos, y dado que forman una serie continuada, se aconseja leerlos en orden).

Un primer factor a tener en cuenta: Los padres

Los padres (padre y madre) son los primeros y más importantes educadores de sus hijos. La ayuda que reciban de los abuelos, colegio e incluso de la Iglesia, es subsidiaria y/o complementaria. En ningún momento podrán los padres abandonar, posponer o descuidar  la obligación más importante que tienen sobre sus hijos y de la que tendrán que dar cuentas a Dios.

Para formar hijos cristianos lo primero que hace falta es que los padres también lo sean. Y cuando decimos padres realmente cristianos me refiero a que estén casados sacramentalmente, vivan su fe, practiquen la religión, lleven una seria vida de piedad personal y familiar, se acerquen a los sacramentos, acepten la voluntad de Dios, estén abiertos a una paternidad generosa, se tomen en serio la educación de sus hijos, no tengan miedo a realizar los sacrificios que sean necesarios para que estos se puedan educar adecuadamente, dediquen el tiempo suficiente a ellos, sean capaces de renunciar, total o parcialmente al menos uno de ellos al trabajo, si fuera necesario por bien de los chicos, etc… Si aquellos que han de ser modelos para sus hijos ya tienen defectos graves, lo más seguro es que esos mismo defectos, pero todavía más acusados, se presenten también en los hijos.

De principio decimos que la situación ideal para formar a los hijos es la que hemos hecho referencia anteriormente. Desgraciadamente conocemos que esa situación ideal no es la real en muchos casos.

Todavía hay situaciones donde, aunque la educación es más difícil, no es del todo imposible ni mucho menos. Me refiero al caso de un padre o una madre que son viudos y al caso de una madre divorciada o soltera (normalmente suele ser la madre la que se queda con los chicos) que tiene que cuidar ella sola de los chicos, pues el padre se marchó y no quiere saber nada de ellos. Dentro de este último grupo podríamos añadir el caso de los chicos que han de criarse con los abuelos u otros parientes, pues los padres, por motivos laborales, nunca están en casa. En este último caso, la educación se hace mucho más difícil, pues los abuelos no pueden sustituir a los padres; aunque la educación no sería imposible si los abuelos se tomaran realmente en serio la educación de los chicos, y los padres no interfirieran negativamente cuando ellos los tienen en casa (normalmente por la noche y los fines de semana).

Pero hay casos más graves en los que una educación cristiana de los chicos es casi imposible, pues ya se parte de un error muy grave de base. Me refiero a las siguientes situaciones:

  • Hay padres, que aunque casados sacramentalmente viven en realidad un “divorcio práctico”, pues cada uno vive su vida y tiene un modo diferente de educar a los hijos.
  • Existen padres que aunque casados sacramentalmente no practican su religión.
  • Hay muchas madres divorciadas que tienen que cuidar solas de sus hijos y que el fin de semana han de pasar los chicos al marido para que en la mayoría de los casos les hable mal de la madre y los malcríe. La situación opuesta también ocurre hoy día.
  • Hay padres unidos civilmente que no pueden volver a casarse por la Iglesia debido a un anterior matrimonio eclesiástico. Estos padres parten ya de un problema muy grave de fondo: han preferido vivir unidos sin la bendición de Dios, y como consecuencia no se pueden acercar a los sacramentos. Esta situación irregular suele durar muchos años, durante los cuales los padres carecen de la gracia santificante y al mismo tiempo viven en una situación de pecado grave, que ellos mismos quieren justificar ante sus hijos, lo que les transforma en modelos muy defectuosos, pues los hijos “entenderán” que no es tan malo vivir juntos si se aman, aunque no tengan la bendición de Dios y estén viviendo en pecado grave.
  • Hay casos de padres que sencillamente viven juntos sin mediar incluso ni un matrimonio civil.
  • Todos estos casos, y muchos otros similares e incluso más graves  ya son de suyo un grave hándicap para la buena educación de los hijos.

La educación cristiana de los chicos es imposible cuando los “padres” son homosexuales o lesbianas. La deformidad de la que se parte, aparte de ser un pecado muy grave, es contra natura, por lo que de ningún modo estos padres podrán realizar la función que Dios espera de ellos. Estos padres siempre intentarán justificar antes sus hijos como normal algo que de suyo, no es sólo pecado gravísimo, sino que además les incapacita humana y cristianamente para ser modelos para sus hijos.

