ADELANTE LA FE

La “intercomunión” con los luteranos. Reflexiones de Mons. Gherardini

 

En los últimos artículos, hemos intentado advertir sobre la gravedad de las teorías que preconizan un acceso, sin distinción, a la Eucaristía; teorías que, a menudo, sobreentienden una noción de la Iglesia católica- y también de la Eucaristía-  que, a decir verdad, deja de ser católica.

La conexión íntima entre los dos dogmas hace que tales ataques comprometan, inevitablemente,  la verdad de una y de otra. En este mismo terreno doctrinal nace la posibilidad de admitir la llamada “intercomunión” con los luteranos. Sobre este tema, publicamos las respuestas de Mons. Brunero Gherardini quién, durante años, ha ocupado la cátedra de Eclesiología y Ecumenismo en la Universidad Pontificia Lateranense; ha escrito numerosos ensayos sobre esta materia y ha respondido a numerosas consultas sobre este tema a Dicasterios romanos. Las frases concisas y competentes del teólogo, nos resaltan cuán preocupante es la difusión de ciertas tesis y la praxis del “hecho consumado”, sobretodo, en el plano eclesiológico.

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¿Qué se entiende por “intercomunión”?

“Para responder de manera adecuada, analizando también los documentos más recientes, no sería suficiente con uno o varios artículos, sino una monografía entera. Nótese, primeramente, que lo impropio del término, no es solamente por la idea de intercomunión -que ya contiene en sí misma una referencia clara de participación, por lo que no debería necesitar el prefijo “inter”-, sino también porque su dominio semántico se extiende, según la tradición cristiana más antigua, desde el sacramento eucarístico a las iglesias singulares que se colorean de una fuerte tonalidad eclesiológica. En conclusión, el término indica, no sólo la consumación de las ofrendas sacramentales, sino también una relación entre Iglesia e Iglesia o entre confesión y confesión”.

¿Qué comporta tal teoría y qué quiere significar?

“A bote pronto, diría que, por intercomunión, se debe entender la traducción sintética, aunque no la omnicomprensiva, de la expresión clásica communicatio in sacris. Aquellos que están separados de la unidad visible de la Iglesia, sea por cisma o por herejía se les impide, esto es, son separados de la comunión eclesial y, consecuentemente,  también de la comunión eucarística; como tales, no pueden participar de la liturgia de los católicos, ni comulgar en el banquete eucarístico de estos últimos; de la misma manera, los católicos se les impide participar en el culto de los cismáticos y de los herejes. Esta doctrina, y la praxis que deriva de ella, se encuentra frente de la situación de hoy día, floreciente en los medios ecuménicos, y que tiende a oponerse a los límites de la communicatio in sacris. Esta tendencia deja libre curso a una scapigliatura ecuménica (ecumenismo bohemio [N. de la R.]) y la intercomunión, escándalo para los unos y entusiasmo para los otros, pasa a ser cosa hecha: casi el símbolo de la deseada unidad que, de tal suerte, tendrá su comienzo”.

¿Es posible la intercomunión con los luteranos?

“Respecto a la comunión entre católicos y hermanos separados, sean herederos de la Reforma o de las Iglesias inspiradas por ésta, es su rechazo a los sacramentos y a la teología de la transubstanciación y así, por consiguiente, de la presencia sustancial, lo que vuelve ilícito e insensato toda comnunicatio in sacris con los Católicos”.

¿El sentimiento toma el lugar de la doctrina?

“En una materia así de delicada, la tensión emocional no es buena consejera. Aprecio a Von Allmen cuando,  sustrayéndose a la emoción, quiere tratar este asunto ‘de una buena vez y por todas, sin evasivas, ni medias palabras’. Y esto, incluso, al precio de una claridad brutal. Ecuménicamente hablando, es justamente esto lo que parece faltarles a los protagonistas del diálogo interconfesional. También sé muy bien que, el testimonio de los cristianos -divididos sobre el fundamento de su propia fe-, es menos creíble y, además, menos eficaz. No obstante, una intercomunión ‘a toda costa’ tampoco será motivo de una mayor credibilidad y eficacia de su parte”.

Redacción de Disputationes Theologicae

[Traducción: Alejandra Olmes. Artículo original]
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