Si educar a los hijos hoy día ya es tremendamente difícil, incluso partiendo de condiciones ideales, si además, el primer eslabón de la formación de los hijos no cumple con las condiciones ideales, el resultado final ya está más que comprometido.

La función subsidiaria de los colegios

Los colegios, y en general cualquier centro de enseñanza, están para ayudar a los padres en la educación humana y cristiana de sus hijos. En ningún momento los colegios pueden reemplazar a los padres; ni los padres pueden evadir su principal responsabilidad que tienen ante sus hijos confiando ese trabajo exclusivamente en manos de terceros.

Hasta hace cincuenta años era relativamente fácil encontrar buenos colegios religiosos que tenían incluso internado en algunos casos, que realizaban una encomiable labor de formación. Pero en los últimos cincuenta años, como consecuencia de la gravísima crisis que está sufriendo la Iglesia y todas las instituciones que dependen de ella, encontrar un “colegio católico” que haga honor a su nombre es realmente difícil.

En estos días pasados he recibido correos de padres pidiendo que les orientara sobre colegios católicos de confianza en España. Tristemente tengo que decir que, aunque pudiera haber alguno aislado, yo no conozco ninguno que pueda aconsejar. Antiguamente mandar a los hijos a un colegio de jesuitas, escolapios, salesianos… era garantía de buena formación. Hoy día (salvo caso de alguna excepción aislada que pudiera existir y que yo desconozco), mandar a sus hijos a colegios “religiosos” es igual e incluso a veces peor, que mandarlos a un colegio público.

Por el hecho de mandar a sus hijos a un colegio religioso, los padres inocentemente esperan que la formación sea realmente buena tanto a nivel humano como cristiano; pero hoy día, quizá las mayores “locuras” que he escuchado han venido de parte de colegios religiosos.

Con el fin de atraer a los padres, intentan guardar ciertas formas “católicas” pero cuando escarbas un poco y buceas en el contenido de las enseñanzas…, ves que prácticamente no hay diferencia alguna con los colegios civiles. Con el agravante de que, creyendo los padres que el colegio era “bueno” bajan la guardia en la formación de sus hijos y cuando quieren darse cuenta, ya los han deformado humana y cristianamente.

Ya les digo que pudiera existir algún colegio religioso aislado que todavía impartiera una buena enseñanza humana y cristiana, pero yo no me atrevo a aconsejar ninguno. Hasta hace pocos años los colegios vinculados de un modo u otro con el Opus Dei tenían fama de dar buena enseñanza académica y guardar altos valores morales cristianos. En la actualidad no tengo información detallada de los mismos.

Hablando en términos generales, habría que analizar cada uno de los casos particulares; y ello, no está a mi alcance. Es labor de ustedes examinar el programa de cada colegio, profesores, libros que se usan para impartir las clases…, antes de mandar allí a sus hijos.

“Homeschooling” o Escolarizar en casa

Algunos de ustedes han apuntado en sus comentarios del artículo de partida de esta serie dedicada a la educación de los hijos, la posibilidad de enseñar a sus propios hijos en casa. Respecto a este modo de enseñanza les digo lo siguiente:

madre-nina-casaHe vivido nueve años en Estados Unidos y conozco bien este sistema de enseñanza, pues allí es bastante común. Hay muchos padres católicos que dándose cuenta de que la problemática de los colegios públicos y privados (religiosos…) es tan grave, han optado por formar a sus hijos en sus propios hogares. Aunque en un principio puede ser una buena idea, los resultados finales son tremendamente variados pues intervienen muchos factores que pueden hacer que el “experimento” sea un éxito o un fracaso.

1.- Hace falta que el gobierno de cada país tenga los medios para valorar este tipo de educación. Podría ocurrir que acabada la enseñanza en casa, cuando tuvieran que ir a la enseñanza superior o a la universidad, no fueran reconocidos los estudios que habían realizado con ustedes. Podría ocurrir incluso que el gobierno les quitara los hijos al considerar que no los estaban educando de modo adecuado. He conocido algunos casos de estos en Estados Unidos.

2.- Hace falta que los padres estén debidamente formados a nivel académico (formación cristiana ya se les supone, pues si no, no se embarcarían en este sistema educativo). Lo que hace que en la gran mayoría de los casos sólo puedan dar clases hasta que los niños tienen diez o doce años. A partir de los trece años (que es cuando comienza la edad difícil), si se los quedan en casa, puede que tengan algo más de éxito en la formación cristiana; pero en cambio la formación académica será ya bastante deficiente, pues los padres no estarán preparados (hablo a nivel general) para explicar álgebra, biología, química, latín, idiomas y muchas otras asignaturas. Así pues, llegados a los doce o trece años tendrán que aceptar que sus hijos no tengan una formación académica adecuada o tendrán que mandarlos a colegios públicos o privados; y será entonces cuando vendrán los graves problemas que durante bastantes años habían intentado evitar.

3.- Independientemente de esto, el homeschooling tiene además el hándicap de que sus hijos no se relacionan con otros chicos, pasan la mayoría del día en la casa y al final empiezan a ser poco sociables. Respecto a este punto concreto he conocido, desde chicos totalmente normales, a chicos que son incapaces de hacer amigos y han acabado siendo “bichos raros”.

4.- Por otro lado, intentando los padres proteger a sus hijos de cualquier influencia exterior mala, crean a su alrededor un entorno “aséptico”, es decir “sin gérmenes”(no TV, no internet, no videojuegos, no…, sólo películas de santos y similares), lo cual hace que no tengan las defensas preparadas para cuando, acabado los estudios en sus casas tengan que salir fuera. En ese momento, el mundo los despierta bruscamente. Ven por primera vez el mundo por ellos mismos. Conocen otras cosas buenas, pero también muchas malas. Descubren un mundo que para ellos era totalmente desconocido y empiezan a hallar que existen los amigos, que hay profesores que enseñan mejor que sus padres, que el mundo no son las cuatro paredes de su casa… Poco a poco se van sumergiendo en este nuevo mundo, hasta que empiezan a descubrir cosas que les atraen, pero que sus padres siempre les dijeron que eran pecaminosas. En ese momento es cuando empieza una lucha, y en la mayoría de los casos, al no tener defensas suficientes, caen en malos hábitos y fracasan como hombres y como cristianos. Sería algo así como un niño que ha crecido siempre dentro de un fanal y nunca ha recibido “contaminación” del exterior. Cuando ese niño entre en contacto con los “gérmenes de este mundo” no tendrá las defensas preparadas y su vida correrá peligro.

Así pues, aunque de principio el homeschooling puede ser bueno, no es una panacea ya que tiene muchas limitaciones que también hay que tener en cuenta.

El papel de la Iglesia en la educación de los hijos

Del mismo modo que decíamos que los colegios vienen a ayudar a los padres en la educación de los hijos, la Iglesia ha de realizar – a su nivel- una función similar. La principal función de la Iglesia (independientemente de los colegios católicos) será  ayudar a los padres para que los hijos se formen debidamente en las áreas moral, catequética, litúrgica y sacramental.

La educación “religiosa” de los niños en la Iglesia debería comenzar desde la más tierna infancia. Son los padres los responsables ante Dios de llevar a sus hijos a la Misa desde que empiezan a darse cuenta de las cosas. Es más, a mí personalmente me encanta ver a los padres venir a la Iglesia con sus bebés de pocos meses. La Iglesia es un organismo vivo; Cristo es el Buen Pastor, y en su redil hay corderitos pequeños que saltan inquietos y balan, pero que hacen la alegría de toda la congregación. Cuando esos niños tienen poco menos de un año, me causa gran deleite ver a los padres que llevan a sus hijos a una imagen de la Virgen y le dicen: “mándale un beso a la Mamita del cielo”. La fe la recibieron en el bautismo; ahora toca a los padres ayudar a Dios para que esa fe se vaya formando; al principio mandándole besos a la Virgen, luego enseñándoles el “Ángel de mi guarda”, el Ave María y el resto de la oraciones. De tal modo que cuando lleguen a la catequesis de Primera Comunión a los seis o siete años ya sepan las oraciones más elementales, estén acostumbrados a rezar, sepan quién es Dios, cómo murió Jesús, qué es la Eucaristía, hayan aprendido a comportarse en la Iglesia, y muchas otras enseñanzas sencillas pero tremendamente necesarias, y que son el inicio de la “piedad cristiana” de esos niños.

Desgraciadamente la realidad está muy lejos de estos “sueños”. La gran mayoría de los chicos que vienen a la catequesis de Primera Comunión no saben quién es Jesús, para qué hay que arrodillarse o porqué hay que estar callados en el templo; en una palabra no tienen ni el más mínimo signo de piedad pues nunca lo han aprendido de sus padres (y a veces tampoco de los sacerdotes).

Si a esto le unimos, que la función tan importante que debería realizar la Iglesia a esa edad, ha quedado casi reducida a enseñar a los niños a colorear dibujos y a aprender un par de oraciones nada más, este tiempo maravilloso y único se habrá perdido.

Por otro lado, si los padres no se preocupan de llevar a los niños a la Iglesia semanalmente mientras que están bajo su tutela, probablemente ésta será la última vez que veamos a esos niños en muchos años, por lo que la función que debería realizar la Iglesia quedará totalmente truncada. Y esto se lo digo por experiencia propia después de más de treinta años de sacerdocio.

Es un hecho real que:

  • Acabada la catequesis de Primera Comunión, menos del 20 % de esos niños accede a la catequesis de Confirmación.
  • Que de todos los bautizados menos del 15 % se casan actualmente por la Iglesia.
  • Que la asistencia semanal a la Santa Misa no llega en la mayoría de las parroquias al 10%.
  • Que el número de confesiones de las personas bautizadas con el fin de cumplir con el precepto de la Iglesia de confesar al menos una vez al año es inferior al 5 %.

Si a todo esto le unimos el hecho de que en muchas parroquias la enseñanza que se da está bastante lejos de ser el Magisterio de la Iglesia, el panorama que se divisa frente a nosotros es bastante negro.

Brevemente les doy un botón de muestra, aunque realmente no hace falta pues ustedes tendrán muchos otros ejemplos parecidos e incluso más graves.

Hace tan solo unos días una madre de familia (que no pertenece a ninguna de mis parroquias) me contaba que había pillado a su hijo de 15 años viendo pornografía en su habitación y cometiendo un acto impuro. Cuando la madre lo vio se hizo la despistada, pero horas más tarde se acercó con gran cariño a su hijo y le hizo ver que lo que había hecho no estaba bien. Le aconsejó que se acercara cuanto antes a confesarse para que Dios le perdonara. El domingo siguiente, el joven, más por obediencia que por amor a Dios, se confesó. Le contó al sacerdote lo que había hecho y la respuesta del sacerdote fue, según me contó la madre, la siguiente: Intenta no hacerlo más; pero de todos modos no te preocupes mucho pues a tu edad es algo habitual. De algún modo hay que liberarse de esa tensión.

Ustedes me dirán ahora, qué enseñanza sacó ese joven. Por otro lado esto me hace pensar, y no soy mal pensado, qué tipo de castidad llevará ese sacerdote cuando da esos consejos; qué es lo que él personalmente hará cuando tenga personalmente esa “tensión”.

Como pueden ver, educar a los hijos es algo tremendamente difícil. Hay enemigos por todas partes. Es por ello que todos: padres, colegios, sacerdotes…, tenemos que rezar mucho, tomarnos nuestra vocación más seriamente y darnos cuenta de que lo que está en juego es la felicidad de muchas personas, y lo que es más importante, su salvación y también la nuestra.

En el próximo artículo comenzaremos a tratar ya temas más particulares y a dar consejos prácticos que puedan ayudar a los padres en esta difícil misión. Que Dios les bendiga.

Padre Lucas Prados




Padre Lucas Prados
Padre Lucas Prados
Nacido en 1956. Ordenado sacerdote en 1984. Misionero durante bastantes años en las américas. Y ahora de vuelta en mi madre patria donde resido hasta que Dios y mi obispo quieran. Pueden escribirme a [email protected]

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